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Feb
21

Gang of Four en House of Blues de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein GOF_1

Con el paso de los años, Gang of Four se ha convertido en un referente de particular importancia en el universo del rock independiente.

A medio camino entre el punk y las corrientes ‘indie’ que germinarían varios después de su creación, el grupo británico no alcanzó nunca el nivel de notoriedad internacional de algunos de sus pares, pero ha sido citado muchas veces como fuente esencial de inspiración por bandas como Red Hot Chil Peppers, R.E.M., Franz Ferdinand y Bloc Party.

Más de treinta años después de su formación, el cuarteto sigue activo y, lo que es más importante, conserva todavía en sus filas a su primer cantante (Jon King) y a su guitarrista original (Andy Gill), aunque la base rítmica (que en su etapa clásica incluyó al bajista Dave Allen y al baterista Hugo Burnham) se encuentra ahora en manos de los jóvenes Thomas McNeice y Mark Heaney.

GOF_2La permanencia de Gill es especialmente relevante, porque se trata de un músico que, sin hacer alardes de destreza, impuso un estilo de interpretación tan simple como personal, cuyas huellas se pueden encontrar actualmente en un virtuoso como Tom Morello, de Rage Against the Machine.

El domingo pasado, durante el concierto ofrecido por Gang of Four en la House of Blues de Anaheim, Gill probó lo recién dicho durante un breve pero inspirado solo que adoptó el aire repetitivo de un ‘sampler’, asumiendo el estilo minimalista e hipnótico que el mismo guitarrista ha declarado practicar, y que se extiende a su elaboración de riffs.

Fue esta característica interpretativa la que le permitió al grupo alejarse rápidamente de los terrenos del punk rock en que se le quiso colocar inicialmente, sumada a una elaboración de beats que trató siempre de alejarse de la tradicional escuela rockera, y que el nuevo baterista Heaney supo aprovechar extensamente durante el show que aquí se comenta.

King nunca fue un gran cantante, y el paso de los años lo ha llevado a bajar la intensidad vocal que tenía en el pasado. Pero no cabe duda de que el hombre puede todavía cantar y, sobre todo, de que no ha perdido un ápice de la energía que ostentó en sus años mozos, porque sus bailes constantes y la intensidad de su ‘performance’ en el escenario de Anaheim fueron una parte esencial del espectáculo.

Gang of Four no quiere ser un acto de nostalgia, y hace unas cuantas semanas lanzó un álbum nuevo (“Content”) que ha recibido comentarios bastante disímiles por parte de los especialistas, pero que tiene sin lugar a dudas algunos temas de genuino interés, empezando por “You’ll Never Pay for the Farm”, una pieza animada y rockera en la que se mantiene el mensaje contestatario que siempre tuvo el grupo (y que, dicho sea de paso, tiende un puente adicional hacia RATM).

Este fue justamente el tema que abrió la velada, y que fue seguido más adelante por otras composiciones nuevas. No todas fueron afortunadas: la balada “A Fruitfly in the Beehive” no estuvo nada mal, y “I Party All the Time” combinó en un mismo paquete el poderío de un buen riff y la eficacia de una de esas letras políticamente irónicas que el grupo sabe crear tan bien; pero “It Was Never Gonna Turn Out Too Good” (que encontró a Gill cantando con un molesto efecto de voz) resultó excesiva y hasta intolerable (de hecho, un fan que se encontraba al lado nuestro se burló de ella al gritar: “Oh, Mr. Roboto”, en alusión a la desmedida ópera rock perpetrada por Styx en los 80s).

Claro que los títulos viejos no fueron dejados de lado; “Damaged Gods”, considerado como muchos como el mejor de la banda, fue el acertado cierre de presentación, y “Anthrax” -compuesto muchos años antes del 911 y de sus consecuencias- se insertó a la mitad del repertorio.

Pero Gang of Four tiene temas más interesantes, y varios de ellos se escucharon también en la House of Blues: estuvieron por ejemplo allí “Ether”, un excelente encuentro entre el funk, el punk y el dub que recordaba de algún modo a Primus (otra influencia no tan evidente); “I Parade Myself”, una muestra viviente de que estos tíos también pueden hacer un rocanrol directo y adictivo;  y “To Hell With Poverty”, otra descarga irónica que podría remitir a unos Talking Heads en plan punk, pero cuyo funkerísimo bajo recordó también a Primus.