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Abr
28

Reseña del concierto de OPETH y MASTODON en el Anfiteatro Gibson de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Nada como una buena noche de rock pesado para calentar el fin de semana, y si se da en un local amplio con sonido excelente, mejor aún. Claro que si, se les plantea una definición tan sencilla, los integrantes de las tres bandas que participaron en el concierto del jueves pasado dentro del Anfiteatro Gibson (Opeth, Mastodon y Ghost) se mostrarían en desacuerdo; y nos les faltaría razón, porque todas ellas desafían las categorías estables.

Esto resultó más evidente con el paso de las horas y de los grupos, porque Opeth, el último en subir a la tarima, fue el más ecléctico y sorprendente. Para ser sinceros, no sabíamos mucho de él (fuimos a este show atraídos por Mastodon), e imaginábamos que se trataba de un combo de black metal escandivo moderno, es decir, de esos que poseen voces guturales, le cantan a Don Sata y llevan teclados. No estábamos completamente equivocados, porque además de que es sueco, claro, su penúltima canción del set, “Demon of the Fall” -proveniente de su primera etapa, a mediados de los 90-, respondió completamente a los parámetros recién citados; pero se trató de una excepción en su repertorio, hasta el punto de que la respectiva interpretación parecía provenir de una banda completamente distinta.

En realidad, si se insiste con lo de las clasificaciones, el Opeth del 2012 puede ser descrito como un conjunto de rock progresivo con pinceladas de metal clásico. La mejor prueba de ello estuvo en el tema “Slither”, que el carismático cantante y guitarrista Mikael Åkerfeldt presentó como una pieza de tributo al desaparecido Ronnie James Dio, y que a pesar de ser una creación propia, recordó profundamente a Rainbow, la banda de mediados de los 70 en la que militó el fallecido, con todo y su sonido característico de teclados.

opeth-gibson_2Aunque es indudable que sus letras ostentan fuertes referencias satánicas (su primera composición de la noche fue “The Devil’s Orchard”), en el plano musical, estos europeos tienen una indudable fijación ‘progre’ y psicodélica que no parece incluir casi ningún referente contemporáneo, hasta el punto de que, fuera del ocasional toque de black metal, lucen como unos rockeros de mediados de los 70 que fueron congelados por un científico loco y relanzados súbitamente al mundo actual. Los que se encuentren obsesionados con las tendencias modernas se aburrirán probablemente con ellos, pero los que aprecien la escuela que practican (entre los que nos contamos) pasaron sin duda grandes momentos durante su presentación, porque, además de contar con un soberbio arsenal de creaciones de lo más ‘trippy’, estos tipos son unos instrumentistas notables, y los grandes solos del guitarrista principal Fredrik Åkesson -tan melódicos como complejos- deberían dejar satisfecho al ‘metalero’ más exigente.

En términos de audiencia, lo más llamativo y saludable es que un grupo tan atípico y tan poco comercial como éste sea capaz de llenar un auditorio de 6 mil personas y de convocar principalmente a un público tan joven como el que se observaba en los asientos del Gibson. Este simple hecho hace que uno vea con esperanza el futuro del rock por estos predios.

Mastodon, que estuvo antes en la misma tarima, apela supuestamente a influencias parecidas, ya que sus miembros -como se puede leer en esta entrevista que les hicimos- han declarado en más de una ocasión la admiración que sienten por bandas como Yes y Pink Floyd, plasmada de hecho en sus producciones discográficas (son cinco hasta el momento). Pero, en vivo, el cuarteto de Atlanta no deja tan en claro sus tendencias progresivas, ya que, en medio de sus complejos cambios rítmicos, sostenidos por el increíble baterista Brann Dailor, se muestra esencialmente como una agrupación de metal en la que sí entran a tallar elementos musicales mucho más modernos.

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Por ese lado, el mejor ejemplo fue probablemente “Curl of the Burl”, un corte de su más reciente álbum, “The Hunter” (2011), que además de ser bastante radiable, posee unas armonías vocales que remiten rápidamente a las de Alice in Chains. Pero eso no convierte a Mastodon en un exponente directo del ‘grunge’, del mismo modo en que sus coqueteos con el rock duro no lo hacen necesariamente un representante fiel del ‘stoner rock’, que se encuentra también por allí; por lo general, mientras lo escuchábamos durante la noche del jueves, sentimos que posee más afinidad con el Metallica antiguo, no sólo por sus ocasionales incursiones en el ‘thrash’ y en el ‘power metal’ (como ocurrió en el tema “Spectrelight”), sino sobre todo por el fraseo de Troy Sanders, quien además de tocar el bajo, es uno de los tres encargados de la voz principal.

A diferencia de Opeth, cuyos músicos se comportaron en el escenario con un relajamiento acorde con su música actual, los Mastodon resultaron mucho más fieros e imponentes, mostrando con ello una vertiente particularmente ‘heavy’ de la misma combinación que podrá resultar quizás monótona para los seguidores del último grupo, pero que complace de mejor modo los intereses de los ‘headbangers’.

Nuestra abultada agenda laboral nos impidió llegar a tiempo para ver a Ghost, la banda también sueca que abrió el evento; y créannos que lo lamentamos, porque nuestra investigación previa nos permitió saber que se trata de una agrupación que, además de salir a escena disfrazada con máscaras y misteriosos trajes de monjes medievales, remeda con eficacia el estilo de Mercyful Fate, una legendaria y entretenida institución danesa del metal oscurantista que recordamos con mucho cariño. Será para la próxima.

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