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Mar
05

Reseña del concierto de ROKY ERICKSON en El Rey Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Cerca de dos años después de una serie de presentaciones en el Sur de California que incluyeron una insólita sesión de ‘horror rock’ en un evento vespertino lleno de niños, Roky Erickson regresó a Los Angeles para ofrecer una memorable actuación en El Rey Theatre de Los Angeles el jueves pasado.

Si te gusta el rock de verdad y no lo conoces, debes replantear tus prioridades, porque en desmedro de su apariencia de abuelo despistado, este tipo de 64 años es un icono del género que, por fortuna, ha sido revalorizado intensamente en los últimos años, hasta el punto de que el concierto aquí comentado se encontró completamente lleno y convocó a algunas celebridades (vimos por allí a Jack Black, del mismo modo en que la fiesta infantil mencionada en el primer párrafo nos permitió ver a Josh Homme, de Queens of the Stone Age).

En realidad, cada show de Erickson es una suerte de milagro, porque cualquiera que lo conozca (y que haya visto el celebrado documental “You’re Gonna Miss Me”, estrenado en el 2005 y dedicado a su vida) sabrá que sufre de trastornos mentales relacionados a la esquizofrenia y aparentemente fomentados por el consumo de alucinógenos en su juventud. Y es que este veterano músico fue líder de 13th Floor Elevators, una banda sesentera de Austin que, además de fundar las bases de la psicodelia musical, promovió abiertamente el consumo del LSD, durante una época en la que sus consecuencias médicas no había sido todavía estudiadas.

Roky2Pero, lejos de ser sólo un producto de las drogas, a lo Syd Barrett, Roky es también ampliamente considerado como una víctima del sistema, ya que en 1969, luego de ser detenido por la policía con un ‘joint’, y ante la perspectiva de recibir diez años de cárcel (¡!), optó por declararse incapacitado mental y fue internado en una clínica para dementes criminales en la que se le sometió a brutales electroshocks.

La presentación del documental hizo que muchos se acercaran a él y lo sacaran del anonimato (así como de las pésimas condiciones de salud en las que se encontraba a mediados de los 2002), logrando de paso que regresara a los escenarios para maravillar a las nuevas audiencias no sólo con el legado innegable de los Elevators, sino también con una generosa cantidad de composiciones procedentes de su posterior etapa como solista, marcada por el hard rock y las temáticas siniestras, y por algunas piezas de tendencia acústica que logró grabar en el 2010 al lado del grupo ‘indie’ Okkervil River.

Pero, si Erickson se encuentra ahora mismo bastante controlado, cualquiera que lo haya visto en vivo en los últimos tiempos sabe que no es una persona que domine realmente sus facultades, por lo que necesita permanentemente de una banda que guíe sus acciones en el escenario y que se encuentre lista para cantar y para tocar en los momentos en los que él se encuentra simplemente alejado de la realidad.

Eso es justamente lo que pasó en El Rey, a donde el maestro llegó en compañía de un conjunto musical desconocido que no era Okkervil River (con quien se presentó en todas las fechas del 2010), pero que se las arregló para reproducir del mejor modo posible las atractivas creaciones del artista.

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Por fortuna, a diferencia de que lo que pasa con otros músicos que han perdido completamente la voz o a los que le resulta simplemente imposible mantenerse en el tabladillo, Roky es capaz de ofrecer un repertorio decente (tocó un poco más de una hora), no balbucea incoherencias (en realidad, no dice nada) y, sobre todo, canta todavía con la poderosa voz bluesera y marcada por los falsetes que sus fans celebran. Para todos los que estaban reunidos en el local, escucharlo entonando con tanta energía pequeños clásicos como “Two Headed Dog”, “Cold Night for Alligators” y “Night of the Vampire” fue ya un motivo de completa felicidad.

Además, a diferencia de la gira anterior, el set incluyó canciones que no le habíamos escuchado en vivo pero que nos encantaron en las grabaciones, como “Bermuda”, “The Wind and More” y “Creature with the Atom Brain”, interpretada incluso con sus emblemáticos acordes de teclado. La única que faltó fue “Bloody Hammer”, otra de nuestras favoritas; pero lo presentado fue suficiente como para apreciar las virtudes de un estilo que, en medio de sus coqueteos con el heavy metal y con el punk, resultó siempre pegajoso y redondeado por melodías inolvidables.

Sin embargo, y a diferencia también de las dos veces anteriores en que lo hemos visto, Roky no se animó a hacer solo alguno en la guitarra que cargó casi todo el tiempo,  dejando esa labor (que de todos modos nunca hizo de manera frecuente) en manos de otro. La banda contaba con varios instrumentistas y hasta con un corista, que no fue realmente imprescindible, pero que sí tuvo que cubrir los espacios en los que el amo de la fiesta se quedaba simplemente callado.

No sabemos realmente si Erickson disfruta de lo que hace; en varios momentos, notamos en su rostro desconcierto y hasta un atisbo de sufrimiento. Casi al final, se quitó la guitarra de encima, lo que nos hizo pensar que quería  dedicarse simplemente al canto; pero parece que se trataba de una señal de cierre, porque inmediatamente después, sus músicos decidieron clausurar la faena con una rendición de “You’re Gonna Miss Me” que, por más entusiasta que resultó, demostró que el asunto no daba para más. Sea como sea, todo el mundo salió de El Rey con el orgullo de haber visto a una leyenda viva a la que hasta hace poco se daba por perdida.

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Antes de Roky, el mismo tabladillo fue ocupado brevemente por The Night Beats (en la foto de arriba), una joven banda de Seattle que ofreció una enérgica demostración de psicodelia y de 'garage rock' fuertemente marcada por la escuela de los Elevators y con ocasionales atisbos de los Stooges. Mientras los veíamos, y en vista de que no se nos dio información alguna sobre la nueva banda de Erickson, pensábamos que ellos iban a ser los encargados de acompañarlo, y la idea no nos molestaba, porque tocaron con mucha más pasión rockera que Okkervil River y la nueva banda del protagonista de la noche, que no lo hizo nada mal, pero a la que le faltó el desenfreno típico de The Aliens, el combo ochentero con el que Roky registró sus mejores esfuerzos como solista.

Lean más sobre Roky en Wikipedia.