Imprimir
Mar
15

FLASHBACK: Recuento de COACHELLA 2010 (y lo que se viene este año)

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

 Coachella_1

La llegada del Festival de Música y Artes de Coachella trae siempre buenos recuerdos. El masivo evento ha tratado siempre de presentar reuniones insospechadas, como ocurrió en ediciones pasadas con Rage Against the Machine, Pixies y Iggy Pop & the Stooges; en el 2011, este privilegio se reserva prácticamente a la banda mexicana Caifanes, aunque la lista incluye a artistas tan importantes como Kings of Leon, The Black Keys, The Strokes, Arcade Fire y Duran Duran.

La celebración se dará el 15, 16 y 17 de abril, en el lugar de siempre, es decir, el Empire Polo Fields de Indio, California. Mientras esperamos su llegada, nos permitimos recuperar el reporte que hicimos un año atrás, como para ir calentando el ambiente y los motores. Aquí va.

 ***

Gracias al impresionante cartel que maneja, el Festival de Coachella se ha convertido con el paso de los años en un verdadero oasis artístico en medio de las enormes explanadas de Indio, una ciudad californiana caracterizada por la aridez de su desierto y sus implacables temperaturas.

Esto quiere decir que cualquiera que se anime a estar presente en sus tres días de celebración tiene que estar preparado para enfrentarse a un inclemente sol y a caminar como nunca lo ha hecho en su vida, ya que los cinco escenarios principales se encuentran diseminados en un terreno de proporciones que se vuelven imposibles con el transcurso de la jornada y el consumo de las inevitables cervezas (a no ser que se prefiera ingerir agua, cuyo costo asciende a dos dólares por botella).

Este año, la temperatura fue mucho más benévola, pero las cosas se complicaron para los asistentes debido al inexplicable cierre de rutas de acceso (lo que hizo que muchos tuviéramos que caminar más de una hora para llegar a nuestros carros aunque nos estacionáramos exactamente afuera del escenario principal) y, sobre todo, debido a la eliminación del pase diario y la imposición de un boleto único para los tres días (algo que tiene que haber desanimado a los que querían asistir a una sola jornada pero que, curiosamente, no disminuyó la abundancia de la multitud, que según algunos cálculos alcanzó las  75 mil personas por día, es decir, el mayor número de asistentes en toda la historia de Coachella).

Claro que, para quienes estuvieron allí, la recompensa fue preciosa: poder elegir entre cerca de 130 actos musicales que abarcaron distintos rincones de la escena ‘alternativa’, y que llegaron  muchas veces de países extranjeros, aunque algunos no pudieron asistir a la cita debido a la cancelación de vuelos en Europa como consecuencia de una explosión volcánica.

Dada la abundancia de ofertas, es irracional tratar de hacer un comentario completo sobre el festival, a no ser que se cuente con un equipo numeroso de personas dedicadas a ello; por lo tanto, lo que sigue es una aproximación personal (marcada por gustos y posibilidades de llegada) a un evento que sigue resultando indispensable para cualquiera que quiera tener una visión panorámica sobre lo que se cocina actualmente en la música contemporánea de respeto.

 

La presencia latina

 

Coachella_2Por lo general, Coachella había invitado a grupos mexicanos; este año, el asunto fue mucho más variado, ya que hubo representantes de varias naciones: Puerto Rico tuvo a Calle 13, Colombia a Aterciopelados, México a Zoé y  Argentina a Babasónicos.

Con todos los Grammys que lleva a sus espaldas y su reputación polémica, Calle 13 (que tocaba en el escenario principal a las 4 pm del primer día) era sin duda nuestra apuesta favorita. Sin embargo, el injusto cierre de calles para la prensa alrededor del perímetro de la zona de conciertos hizo que nos perdiéramos su actuación; pero los videos hechos por aficionados muestran a una multitud pequeña pero entusiasta, bailando frenéticamente con “No hay nadie como tú”, interpretada en medio de cadencias propias del ska y de la música tropical.

Al día siguiente, Zoé ocupó el mismo estrado a las 2 pm, contando también con una audiencia pequeña pero completamente dedicada. Sin fusiones de ningún tipo, el ‘combo’ mexicano desgranó a voluntad un ‘brit-pop’ directo y efectivo, aunque no se diferenció realmente de lo que ofrecían otras agrupaciones anglosajonas (si es que no se cuentan sus letras en español).

Un día después, en el mismo lugar y a la misma hora, los ‘Babas’ adoptaron una postura semejante, pero se inclinaron frecuentemente hacia unos coqueteos con el ‘spaghetti western’ (como en el tema “Pendejo”) que resultaron ideales para la escena desértica que los rodeaba.

Sumando a todo esto aires del hardrock y de la Nueva Ola (escúchese “El colmo”), los argentinos deleitaron a sus más acérrimos seguidores, aunque tuvieron que dejar de lado sus vestimentas de corte ‘glam’ debido a lo temprano de su set.

Los que contaron con el mejor horario (pero en un escenario más chico) fueron los Aterciopelados, presentes el sábado a las 8 de la noche en la carpa Mojave. Fue allí donde dieron rienda suelta a su popular combinación de rock, pop y ritmos folklóricos latinos, manifestada en cortes como “El estuche” (donde emplearon gaitas colombianas) y “Bolero falaz” (que encontró a la multitud entera cantando el coro).

 

El rock and roll

 

En esta ocasión, el cartel de Coachella se inclinó mucho más hacia la electrónica y los sonidos ‘trippy’ que hacia el rock duro y puro; pero el género ‘guitarrero’ también tuvo a representantes de respeto.

Ese fue el caso de Them Crooked Vultures, que ocupó uno de los horarios principales en el estrado estelar durante la noche del viernes. Conformado por John Paul Jones (ex Led Zeppelin), Dave Grohl (ex Nirvana y Foo Fighters) y Josh Gromme (Queens of the Stone Age), el ‘súper grupo’ ofreció un show potentísimo y vibrante, en el que dio cuenta de las honorables influencias que le han dado vida. A estas alturas, parece que se trata de lo más cercano que se podrá estar a una experiencia ‘zeppeliniana’, y eso es algo que sólo se puede agradecer.

Coachella_3Además de Jones, el mismo viernes presentó a otra eminencia del rock, Johnny Lydon, ex vocalista de Sex Pistols, quien lideró a PiL, un proyecto musical de vanguardia con el que no había tocado desde inicios de los 90s, y que se convirtió en uno de los mejores actos del festival.

Durante su ‘set’, la espectacular y emblemática banda no huyó completamente del estilo punk de los Pistols, pero se inspiró más en una escuela experimental que ha sido definida como ‘post-rock’, y que le permitió combinar las arengas políticas del excéntrico Lydon con sonidos que oscilaron entre la electrónica, el ‘new wave’ y la psicodelia.

Coachella_4Durante el sábado, la carpa Gobi albergó al menos a dos exponentes internacionales del más duro rock’n’roll: primero le tocó a Band of Skulls, un trío británico de garage y blues que hizo muy bien lo suyo al inicio, pero que bajó innecesariamente la energía con un par de baladas, y luego fue el turno de The Raveonettes, un dúo danés (hombre y mujer) que ofreció una sesión memorable  en la que se alternaron los instrumentos, así como las influencias del shoegaze, el surf rock y el noise.

Horas más tarde, el estrado central fue ocupado por Faith No More, un grupo que se hizo famoso en los 90s y que fue uno de los precursores de la fusión entre el metal y el hip-hop. Aunque su nueva formación no incluye a   algunos integrantes originales, el grupo sigue teniendo como atractivo principal a Mike Patton, un vocalista tan competente como creativo, capaz de ‘rapear’ como los grandes y de vociferar como los maestros del estilo más pesado.

Pero el momento más excitante llegó inmediatamente después con Muse, uno de los tríos más extraordinarios que han surgido de la Inglaterra contemporánea. Sonando a veces como un cruce imposible entre Radiohead, Queen y Rage Against the Machine, el grupo está compuesto por músicos excepcionales, pero se distingue por la soberbia interpretación de Matthew Bellamy, que además de ser un gran cantante, es sin lugar a dudas un ‘guitar hero’ de primer nivel.

La misma noche se cerró con la participación de The Dead Weather, el nuevo proyecto del prolífico Jack White, líder de The White Stripes y The Raconteurs. En esta banda, White se dedica mayormente a tocar la batería, y demuestra que todo lo que hace se convierte en una mina de oro: encabezado por una vocalista femenina (Allison Mosshart, de The Kills), The Dead Weather es un delicioso regreso al hardrock ‘bluesero’ de los 70s, lleno de sonidos densos y psicodélicos.

En lo que respecta al rock ‘indie’, el sábado se convirtió en la fecha adecuada para Vampire Weekend, un cuarteto neoyorquino que combina el pop rock con elementos de la música africana, y que se dirige principalmente al público adolescente.

Coachella_6Alejado momentáneamente de la afamada agrupación The Strokes, Julian Casablancas -también de la Gran Manzana- se instaló en la carpa Mojave para presentar temas de su producción como solista, mostrando una tendencia menos rockera, pero imponiendo todavía sus conocidos ‘ganchos’ melódicos y dejando sorprendidos a quienes no lo consideran un buen cantante.

Pero los mejores representantes del sub- género fueron los veteranos de Yo La Tengo y Pavement (encabezada por Stephen Malkmus, todo un icono del rock), dos bandas de verdadero peso que ocuparon la tarima principal durante la tarde del domingo, para demostrar a punta de certeros guitarrazos que muchos exponentes del ‘indie’ actual se han olvidado de sus raíces rockeras para caer en una innecesaria onda comercial.

 

Electrónica, hip-hop y otras hierbas

 

Coachella_7Vale la pena iniciar el párrafo que divide el segmento rockero del electrónico hablando de Devo, una banda de culto que se originó en Ohio.

Los veteranos empezaron su ‘set’ del sábado en la carpa Mojave con una serie de cortes apegados al ‘synthpop’ que les dio varios éxitos durante los 80s (como “Whip It” y “Peek-A-Boo!”), recurriendo para ello a diversos sintetizadores análogos; pero terminaron colgándose las guitarras eléctricas para interpretar varios temas de vena irremediablemente punk (como el genial “Uncontrollable Urge”), logrando con ello una combinación rebosante de adrenalina.

El estrado dedicado completamente a la escena electrónica fue el Sahara, que no pudimos visitar por falta de tiempo; pero los sonidos de esta escuela estuvieron presentes en muchas de las ofertas principales del fin de semana, y alcanzaron uno de sus puntos más altos durante la noche del domingo con el británico Thom Yorke, líder de los aclamados Radiohead, que se presentó con una nueva banda (llamada Atoms For Peace) en la que comparte créditos con Flea, bajista de Red Hot Chili Peppers.

Alejado de los aires más rockeros de su banda principal, este proyecto de Yorke se centró en sus delirios más electrónicos y alucinógenos, a través de una serie de ‘jams’ y de proyecciones visuales que se encontraban obviamente dirigidos a los miles de ‘ravers’ que se hallaban bajo el influjo de alguna poderosa sustancia.

Sin embargo, si hubiera que dar un premio mayor para la espectacularidad de la puesta en escena y para la versatilidad musical, éste caería en manos del también británico Damon Albarn, líder conceptual y creativo de Gorillaz, el fabuloso proyecto artístico que clausuró el festival.

Fuera de su interesante y vasta fusión de géneros (ya que oscila entre el brit-pop, el hip-hop, el soul, el rock alternativo y la electrónica), el grupo -que contó con la presencia de una sección de cuerdas y un coro, y que incluyó en su formación a dos ex integrantes de The Clash- usó las pantallas gigantes para proyectar imágenes delirantes y videos hechos en exclusividad para sus presentaciones, en los que contó con la presencia de figuras del entretenimiento tan representativas como el actor Bruce Willis y el ‘rapero’ Snoop Dogg.

Aunque el Festival de Coachella es básicamente una vitrina para la música alternativa, sus ediciones recientes han venido incluyendo a artistas mucho más comerciales. En esta ocasión, el representante más evidente de dicha modalidad fue el ‘rapero’ Jay-Z, a quien se debió probablemente la venta masiva de entradas, pese al costo de éstas y a la imposición del pase de tres días.

Jay-Z ocupó el horario principal del viernes con lo mejor que sabe hacer, es decir, un ‘hip-hop’ gutural y pegajoso que entusiasmó a sus seguidores (sobre todo cuando invitó a la tarima a su famosa esposa, la nada ‘alternativa’ Beyoncé Knowles, durante la interpretación de “Forever Young”), pero que dejó fríos a los admiradores de la música menos concesiva.

Coachella_8_6194En ese sentido, sería interesante terminar esta nota contraponiendo la masiva pero anodina presentación del ‘rapero’ afroamericano con la discreta pero encantadora performance de la francesa Charlotte Gainsbourg, llevada a cabo dos días después en la carpa Gobi.

Reconocida mundialmente como una gran actriz, la hija del legendario Serge llevó a Coachella los esfuerzos musicales que plasmó hace poco en un disco con la colaboración del celebrado músico angelino Beck.

Rodeada de una banda realmente competente, Charlotte deslumbró a los asistentes con su voz suave y expresiva y con sus composiciones personales, enmarcadas dentro de un pop plácido y sofisticado que no necesitó de artilugios comerciales ni de fuegos artificiales para resultar convincente.

 

 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar