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Sep
26

Reseña del concierto de CHEAP TRICK en el Greek Theater de Los Angeles

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Con sus instalaciones acogedoras y funcionales, el Greek Theater es aparentemente un buen escenario para intentar experimentos acústicos y orquestales. Eso es al menos lo que parece demostrar la reciente decisión de dos viejas bandas de rock (es decir, de las clásicas) para presentar allí sus espectáculos más nuevos, en los que recrean los éxitos más grandes de su repertorio con la colaboración de una sinfónica.

El primer lugar fue para Deep Purple, la célebre banda británica de rock duro, cuya impecable presentación de junio en este mismo recinto fue debidamente reseñada en estas páginas. Y el viernes pasado le tocó el turno a Cheap Trick, una banda menos legendaria, menos antigua, menos rockera y, definitivamente, menos inglesa (es originaria de Rockford, Illinois), pero que tiene también ganado un merecido lugar en los anales de la música contemporánea.

Cheap_Trick_5No cualquiera puede darse el lujo de mantenerse activo con la misma banda por cerca de cuatro décadas. Pero eso es justamente lo que ha hecho tres de los cuatro músicos que se subieron a la tarima de este teatro y que, de una forma u otra, se han mantenido en el grupo de manera inmutable desde su origen mismo, con la excepción del bajista Tom Petersson, quien se tomó un descanso de siete años durante los 80 (por su parte, el baterista Bun E. Carlos sigue siendo miembro activo, pero no participa en las giras).

En ese sentido, Cheap Trick ofreció una presentación en la que contó casi con su alineación completa (más un baterista y un guitarrista invitados), y que se vio sumada no sólo con la presencia de una agrupación de cuerdas -que fue descrita como The Bombastic Symphonic Philharmonic-, sino también con cuatro refuerzos vocales, impecablemente vestidos -a los que se presentó como el Rhythmic Noise Mind Choir-.

Más allá de los nombres estrambóticos y de los detalles llamativos, lo cierto es que Cheap Trick es un grupo completamente capaz de brindar un espectáculo vibrante y entretenido, sin necesidad de añadidos de ningún tipo. La primera parte del concierto, que le sirvió a la banda para desgranar sus temas más rockeros, no tenía una gran necesidad de arreglos sinfónicos, y eso es algo que parecía entender bien la banda, porque el bajo volumen que recibieron los músicos secundarios no permitió realmente que se les escuchara.

Pensamos en esos momentos que se trataba de un error de los encargados de sonido (un error que, curiosamente, agradecíamos, porque nos permitía escuchar al conjunto en su faceta más cruda y, sin duda, más acertada), pero lo cierto es que, con el paso de las canciones, la presencia de los violines y de sus acompañantes instrumentales empezó a hacerse mucho más evidente, sin llegar a quitarle nunca el protagonismo a los músicos que se encontraban al frente.

Para nosotros, estos primeros momentos fueron los más logrados, porque le dieron al combo la oportunidad de probar que sigue manteniendo casi intacta esa curiosa impronta adolescente que tienen sus primeras composiciones, debido no sólo al agudo estilo vocal del cantante Robin Zander y a sus divertidas letras, sino también al ímpetu de una instrumentación que influenciaría sin duda a exponentes futuros del punk rock, aunque fuera en sus vertientes menos agresivas.Cheap_Trick_2

Lo curioso es que las nueve primeras canciones del show fueron las que componen la totalidad de “Dream Police”, un álbum de 1979 en el que Cheap Trick le dejó justamente espacio a la intervención de una orquesta, y que se convirtió en su trabajo de estudio más exitoso a nivel comercial, a pesar de no contener realmente los hits más grandes del grupo (hasta donde sabemos, sus cortes más se escuchados son el que le da su título a la placa, que es bastante enérgico, y “Voices”, una balada romántica en la que probaron su conocida devoción por los Beatles). Pero, fuera de su nivel de difusión, el mismo disco tenía algunos de los cortes más poderosos en la carrera de la banda, como lo probó la interpretación de “The House Is Rockin’ ”, que le dio al guitarrista Rick Nielsen la oportunidad de enfrascarse en algunos de sus solos más contundentes.

Claro que la conclusión del repertorio perteneciente a ese disco no fue la del concierto (que duró casi dos horas) ni representó tampoco el final del rudo rock’n’roll, porque poco después llegó “High Priest of Rhytmic Noise”, una extraordinaria pieza, de tono particularmente sombrío, que llegó además acompañada por una serie de videos de animación que aparentaban ser un cómic futurista.

Tras estos interesantes arrebatos eléctricos, Cheap Trick asumió una ruta más complaciente y melódica, traducida por ejemplo en la interpretación de “The Flame”, una balada tan melosa como exitosa (sonó por todos lados a fines de los 80) que, para colmo, encontró a Zander luciendo un saco de colores fosforescentes y un enorme sombrero de policía.

El grupo tomó un bienvenido respiro rocanrolero (gracias a su logrado ‘cover’ de “California Man”, original de The Move) para volver a la balada con “If You Want My Love”, un tema que siempre nos gustó, pero que Zander cantó muy mal (los coristas tuvieron que hacer casi todas las partes complicadas), lo que nos llamó la atención, porque su garganta se había mantenido en un excelente estado hasta ese momento.

Parece que fue precisamente entonces cuando el cantante empezó a perder el dominio de sus condiciones habituales, porque no le fue tampoco bien durante la interpretación de la canción más popular de la banda, “I Want You to Love Me”, aunque sus penurias para llegar a las notas altas fueron aliviadas por los encantos de un niño que, en brazos de su padre, movía eufóricamente los brazos al lado mismo del escenario.

De todos modos, no había ya mucho por hacer, porque el cierre llegó de la mano de “Surrender”, un tema que, además de resultar poco exigente en el plano vocal, resulta tan festivo y tan querido que dejó a todo el mundo satisfecho.

 

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