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Jul
21

Reseña del concierto de NOVALIMA en el Conga Room de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Fuera de sus conocidas virtudes gastronómicas, el Perú tiene una serie de ritmos y estilos de lo más sabrosos, pero que han tenido históricamente una difusión internacional sumamente limitada, sobre todo si se los compara con el folklore de otras naciones latinoamericanas, desde la ranchera hasta el vallenato.

Aunque queda mucho por hacer, las cosas empezaron a cambiar en los últimos años, debido no sólo a las presentaciones estadounidenses de Eva Ayllón, que se mantiene todavía de algún modos en los cauces de la tradición, sino también a los esfuerzos procedentes de la cada vez más aceptada fusión. Bareto, que popularizó en estratos acomodados los sonidos de la cumbia pobre, se encuentra a punto de lanzar su nuevo álbum por estos lares, luego de presentarse el domingo pasado en el festival El Perú Viene a Ti (les ofreceremos la reseña en unos días); y las cadencias afroperuanas han llegado a territorios insospechados al encontrarse con la electrónica en la propuesta de Novalima.

Lo interesante es que, al igual que Bareto, los fundadores de Novalima no vienen de los barrios marginales en los que se inició el estilo folklórico que emplean con generosidad. Y tampoco de la misma escuela musical, porque a principios y mediados de los 90, todos ellos formaban parte de agrupaciones como Curriculum Mortis (que, créanlo o no, tocaba death metal) y, posteriormente, tanto El Avispón Verde como Circo Ficción (firmemente ancladas en el rock progresivo). Los radicales rockeros –de los que probablemente quedan pocos- podrán considerar que lo que hacen ahora es una traición o algo por el estilo, pero escuchar cualquiera de sus cuatro producciones discográficas y verlos en vivo, como ocurrió el jueves pasado en el Conga Room, es darse cuenta de que esto está hecho no sólo con respeto, sino también con indudable creatividad.

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En primer lugar, estos músicos blancos (Ramón Pérez Prieto, Grimaldo Del Solar, Rafael Morales y Alfonso Montesinos) vienen acompañados por la cantante Milagros Guerrero, el cajonero Juan “Cotito” Medrano y el percusionista Marcos Mosquera, tres artistas afroamericanos que, además de darle legitimidad al segmento orgánico del proyecto, son extremadamente talentosos.

El lado tradicional estuvo siempre presente, plasmado por ejemplo en su reactualización de la marinera peruana “Concheperla”, tema de apertura del set, interpretado mientras la pantalla del local mostraba imágenes de este vistoso baile (que, dicho sea de paso, no es ‘afro’), o en la recreación del popular corte “Ruperta”, matizado con atractivos aires de reggae y de dub; pero los pilares de Novalima son también compositores, una faceta que se ha visto acentuada en su más reciente trabajo, “Karimba”, en la que Del Solar (que en el escenario ocupa un lugar discreto tras los secuenciadores) firma la letra de “Mamaye”, una canción que se escuchó en el Conga y que habla con verosimilitud de los pesares de una esclavitud a la que ni él ni sus antepasados estuvieron sometidos.

Pero los mensajes son lo que menos se nota en una presentación en vivo, claro, por lo que las posibilidades mayores de gozo llegaron a través del lado musical, con una presencia electrónica que se ponía en primer lugar en ciertos momentos, pero que nunca resultaba pesada ni intrusiva, y que le dio más bien pie a los aportes de distintos géneros, como la salsa que se inmiscuyó en “Bandolero” y “Diablo”, así como el funk que circuló libremente entre pieza y pieza -y que podría recordar ocasionalmente al estilo del grupo mexicano Kinky-.

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Guerrero, que es una cantante extraordinaria, le dio el peso y la intensidad necesaria a todas las partes vocales, que no se hicieron nunca extrañar, y el ritmo implacable de sus compañeros Medrano y Mosquera reforzó la sensación de raíz. Incluso en medio de sus teclados y de sus tretas de DJ, la música de Novalima conserva un aspecto orgánico que tiene además que ver con el hecho de que cuenta con una guitarra eléctrica (a manos de Morales) y un bajo (soberbiamente interpretado por Montesinos). En determinados momentos, y cuando uno menos lo esperaba, el sonido adquiría las intenciones propias del ‘progressive house’, pero sin perder nunca su carácter acústico.

La audiencia agradeció cada esfuerzo, bailando con entusiasmo y haciendo incluso esos ‘trencitos’ que revelan los mayores ánimos festivos, a pesar de que el concierto empezó muy tarde para los parámetros conservadores de horario de la ciudad angelina, sobre todo en un día de semana. Durante el corte final, “Festejo” -que es el primer sencillo del álbum “Karimba”-, un generoso contingente femenino se subió a las tablas para bailar al lado de los músicos.

NL4Antes de Novalima, la tarima fue ocupada por Jungle Fire, un conjunto local en el que figuran músicos que han trabajado con Ozomatli y de La Santa Cecilia, y que a pesar de no mostrar el eclecticismo de sus sucesores en el mismo auditorio, ofrecieron un funk instrumental de influencia latina que se mostró intenso, animado, perfectamente interpretado y, sobre todo, poco concesivo con las tendencias radiales de moda, lo que para nosotros es un agregado de particular valor.

Lo hizo con un justo y contundente manejo de timbales, congas, vientos y, por supuesto, el marcado estilo de Judson McDaniel en la guitarra eléctrica. Se trata de un conjunto al que hay que seguirle la pista de cerca y que, a pesar de tener varios temas en Internet, no parece contar todavía con una grabación oficial.