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Feb
26

Reseña del GIGANTOUR 2012 en L.A., con Megadeth, Motörhead, Volbeat y Lacuna Coil

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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El metal es un género curioso. Cuenta con muchísimos seguidores en el mundo entero, varios de ellos latinos; pero la fidelidad que estos le profesan no varía necesariamente ante la época de procedencia de sus representantes (es decir, a su antigüedad o novedad), sino ante razones más difusas.

El nu y sus variantes actuales trazan una conexión natural con los más jóvenes, debido principalmente a razones generacionales. Pero el hecho de que el concierto que se llevó a cabo el viernes pasado en las instalaciones del Anfiteatro Gibson de Los Angeles haya tenido tanto éxito y haya convocado a una audiencia tan juvenil a pesar de estar encabezado por dos bandas realmente veteranas demuestra que la tradición juega un rol importante en los gustos de estos metaleros, entre los que vimos y escuchamos una fuerte presencia hispana.

MG2El amo y señor del Gigantour (que va por su cuarta edición) es, sin lugar a dudas, Dave Mustaine, cantante y guitarrista de Megadeth, una de las bandas más emblemáticas de esta escuela y, hasta ahora, una de las representantes más afamadas de la sub-rama del thrash metal, aunque muchos analistas consideren que se trata de un estilo que ya dejó. La alineación actual del grupo encuentra a Mustaine al lado de otro miembro fundador, el bajista Dave Ellefson; pero éste no se ha encontrado siempre allí, y lo cierto es que el primero es quien ha compuesto la mayoría de las canciones y tomado las decisiones en Megadeth, un proyecto que fundó en 1983 luego de ser expulsado de Metallica debido a su abuso de drogas y de alcohol.

Por lo general, las bandas de metal no se meten demasiado en política, aunque mantienen una actitud contracultural que no las coloca precisamente en el lado conservador. En ese sentido, Mustaine es una curiosa excepción, o lo ha sido al menos en los últimos años, cuando decidió reintegrarse a las filas del Cristianismo y empezó a dar declaraciones afines a la derecha, como ocurrió recientemente durante una entrevista en la que insinuó su apoyo a la candidatura presidencial de Rick Santorum.

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Por suerte para las que no piensan como él -y siguen además convencidos de que los políticos de esa orientación representan lo opuesto al espíritu contestatario del verdadero rock-, Mustaine no insistió mucho en el tema durante la noche de anteayer. Pero no lo dejó tampoco completamente de lado: casi al final de su set, dijo que postularía al cargo principal si pudiera hacerlo, y recomendó a quienes lo escuchaban que se dieran cuenta “de lo que ha pasado en los últimos tres años” antes de tomar una decisión en las urnas.

Estamos seguros de que muchos de los fans de Megadeth no apoyan esta perspectiva. Al escuchar temas como “Peace Sells… But Who’s Buying?” y “Symphony of Destruction” durante la adolescencia, varios de nosotros pensamos que se trataba justamente de una crítica a las figuras que Mustaine hoy parece defender; podemos habernos  equivocado, o puede ser simplemente que él haya cambiado.

Sea como sea, y por fortuna para los seguidores del rock duro, su agrupación sigue teniendo la habilidad necesaria como para ofrecer conciertos en los que sus clásicas canciones se interpretan en el nivel anhelado, y logra incluso sumar  algunas composiciones nuevas que, al menos en el plano musical, producen gratas sorpresas (como fue el caso de "Public Enemy No. 1", extraída de su nuevo álbum "TH1RT3EN"). Mustaine nunca ha sido un buen cantante, y por ese lado, la noche de ayer no lo encontró en un estado especialmente favorable; pero lo que sí hizo de manera más que convincente fue desgranar algunos de los riffs más memorables con los que cuenta la historia del género, secundar al extraordinario guitarrista Chris Broderick con ciertos solos de cosecha propia que resultaron brillantes y seguir llamando la atención con una presencia imponente que, en desmedro de sus 50 años de edad y de sus incontables batallas con los vicios, le permite lucir intacta la inmensa melena roja y la actitud intimidante que hemos sentido en carne propia al entrevistarlo.

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Los que generaron sentimientos menos encontrados durante su presentación, justo antes de Megadeth, fueron los más veteranos rockeros de Motörhead. Aunque se sabe que el líder Lemmy Kilmister -de nuevo, el único miembro realmente original que queda- colecciona artefactos de la parafernalia nazi y luce un aspecto que no iría mal en una película barata sobre nazis, nada de lo que ha dicho o hecho en su vida indica otra cosa que una sincera y completa devoción por el rock’n’roll. Cuando se le han hecho preguntas ideológicas, el británico ha dicho alternativamente que es un anarquista o un libertario, y de hecho, uno de sus méritos musicales mayores fue el de unir a los punks y a los metaleros a fines de los 70 con su entonces insólita fusión de los dos estilos.

Pero lo importante es que Lemmy tiene 66 años y no parece estar listo para el retiro. No se mueve casi nada en el escenario, claro, pero en el Gibson, no demostró deficiencia alguna en el uso de su gutural y poderosa voz ni en el manejo de sus cuatro cuerdas, encabezando una labor que, a falta de mejor expresión, resultó demoledora e incansable. Hemos dicho ya en otras ocasiones que uno de los elementos más distintivos de Motörhead es su sencillez compositiva; pero lo cierto es que ver a la banda actual en vivo es darse cuenta de que no hay nada simple en el desempeño físico del baterista Mikkey Dee, quien puso literalmente a temblar la tarima en la que se encontraba su instrumento y ofreció un solo percusivo tan cargado de técnica como de entusiasmo.

MH2A estas alturas, Motörhead tiene una colección impresionante de canciones. Ninguna resulta muy diferente de la otra, pero hay varias composiciones antiguas que los fans extrañan y que no se interpretan más. De todos modos, el tiempo disponible le permitió al trío presentar algunas piezas recientes como “I Know How  to Die” y “The Chase Is Better Than the Catch”, aunque la audiencia celebró mucho más abiertamente la interpretación de clásicos como “Bomber”, “Killed By Death”, “Ace of Spades” y “Overkill”, una suerte de proto-speed metal con el que el grupo suele cerrar sus shows.

Antes de eso, la tarima fue ocupada por dos bandas menos revelantes y más nuevas, pero lo suficientemente conocidas como para complacer a una multitud que no llenaba todavía las instalaciones del auditorio. Una de ellas fue Volbeat, cuya simple presencia en el cartel llamaba la atención por varias razones, pero que terminó poniendo de pie a una cantidad considerable de los asistentes.

A fin de cuentas, ser el conjunto más atípico de la velada rindió buenos frutos. El tráfico estuvo complicado, y si hubiéramos llegado únicamente con tiempo para ver la última pieza de su set, nos hubiéramos llevado una impresión equivocada, porque se trató de un ‘cover’ de “Raining Blood”, de los ‘thrasheros’ Slayer. Pero, en realidad, Volbeat es una banda danesa que emplea ocasionalmente el heavy metal, pero que le también rienda suelta a sonidos provenientes del punk y del rockabilly, como se pudo notar en cortes como “Sad Man’s Tongue”, “Pool of Booze, Booze, Booza” y “Still Counting” (que tuvo un inicio de lo más pegajoso y hasta cercano al reggae).

Aunque el combo parece estar mucho más cerca de los Misfits que de Megadeth (lo que se ve respaldado por el profundo tono vocal de su cantante y guitarrista Michael Poulsen), sus arrebatos de rock’n’roll tradicional se ven siempre secundados por poderosos riffs metaleros e interesantes juegos dobles de guitarra. Se piense lo que se piense, la fórmula funciona, y la masa dio su aprobación.

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No perdimos la actuación del grupo restante, Lacuna Coil, que apareció en el estrado apenas pasadas las seis de la tarde. Pero conocemos a la banda, que es italiana, tiene dos cantantes (masculino y femenino), hace una suerte de metal gótico con tintes comerciales y ha venido ganando cada vez más popularidad dentro de los Estados Unidos en los últimos años. La lista de canciones que pudimos conseguir nos demostró que sólo tocó seis temas, incluyendo éxitos como “Our True”, “Fragile” y “Spellbound”, pero dejando de lado su emblemático “Heaven’s a Lie”.

De todos modos, la actuación de Megadeth nos permitió ver en acción a su vocalista Cristina Scabbia, invitada por Mustaine para cantar al lado suyo “A Tout le Monde” (que no nos parece una composición demasiado lograda, aunque se encuentra presente en todos sus shows). En esos momentos, además de dejar en claro las razones que han llevado a muchos a definirla como “una de las mujeres más atractivas del metal” (aunque habría que agregar también que es una de las que se viste mejor), Scabbia probó con creces sus méritos vocales, apoyados en un poderoso registro interpretativo. Los gritos desenfrenados de “¡Cristina!” sólo sirvieron para respaldar la devoción que esta guapa europea es capaz de generar.

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