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Oct
31

LOU REED & METALLICA/ “Lulu” (Warner Bros.)

luluDesde su gestación misma, este insólito proyecto conjunto entre dos entidades musicales que no tenían supuestamente nada en común despertó el escepticismo de los fanáticos de ambos bandos, así como un negativismo temprano que se acentuó tras el lanzamiento del primer ‘sencillo”, “The View”, que fue muy incomprendido.

Tras escuchar el álbum completo, que sale mañana en los Estados Unidos y está disponible desde hoy en el resto del mundo, es razonable esperar que estos mismos detractores saquen todavía más la garra, porque “Lulu” no es una obra fácil de digerir. Pero no cabe duda de que sus creadores están ya acostumbrados a las críticas destructivas; los integrantes de Metallica se han pasado la mayor parte de los últimos años defendiéndose de quienes los acusan de haber traicionado sus raíces en el ‘thrash metal’ para entregarse de lleno a la música comercial, algo que tiene un claro sustento, pero que resulta también un ataque arbitrario y casi infantil cuando se toma en cuenta que se trata de una banda con una carrera ininterrumpida de tres décadas (y que, se diga lo que se diga, ha hecho más por la difusión del metal que muchas de las agrupaciones que se vanaglorian de mantenerse en los cauces de la vieja escuela).

Por su parte, el veterano Lou Reed -empezó a tocar profesionalmente en 1964 y tiene ahora 69 años- sabe bien lo que es el rechazo. Aunque su viejo grupo Velvet Underground es considerado desde hace buen tiempo como uno de los proyectos rockeros más influyentes en la historia del rock, fue un fracaso comercial durante su existencia, a mediados de los 60 y principios de los 70, y en general, el cantante y guitarrista ha manifestado un interés por hacer las cosas a su manera que se ha traducido también en la elaboración de unas letras profundamente oscuras, que lidian con diversos aspectos de la sexualidad humana y con el consumo apasionado de las drogas.

En ese sentido, se puede decir que “Lulu” es una obra conceptual de carácter vanguardista, lo que espantará sin duda a quienes prefieren la simpleza en su dieta cotidiana de rock’n’roll. Se basa en dos montajes teatrales del escritor expresionista alemán Frank Wedekind, en los que se contaba la historia de una bailarina sometida a abusos de todo tipo.

Metallica_Reed

Sin embargo, musicalmente, “Lulu” no es un trabajo indescifrable; a fin de cuentas, lo que se escucha se mantiene casi siempre en los lineamientos del rock duro, con una propensión hacia los tiempos lentos y densos que remite a la práctica del “stoner rock”, a pesar de que hay también muchas incursiones orquestales. Aunque se presenta uno que otro corte rápido (como “Mistress Dread” -que es bastante ‘thrash’- y la parte media de “The View”), lo que se incluye aquí tiene por lo general muy pocas revoluciones, así como un aire repetitivo que para algunos resultará hipnótico e inspirado… y para otros simplemente aburrido.

Y aunque escuchar a Reed repetir una y otra vez la frase “pathetic little dog” en un inmutable tema de 8 minutos que se llama “Little Dog” -y que se encuentra lleno de ruidos raros-  no es necesariamente nuestra mejor idea de entretenimiento, no podemos dejar de sentir admiración por un trabajo tan desafiante como éste y, además, tan saludablemente siniestro, sobre todo cuando su lanzamiento se produce en un momento en el que la industria del pop se empeña más que nunca en ofrecernos música tan ‘segura’ como insípida y plástica.

“Lulu” se divide en dos CDs, y la verdad es que uno sólo hubiera resultado quizás suficiente; pero la combinación con Metallica, que para algunos resulta al parecer intolerable, nos parece a nosotros de lo más interesante, ya que si bien se le quita completamente a Kirk Hammett la posibilidad de lucimiento personal (no hay ningún solo propiamente dicho en todo el disco), los Metallica lanzan por aquí y por allá unos poderosos redobles de tambores y, sobre todo, unos portentosos riffs de guitarra (como los de “The View”, “Pumping Blood” y “Frustration”) que aumentan efectivamente el dramatismo presente en las atormentadas letras de su mentor circunstancial, cuya voz se escucha a veces quebrada y frágil, pero que nunca pierde sentido expresivo. Finalmente, un artista que no arriesga ni experimenta no puede ser definido como tal, digan lo que digan los críticos espantados que nunca han escrito ni una nota de música. (Sergio Burstein)