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Dic
20

ROB HALFORD en el Grove de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Rob Halford al lado de su guitarrista Roy Z (Sergio Burstein)

A los 59 años de edad, Rob Halford se encuentra en un punto especialmente brillante de su carrera. En 2003 se reintegró a Judas Priest, una de las bandas más emblemáticas del heavy metal en todo el mundo, y desde entonces ha venido grabando discos tanto con ésta como con su propia agrupación, lo que le ha permitido recorrer el mundo bajo dos formatos.

Además, en 1998, el mismo músico se quitó un gran peso de encima al admitir públicamente su homosexualidad. La declaración causó ciertamente estupor entre algunos miembros de la comunidad metalera, conocida tradicionalmente por su machismo; pero no cabe duda de que el status legendario de Halford le permitió salir airoso de esta insospechada revelación.

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Mike Chlasciak, otro de los guitarristas de Halford (S. Burstein)

Sin embargo, lo más importante de todo es que el nivel vocal del británico sigue siendo muy alto, lo que lo coloca quizás en el puesto número uno de los mejores cantantes veteranos del género, sobre todo después de la muerte de Ronnie James Dio, en mayo de este año (aunque no hay que dejar de lado al también excelente Bruce Dickinson, de Iron Maiden, que es un poco menor).

Es probable que Halford no se encuentre cantando como lo hacía en sus mejores tiempos, pero es también cierto que su actuación del domingo pasado en el Grove de Anaheim resultó completamente impecable, sin fisuras ni notas falsas, lo que se vio acompañado por el desempeño igualmente idóneo de sus músicos.

De todos modos, el legendario artista inglés parece ser consciente de que no puede mantener un nivel de exigencia completo durante todo el tiempo, y es por eso que su repertorio no se inclinó necesariamente hacia las composiciones que requieren un manejo casi constante del grito (como, por ejemplo, "Painkiller" y "Freewheel Burning", que brillaron por su ausencia); pero la lista del domingo sí le dio espacio a algunas piezas en las que el falsete se impone, como "Resurrection", extraída de su primer álbum como solista (aunque algunos dicen que Halford es en realidad un grupo).

A lo largo de una extensa gira mundial -que hace unas cuantas semanas lo llevó a países que nunca había visitado, como Perú- , Halford ha ido cambiando el set list, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de músicos de cierta edad, que prefieren mantener férreamente el orden y la selección de títulos desde el primero hasta el último show.

En ese sentido, es necesario decir que los asistentes al concierto de Anaheim deben sentirse privilegiados, porque en vez de elegir un par de canciones desconocidas de Judas Priest (como ha ocurrido en sus presentaciones más recientes), el vocalista seleccionó esta vez dos de los cortes más conocidos y más logrados de su longeva banda: "The Green Manalishi" y "Jawbreaker".

Halford no estuvo siempre activo en el escenario del Grove; aunque no se le escuchó nunca falto de aliento, aprovechó los cambios entre canciones para recostarse sobre el pedestal de la batería y dio algunos discursos bastante largos, que le sirvieron obviamente para descansar, pero también para reafirmar su inagotable pasión por el género de sus amores ("hay que tener mucha tenacidad para mantenerse en los terrenos del metal", dijo, sin necesidad de recurrir a la falsa modestia).

Hay que señalar también que la fecha aquí comentada era la última de su gira personal, por lo que habría tenido más de un motivo para sentirse realmente agotado.

En vez de ello, el cantante ofreció un show libre de fallas -como ya se ha comentado- y, además, plenamente entretenido, ya que sus composiciones como solista mantienen el 'gancho' melódico que lo distinguió desde las primeras épocas con Priest.

Su nuevo sencillo, "Made of Metal" -el único corte presentado que proviene de su nuevo álbum, que lleva el mismo nombre-, no resultó del todo efectivo, debido sobre todo al indeseable uso de un ecualizador de efectos para la voz; pero la velada estuvo llena de canciones memorables, como la mentada "Resurrection", "Made In Hell", "Golgotha" y una excitante versión de "Nailed to the Gun", la mejor creación de Fight, otro proyecto 'metalero' en el que Halford estuvo involucrado.

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El cantante durante su show de Anaheim (S. Burstein)

En el aspecto instrumental, su grupo contó con la invaluable presencia de Roy Z, un joven pero experimentado guitarrista que ha grabado y producido al menos cinco discos con Bruce Dickinson en su etapa solista.

El verdadero apellido de Z es Ramírez y, más allá de las razones que lo hayan llevado a cambiar su nombre latino por un símbolo de mejor comprensión anglosajona, es indudable que el hombre tiene un talento increíble para las seis cuerdas; de hecho, aunque la banda de Halford cuenta con dos guitarristas (a la usanza de Priest), sus solos fueron los más largos e impresionantes de la noche.

Los integrantes de Judas Priest han anunciado que el 2011 se convertirá en el año de su despedida de los escenarios, tras más de cuatro décadas de carrera. Será una circunstancia dolorosa para todos sus seguidores; pero Halford ha prometido que, después de eso, continuará con su trayectoria como solista. Que así sea.

El concierto del sábado tuvo dos actos de apertura: Warbringer, una banda californiana contemporánea que practica un estilo completamente apegado a la escuela 'thrash' de los 80s, y Philm, un proyecto de rock 'garajero' en el que milita Dave Lombardo, ampliamente conocido y celebrado por su histórico rol como baterista de Slayer.