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Jun
01

Reseña del concierto de JACK WHITE en el Wiltern Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Estamos seguros de que hay muchos que todavía lamentan la desaparición de The White Stripes, el dúo de guitarra y batería que se separó oficialmente en febrero del 2011. Pero es necesario reconocer que Jack White (encargado tanto del instrumento de cuerdas como de la voz en dicho proyecto) era mucho más que la mitad creativa e interpretativa del conjunto; de hecho, no faltan los que creen que el otro cincuenta por ciento físico, Megan White, ni siquiera sabía -ni quería- tocar bien su instrumento.

Sea como sea, y se piense lo que se piense (la banda le daba mucho al ‘garage rock’, cuya gracia se encuentra justamente en su aspecto desprolijo), Jack ha mostrado su talento y su impresionante versatilidad a través de un sinnúmero de aventuras musicales, entre las que se encuentran The Raconteurs, The Dead Weather y, ahora, su propia carrera como solista, que se acaba de plasmar en “Blunderbuss”, un álbum muy bien recibido.

White2Bajo esas circunstancias, el hombre tiene mucho material disponible, sobre todo porque mete permanentemente mano en la composición de lo que se encuentra haciendo.  Por lo tanto, durante la velada de ayer en el Wiltern Theatre (la primera de dos presentaciones completamente vendidas), no tuvo que preocuparse por ofrecer demasiado de un disco nuevo que pocos conocen todavía de manera exhaustiva, sino que dispuso de un arsenal generoso para la elaboración de un listado de canciones que, tras cerca de una hora y media de duración, daba para más.

En aras de su independencia creativa, Jack dejó de lado la estrategia que emplean masivamente los grandes artistas que giran, es decir, la de mantener un número de temas determinados en el mismo orden para todos los conciertos, e interpretó prácticamente lo que le dio la gana, algo que le complica mucho la tarea a quienes -como nosotros- pretenden reseñar alguna de sus presentaciones, pero que le da por otro lado un aire completamente impredecible a lo que presenta.

A diferencia de otras actuaciones recientes, no dividió tampoco el show en dos partes, una de ellas con la compañía de una banda completamente femenina y la otra al lado de un grupo conformado sólo por varones. Eso fue una lástima, porque nos quitó la posibilidad de ver en acción a las fieras instrumentistas que hemos observado ya en varios videos recientes; pero no tenemos queja alguna en cuanto al desempeño de los caballeros que sí estuvieron, y que en medio de la efectiva tormenta eléctrica que desataron, le dieron también paso a los sonidos acústicos del contrabajo, de la mandolina y del violín.

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Para probar que su placa en solitario podrá tener momentos muy plácidos, pero que lo suyo sigue siendo el rock’n’roll, Jack rompió fuegos con un estruendo sonoro que fue sucedido de inmediato por “Black Math”, un guitarrerísimo corte de los Stripes. La sombra de su emblemático combo estuvo siempre rondando por allí, ya que si bien no incluyó en la ofrenda “Seven Nation Army”, su corte más conocido (que sí ha tocado en algunas fechas de esta gira), sumó al de arriba “Hotel Yorba” (mucho más inclinado al ‘country’) , “Dead Leaves and the Dirty Ground” (súper pesada y setentera), “We’re Going to Be Friends” (en su vertiente acústica original) y “Balls and Biscuits” (convertido en la excusa perfecta para un estupendo ‘jammin’ que cerró la noche con incontenible furia).

White no  llena todas sus canciones de solos, pero, cuando lo hace -como en el caso de la canción recién citada-, asume un innegable aire de ‘blues sucio’ que lo lleva a recorrer las escalas de su instrumento con una contundencia y un desparpajo que resultan absolutamente necesarios en tiempos de música prefabricada como los que vivimos. Se trata, a fin de cuentas, de un músico que, a pesar de su popularidad, mantiene el estilo que busca sin sonar siempre ‘retro’, porque añade por aquí y por allá pinceladas casi imperceptibles de modernidad (nos pareció en un momento dado que estaba ‘rapeando’, aunque cante por lo general como si fuera un Robert Plant descuidado).

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Ayer, su acercamiento a The Raconteurs tampoco fue el esperado, porque en vez de interpretar “Steady as She Goes”-como lo ha hecho en otros shows recientes-, recurrió a “Top Yourself”, un tema mucho menos ‘popero’ y mucho más bluesero, en el que se lució su excelente baterista nuevo. Tampoco faltó una probadita de The Dead Weather, aunque ésta sí llegó con un toque más distintivo, ya que se trató de “I Cut Like a Buffalo”, una pieza bastante conocida (para quienes saben de esa agrupación, claro).

En medio de todo, el “Blunderbuss” también encontró una respetable cabida, y resultó incluso capaz de darle a la presentación su aspecto más atípico, ya que White tuvo que sentarse el piano para “Take Me With You When You Go”, que gozó inicialmente de un sabor particularmente jazzeado y relajado, aunque terminó también metido en las estridencias del rock.

Y las dos piezas siguientes del mismo álbum que se escucharon, “Freedom at 21” y “Sixteen Saltines” (que es justamente en la que encontramos ciertas inflexiones ‘hip-hoperas’), llegaron muy marcadas por el hardrock de viejo cuño. Ninguna queja por ahí, por supuesto, porque la propuesta de Jack es una que podríamos recibir gustosos en cualquier momento del día... o de la noche.