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Dic
29

BUNBURY/ “Licenciado Cantinas” (OCES)

Escrito por Sergio Burstein

licencEl nuevo disco de Enrique Bunbury, que es probablemente el músico cercano al rock más internacional que ha tenido España, suscitó cierta polémica entre sus seguidores incluso antes de su lanzamiento, debido justamente a esa ambigüedad que hemos empleado para definir el estilo que su creador practica.

No es un secreto para nadie que Bunbury era mucho más rockero durante sus años con Los Héroes del Silencio, y que su carrera solista lo tuvo brevemente en una etapa ‘electro’ que pasó de inmediato a una suerte de fusión en la que se incluyen hasta ahora aires cabareteros, elementos de distintos folklores regionales y guitarras eléctricas. Pero, por una razón u otra, hay muchos que anhelan todavía ver al zaragozano en su faceta musical más aguerrida, como lo prueba el éxito que tuvo su penúltimo álbum, “Hellville de Luxe”, considerado como uno de los más duros de su cosecha personal.

Pero está claro que Bunbury no intenta hacer lo que más le conviene en términos comerciales, sino lo que dicta su corazón, y eso queda plenamente demostrado en “Licenciado Cantinas”, un álbum que, además de estar completamente compuesto por ‘covers’ no necesariamente reconocibles del folklore latinoamericano (extraídos de géneros tan diversos como la cumbia, el tango, el son cubano, el corrido mexicano y el vals peruano), se orienta hacia una escuela particularmente plácida, de tendencias acústicas y poca adrenalina rocanrolera, aunque no falten por aquí y por allá las guitarras enchufadas.

Lo que sí se mantiene desde el inicio mismo de la placa es esa vocación vaquera que tanto le gusta, y que manifiesta no sólo en sus atuendos, sino también en su impronta musical; para probarlo, abre fuegos con “El mar, el cielo y tú”, un breve instrumental zurcado por un sonido de viento y una guitarra lánguida que remite de inmediato al ‘spaghetti western’, aunque provenga de una composición de Agustín Lara. La sofisticación crece con “Llévame”, original de los Texas Tornados, donde el jazz le da paso a un relajado solo de acordeón del legendario “Flaco” Jiménez y una estructura que puede lucir para algunos cansada debido a su falta de ímpetu, pero que resulta en realidad bastante inspirada.

Bunbury-Flaco-Jimenez-30-06-11

Este aspecto lento y hasta hipnótico de la obra se prolonga a varios cortes, incluyendo a “Pa’ llegar a tu lado”, que se abre sólo con su voz y una guitarra y se redondea con unos coros alucinados; pero, poco después, el europeo introduce un poderoso arranque ‘electro’ en medio de su cadenciosa rendición de “Chararera de un triste”, sin que ello lo desvíe del ritmo tradicional ni le quite presencia al vibrante juego de percusiones que recorre generosamente el trabajo, y que es en sí mismo todo un homenaje a los ritmos panamericanos.

“Odiame”, el primer sencillo, no es necesariamente lo mejor del disco, pero sí una grato recordatorio de que el poco difundido folklore peruano también tiene lo suyo, y de que puede sumar sin problemas un sonido de Hammond que no le pertenece por esencia. En “Licenciado (el mulato)”, una impetuosa y vívida ‘steel guitar’ nos deja completamente en claro que el sonido de la producción es sencillamente estupendo, antes de arremeter con un  delicioso ‘jamming’ psicodélico que dice mucho sobre las virtudes de Los Santos Inocentes, la actual banda del patrón; en “Animas que no amanezca”, la composición norteña asume tonos de tex-mex, pero le da también espacio a un piano de lo más jazzero; y en “El día de mi suerte”, el pito de un tren es el preludio de una potente (esta vez sí) rendición de “El día de mi suerte”, que fuera inmortalizada ya por el gran Héctor Lavoe.

“Licenciado Cantinas” no es un álbum que busque impresionar la primera vez que se lo escucha, lo que va perfectamente de la mano con las decisiones artísticas que suele tomar Bunbury, un tipo que, para ser francos, hace siempre lo que le da gana. Y eso no es algo necesariamente negativo cuando se tiene su talento, aunque su voz asuma a veces unas tonalidades que pueden resultar exageradas para quienes no sean ya devotos de sus fraseos. (SERGIO BURSTEIN)