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Feb
16

Reseña del concierto de LA VIDA BOHEME y LOS AMIGOS INVISIBLES en el Conga Room de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Es probable que antes de subirse al escenario del Conga Room el sábado pasado, los integrantes de estas dos bandas venezolanas supieran ya que tenían escasas posibilidades de ganar un Grammy, como se comprobó un día después al anunciarse el predecible triunfo de Maná en la categoría donde competían (es decir, la de Mejor Album Latino de Rock, Pop o Música Urbana).

Pero eso no les impidió tocar esa noche con unas ganas encomiables y llenar por completo las espaciosas instalaciones del club angelino, al que llegaron miles de personas con los ánimos dispuestos para demostrarle a la Academia de la Grabación que los artistas que para ésta merecen ser sólo nominados son para ellos unos auténticos ganadores.

Lo interesante de la velada es que, a pesar de tener el mismo origen geográfico -y de compartir al parecer varias ideas sobre el derrotero político de su país que preferimos dejar de lado en este artículo-, La Vida Bohème y Los Amigos Invisibles son dos grupos que manejan estéticas completamente distintas, hasta el punto de que el concierto pareció dirigirse a audiencias contrastadas (tomando en cuenta, eso sí, que la multitud había acudido principalmente a ver a los segundos).

Boh1A diferencia del estilo pachanguero, festivo y despreocupado de Los Amigos, La Vida Bohème  es una intensa banda de tendencia ‘indie’ que no rechaza nunca los lineamientos del funk que tanto emplean sus compatriotas aquí citados, pero que asume una veta mucho menos concesiva y considerablemente más rockera. El joven cuarteto visitó el año pasado Los Angeles y ofreció varias presentaciones que lamentablemente nos perdimos, por lo que esperábamos ansiosamente este regreso; desafortunadamente, estuvieron en la tarima por menos de media hora, lo que puede ir muy bien con el credo del punk (un género que también practican), pero que nos dejó con la miel en las labios (mientras que Los Amigos terminaron por empacharnos con la extensión de su set).

De todos modos, LVB aprovechó con creces su tiempo sobre el escenario. Lejos de soltar la rienda del riesgo independiente al encontrarse ante una audiencia tan proclive a la mera diversión, el combo ofreció un repertorio contundente en el que empataba sus canciones sin respiro alguno, y que estuvo más marcado por el deseo de experimentación vanguardista que por la reproducción de los temas presentes en su hasta ahora única placa de larga duración, “Nuestra”.

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Tomando como punto de partida “Radio capital”, el tema que abre el álbum, y pasando luego de manera imperceptible a “El buen salvaje”, los caraqueños se valieron de instrumentos típicamente rockeros y de aparatos de efectos para hilvanar un set que no los encontró desprovistos de melodías, pero tampoco de sonoridades ruidosas, de influencias provenientes del disco-punk y de una puesta en escena marcada por los brincos y la energía, de los que se libró únicamente uno de sus integrantes (el guitarrista Daniel de Sousa) debido a una razón concreta: un pie lastimado que lo llevó a permanecer sentado.

Por el lado del movimiento, el más apasionado fue el bajista Rafael Pérez; pero es necesario darle también crédito a Henry D’Arthenay, guitarrista y vocalista principal, que no tiene una gran voz, pero sí una que resulta especialmente original y distintiva. Esperamos con atención lo que harán estos muchachos en el futuro inmediato, cuando tengan más composiciones en su bagaje (por lo pronto, si quieren saber más de ellos, sólo tienen que entrar aquí para leer la extensa entrevista que les hicimos).

amig_cteTras esta breve y efusiva presentación, le tocó el turno a Los Amigos, cuyas innumerables actuaciones en Los Angeles les han otorgado por estos lares una comodidad que se hizo evidente en el Conga. A lo largo de su ya extensa carrera, el grupo ha jugado frecuentemente con las barreras existentes entre la música comercial y la que no lo es tanto, pero lo cierto es que, en el tabladillo, funciona mucho más como una orquesta destinada al baile que como un proyecto de investigación.

Esto no quiere decir que sus integrantes no posean talento ni versatilidad, por supuesto. En sus mejores momentos, funcionan como una máquina de funk duro que le rinde justo tributo a la escuela clásica del género sin necesidad de apelar a una sección de vientos, pero respaldándose en un efusivo juego de percusiones que da siempre cuenta de su extracción latina, como fue el caso de la larga versión de “Superfucker” que presentaron (coronada por un interesante solo de teclados de Armando Figueredo) y, por supuesto, de “Ultrafunk”, que no hubiera desentonado en el repertorio del gran James Brown.

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Pero son también propensos a llevar el género a terrenos más fáciles y cercanos al ‘disco’, con el empleo de voces procesadas, como pasó durante la interpretación de “Plastic Woman”, “Sueño erótico” y “G-String” (que, en todo caso, tuvo la ventaja de incluir ciertos aires cumbiamberos). Por suerte, los sudamericanos tienen más cartas de interés bajo la manga, como una afición a la música tropical antigua que se plasmó sobre todo en la muy convincente “Esto es lo que hay”, marcada por unos impetuosos duelos de timbales, congas y bongós que merecían romper la pista de baile (y que llegaron acompañados por una letra especialmente irónica del cantante Julio Briseño), así como también en la guaracha “Mami te extraño”, que remitió a Santana por su empleo de la guitarra eléctrica, cortesía del eficiente José Luis Pardo.

Sin embargo, en desmedro de la variedad ostentada en la primera parte del show, el último segmento  le dio rienda suelta a los estilos banales, asumiendo tanto un aspecto de funk ‘light’ que resultó poco inspirado (“Dulce”, “Vecina”, “Cuchi cuchi”) como unas ingratas incursiones en el merengue más escandaloso. Todo esto tiene dos explicaciones posibles: o Los Amigos tienen algunas canciones muy buenas y otras muy malas, o este redactor no se encontraba lo suficientemente borracho como para gozar sin reparos del paquete completo, a pesar de que había estado horas antes en la fiesta que Nacional Records (sello local de las dos bandas) organizó para celebrar a sus nominados, y que fue generosamente regada con tequila gratuito. Pásenme la botella…

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