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Mar
30

THE MARS VOLTA/“Tourniquet” (Warner Bros.)

Escrito por Sergio Burstein

337429_10150527321247560_8755222559_8747544_512674103_oThe Mars Volta es uno de esos grupos conocidos por dividir tajantemente las opiniones: apasionan de inmediato o resultan simplemente insoportables. Nosotros somos unas personas más medidas -al menos en ese sentido-, por lo que siempre le hemos tenido aprecio, pero también la impresión de que escuchar un disco completo de su música puede ser un trámite demasiado complicado para muchos oyentes.

Y es que el grupo encabezado por el guitarrista Omar Rodríguez-López y el cantante Cedric Bixler-Zavala es uno de los proyectos experimentales de mayor envergadura en las líneas del rock de difusión más o menos masiva (a fin de cuentas, han lanzado su nuevo trabajo con Warner), lo que hace, entre otras cosas, que presente temas de larguísima extensión y que no posea realmente estrofas que puedan ser cantadas o recordadas por los que escuchan la radio.

Por lo tanto, la aceptación de su propuesta depende mucho de la tolerancia que se le tenga a estas tendencias, las mismas que se mantienen casi intactas en “Noctourniquet”, su sexto álbum en estudio, que no le traerá probablemente nuevos seguidores ni espantará a los anteriores. Sin embargo, sentimos que éste es bastante más accesible, sin que ello lo lleve a incursionar en sonidos amables ni en coqueteos con el pop (nada más lejos de eso), pero sí en la presentación de canciones más cortas y más directas.

Esto se hace evidente desde el corte de apertura, “The Whip Hand”, que no complica demasiado las cosas y que se adhiere de algún modo al “típico sonido TMV” -si es que se puede hablar de algo así-, como lo hace también “Molochwaker”, que viene mucho después. En medio de todo, claro, Rodríguez-López (que sigue siendo el amo y señor de la composición instrumental, aunque una entrevista reciente que se le hizo parece indicar que está dispuesto a romper dicha “dictadura” en el futuro inmediato) se las arregla para retorcer las estructuras y las convenciones, con un entusiasmo que para algunos resultará sencillamente agotador, pero que a nosotros nos sigue pareciendo fresco y excitante, sobre todo porque logra traducir en el estudio el implacable nivel atlético que muestra la banda en sus vibrantes conciertos.

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Como suele suceder, TMV le baja a veces la intensidad al asunto con unas composiciones que podrían ser llamadas baladas si no resultaran tan bizarras; en este caso, el rubro incluye a “Empty Vessels Make The Loudest Sound”, donde la voz apacible de Bixler-Zavala es interrumpida por una serie de ruidos raros, y a “Imago”, que asume la misma ruta pero con resultados distintos.

Hay también desvaríos ampliamente ‘progres’ que nos atraen a veces (como en el caso de “Lapochka”, marcada por unos inquietos teclados) y que en otras ocasiones nos dejan indiferentes (como ocurre en “In Absentia”, que termina pareciéndose a lo que hace Dream Theatre); pero, por lo general, la placa resulta llevadera y entretenida, y viene coronada con un soberbio tema, “Noctourniquet”, que podría ser colocado fácilmente entre las filas del mejor  Zeppelin, debido sobre todo al poderoso y estridente fraseo de Bixler-Zavala.

Nuestro reclamo mayor se encuentra en la falta total de esas piezas en español y de esos sonidos latinos (frecuentemente soneros) que distinguían a los primeros discos; por ese lado, la única novedad realmente discernible se encuentra en las interesantes referencias al reggae -que se transforman después en rock clásico- de “The Malkin Jewel”, que es justamente el primer sencillo.

Para terminar, aunque hemos leído que se trata de una obra conceptual basada en un serie de poemas infantiles y en la mitología griega (¡!), dejamos de preocuparnos hace tiempo por las letras, cuando percibimos que no las entendíamos ni cuando estaban en nuestro idioma. (SERGIO BURSTEIN)

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