Imprimir
Oct
28

Reseña del concierto de JUDAS PRIEST en Rabobank Arena de Bakersfield

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

JP1

Poder ver a las bandas ‘metaleras’ de la vieja escuela no es algo que suceda todos los días, por lo que la coincidencia que se dio recientemente nos obligó a tomar una decisión arriesgada. Y es que el sábado pasado se produjeron de manera simultánea las presentaciones de Anthrax y de Judas Priest en el Sur de California.

Elegimos ver al primer grupo en la fecha original [lee aquí nuestra reseña], y dejamos al segundo para su actuación del martes pasado en Rabobank Arena, en Bakersfield, una ciudad que a nosotros nos queda muy, muy lejos; pero no nos arrepentimos de la decisión, ni de haber tenido que manejar casi tres horas para llegar hasta nuestro destino, porque además de que seguimos considerando a JP como una de las mejores bandas del género, el exigente traslado nos dio la oportunidad de verla en un recinto mucho más pequeño y acogedor del que le tocaba en nuestra zona (el Anfiteatro San Manuel de San Bernardino), lo que nos brindó una experiencia particularmente íntima.

JP2Los miembros de JP han asegurado que ésta es su última gira a gran escala, lo que en la práctica quiere decir que no están pensando en el retiro (de hecho, se encuentran trabajando en un nuevo álbum, como nos lo contó recientemente el guitarrista Glenn Tipton en la entrevista que puedes leer aquí), pero que quieren tomarse las cosas con calma a partir de ahora, evitando enfrascarse en una interminable serie de conciertos internacionales que los obliguen a atravesar cientos de aeropuertos. En todo caso, si hubo algo que quedó claro durante el show al que asistimos es que este grupo, lejos de verse cansado y ante las puertas de la jubilación, parece estar viviendo un auténtico de renacimiento.

Esta situación le debe probablemente mucho al ingreso de Richie Faulkner, el nuevo guitarrista de apenas tres décadas de edad, que llegó para reemplazar al fundador K.K. Downing, quien anunció su retiro hace cerca de un año. Es indudable que la salida de Downing -una de las figuras más legendarias del metal- ha resultado dolorosa para los fans y para sus ex compañeros de banda, y que se le va a extrañar en los escenarios; pero también es indudable que Faulkner le ha traído una nueva energía al combo, porque todos los músicos (incluyendo al otro guitarrista, Tipton, que sigue siendo fenomenal) exhibieron una actitud rebosante de optimismo y brindaron una ejecución impecable.

En lo que respecta a los veteranos, es necesario resaltar el desempeño de Rob Halford, un vocalista que, a sus 60 años de edad, podría estar disfrutando de un merecido retiro en alguna villa europea, pero que, durante casi todo el concierto -que duró cerca de 2 horas y media-, cantó con una potencia y una intensidad que no tenían nada que envidiarle a su interpretación de los viejos tiempos. Durante las últimas canciones, Halford bajó la intensidad, y hasta dejó completamente en las gargantas de la audiencia la interpretación vocal del clásico “Breaking the Law”, convirtiendo con ello al Rabobank en un inmenso karaoke; pero, hasta ese momento, fue capaz de ponerle a todos los presentes la carne de gallina con sus fraseos afinados y contundentes y, sobre todo, con el filo implacable de esos largos falsetes que definieron para siempre al heavy metal tradicional.

Liberado desde hace más de una década de los temores que lo llevaron a ocultar su homosexualidad durante la mayor parte de su carrera, el cantante británico demostró que puede combinar discretamente sus tendencias personales (la camisa de seda y las prendas de cuero que llevó adquieren ahora otro significado) con la interpretación impecable de un género que siempre se ha relacionado con “los más machos”. Y la audiencia -en la que se veía a muchos rockeros de la vieja escuela, pero también a varios entusiastas jovencitos que eran probablemente sus hijos o sus familiares- fue no sólo capaz de entenderlo, sino que lo celebró permanentemente, incluso cuando presentó “Turbo Lover”, un tema especialmente comercial que no proviene de la mejor cosecha de JP.

JP3

En todo caso, el nivel de admiración que generó el grupo no tiene solamente que ver con el modo en que el actúa el día de hoy, sino también con un impresionante legado que se hizo completamente evidente cuando el mismo Halford le dijo a la audiencia -sin falsa modestia- que tanto él como sus compañeros llevan ya “40 años haciendo heavy metal”. Una dedicación tan profunda al género no debería pasar desapercibida ni por los fans ni por los escritores de música, a pesar de que varias publicaciones serias -como la revista Rolling Stone- se niegan sistemáticamente a reconocer los méritos de estas agrupaciones.

Será quizás que muchos no son capaces de entender a unos músicos maduros a los que no les da vergüenza pasearse en un estrado llevando encima la parafernalia típica del rock duro, o que no toleran ciertos manierismos afincados en su práctica. Pero, más allá de cualquier vocación ‘metalera’, lo cierto es que JP es un estupendo conjunto de rock’n’roll, como lo demostraron esa noche temas como “Heading Out to the Highway”, “Never Satisfied” y, por supuesto, las memorables rendiciones de “Diamonds and Rust” (compuesta por la folklorista Joan Baez) y de “The Green Manalishi (With the Two Pronged Crown)” (escrita por los Fleetwood Mac) que, más que ser unos simples ‘covers’, son unas recreaciones que superan probablemente con creces a las originales.

JP4

El proverbial ataque de dos guitarras principales sigue ahí, con Tipton haciendo lo de siempre, es decir, progresiones melódicas de indudable impronta ‘bluesera’, y Faulkner agregando una faceta de ‘guitar hero’ que no convenció del todo en primera instancia, pero que nos dejó completamente boquiabiertos durante el espectacular y rapidísimo solo que efectuó casi al final del concierto, y que le permitió ganarse por completo al público.

Mientras tanto, tras los tambores, el baterista Scott Travis, que se integró a la banda en 1989, demostró que sus cinco décadas de vida no son obstáculo alguno para mantenerse en excelente estado físico, integrar una de las bases rítmicas más poderosas del rock contemporáneo   y, claro, reproducir sin problema alguno la feroz introducción del portentoso “Painkiller”.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar