Reseña del concierto de RODRIGO Y GABRIELA en el Hollywood Palladium
Texto y fotos: Sergio Burstein

Rodrigo Sánchez y Gabriela Quintero son mexicanos, pero eso es algo que resultaría difícil de saber si se apreciara sólo su música, sin referencia biográfica alguna. A fin de cuentas, lo que muestran en sus grabaciones -y en los escenarios de todo el mundo que recorren- no tiene relación alguna con los estilos que se espera encontrar en los artistas procedentes del país vecino: no interpretan nunca rancheras, música norteña ni cumbia.
Eso es probablemente lo que hizo que la presencia latina no resultara tan evidente durante el concierto completamente lleno que ofrecieron el sábado pasado en el Hollywood Palladium de Los Angeles; los hispanos estaban sin duda por ahí, pero lo que se podía ver a primera vista era una multitud de jóvenes, probablemente anglosajones, con apariencia de rockeros alternativos. Es que Rodrigo y Gabriela (el nombre oficial del dúo) tienen una propuesta particularmente interesante: podrían parecer españoles por el generoso uso que hacen del flamenco, pero tocan con un poderío y una técnica que, como ellos mismos han declarado, provienen de la escuela ‘metalera’ con la que se iniciaron de adolescentes. Y eso no es todo: en su disco más reciente y en su nueva gira, vienen acompañados por un conjunto -C.U.B.A.- que le está dando un fuerte sabor afrocaribeño a su oferta habitual.
Los dos mexicanos, que se dedican casi todo el tiempo a interpretar sus guitarras acústicas, demostraron en el concierto aquí reseñado que se encuentran ahora interesados en brindarle diversidad a sus actuaciones. La última vez que los vimos, dos años atrás, se valieron únicamente de sus dos instrumentos para armar un show que también impresionó, pero que tuvo un carácter mucho más íntimo, ya que se desarrolló en un club pequeño (el Troubadour). Con esta formación, parecen decididos a probar que pueden hacer un espectáculo no sólo más grande, sino también más ambicioso y más comercial.
En ese sentido, el sonido de RyG en el Palladium resultó más accesible que el del pasado, sobre todo cuando la nueva sección de vientos se enfrascó en una serie de arreglos melódicos que llegaron a recordar a las cortinas musicales de los programas televisivos latinos de los 80. Pero limitar lo que se escuchó a una declaración de este tipo significaría quitarle valor a C.U.B.A., un excepcional grupo conformado por varios músicos de la isla que son todos unos virtuosos y, sobre todo, unos instrumentistas sumamente versátiles.
En medio de los recursos eminentemente rumberos de los dos guitarristas y de sus frecuentes alusiones a sonidos del Oriente Medio, sus acompañantes fueron no sólo capaces de introducir elementos propios de su folklore de origen (como el son y la guajira), sino también toques de jazz y de rock progresivo, brillantemente provistos por su bajista y su tecladista.
Como ocurre con todas las presentaciones instrumentales, resulta difícil distinguir el título de cada pieza interpretada, lo que se ve incrementado por el hecho de que muchas de las canciones llegaron alteradas por efusivos ‘jammings’; pero, por supuesto, esto no le quitó una pizca de gozo a la música que se escuchó. En términos generales, podemos decir que no faltaron “los éxitos”; “Area 52”, el nuevo álbum de RyG, es una suerte de recopilación de sus composiciones pasadas, a las que se las ha agregado los aportes de C.U.B.A., por lo que estuvieron presentes en Hollywood cortes como “Santo Domingo”, “Juan Loco” (al inicio) y, por supuesto, “Tamacún” (al momento del cierre). Pero el primer corte de la noche -y el momento más inesperado- fue “The Pot”, original del grupo de metal progresivo Tool.

Sánchez y Quintero no son ningunos puristas y, por lo tanto, sus composiciones saltan fácilmente de un género a otro, aunque es indudable que el recurso básico (y un tanto repetitivo) es de la rumba. Sin embargo, su digitación de las cuerdas viene del ‘thrash’, y su potencia, sumada a los rapidísimos solos del primero, le brindan a la performance un claro aroma rockero, acentuado por el estilo de la segunda, que golpea frecuentemente la madera de su guitarra para generar un contundente aspecto percusivo.En el pasado reciente, la colaboración de los dos parecía suficiente como para ‘llenar’ el ambiente musical de sus conciertos; con la suma de la banda, las posibilidades han crecido, pero se les ha quitado también protagonismo.
No se trata de un problema mayor, claro, porque no todo el espectáculo actual se desarrolla del mismo modo; en este caso, por ejemplo, el grupo de acompañantes tuvo varios minutos de lucimiento individual, pero se retiró también frecuentemente para que los guitarristas brillaran por cuenta propia, y ambos tuvieron la oportunidad de ofrecer solos separados. El de él vino acompañado por pedales de efectos, digitaciones imposibles y escalas tipo King Crimson, y el de ella le dio preferencia al ritmo, al blues y al rock’n’roll ‘garajero’.

Cerca del final, RyG buscaron acentuar su lado agresivo, y lo lograron con creces al invitar al escenario a John Tempesta, uno de los bateristas más legendarios del metal (ha tocado y grabado con Exodus, Testament, Rob Zombie y, recientemente, con The Cult). Como todo un experto en las lides del rock pesado y del doble bombo, Tempesta le brindó un enorme poderío a la velada, y fue también capaz de reproducir las pautas tropicales que se le exigían, lo que resulta una verdadera sorpresa cuando se consideran sus credenciales estrictamente anglosajonas y rockeras.
En otros momentos, Rodrigo dio cuenta adicional de su vocación metalera, al tocar breves fragmentos de canciones de Megadeth y de Guns N’ Roses; sin embargo, durante el único tema que lo encontró a cargo de la guitarra eléctrica, reveló una impronta mucho más cercana a Santana, ante de darle paso a solos sucesivos de los distintos músicos que se encontraban sobre la tarima.
La presentación se cerró cerca de la medianoche, luego de una hora y media de fiesta, con el bienvenido añadido de unos arreglos propios del ska en "Tamacún". Ya para entonces, R&G habían deslumbrado, entretenido y hecho bailar intensamente a la numerosa concurrencia.



















