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Sep
26

Reseña del concierto de THE HIVES en el Wiltern Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Su momento de mayor brillo comercial en los Estados Unidos fue a inicios de los 2000s, después de que se distribuyera por acá “Veni Vidi Vicious”, el segundo álbum de su carrera, que impuso en los gustos de la audiencia rockera títulos como “Main Offender” y “I Hate to Say I Told You So”. Y, contrariamente a lo que se podría pensar, el paso del tiempo no parece haber mermado en absoluto las cualidades energéticas de The Hives sobre el escenario, sobre todo en lo que respecta a su asombroso e imparable vocalista 'Howlin' Pelle Almqvist, secundado por su hermano, el guitarrista Nichoulas Arson.

Claro que ese mismo paso del tiempo (que, a fin de cuentas, no es tanto) no ha hecho tampoco que los cinco suecos hayan decidido meterse en la música electrónica o hacer obras conceptuales sinfónicas. Aunque ya tienen tres EPs y cinco álbumes en su haber -el más reciente, "Lex Hives", se lanzó en junio de este año-, siguen tocando lo mismo de siempre, es decir, ese estilo de rock'n'roll acelerado, animado e irreverente que se conoce como garage punk, y cuyo 'revival' noventero los tuvo en roles protagónicos.

Hiv2En realidad, y con temor a equivocarnos, The Hives es probablemente la agrupación de dicho renacimiento que mejor se ha conservado, cuando menos en términos internacionales y en manifestaciones escénicas. A estas alturas, sus integrantes parecen estar tan acostumbrados a ofrecer espectáculos absolutamente electrizantes en la tarima que parecen encontrarse naturalmente condicionados a ello, aunque será interesante observar lo que pasará con ellos en el futuro.

Pero, por el momento, y en desmedro de que lo suyo es un reciclaje vitaminizado de la escuela setentera de Iggy and the Stooges y MC5 -y de que colocaron como fondo la imagen en blanco y negro de un marionetista loco que parecía definitivamente extraída de una vieja película, pero que en realidad era el mismo Pelle-, The Hives tienen sabor a presente, y así lo entendió la audiencia juvenil y entusiasta que llenó completamente las instalaciones del Wiltern Theatre, hasta el punto de que era difícil poder moverse entre la multitud.

No ocurrió lo mismo con Pelle, que a pesar de portar al igual que sus compañeros un formal traje blanco y negro (la estética tampoco ha cambiado), dio todos los brincos y patadas en el aire que se podían esperar, recordando a veces a Jagger y a veces a Iggy. E hizo todo esto sin afectar la calidad de su voz, que no será maravillosa, pero posee un registro muy alto y combina en partes iguales el gozo y la furia que se necesitan para que esta música sea a la vez entretenida y poderosa.

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Además de sus proezas físicas, Pelle es un auténtico 'showman' cuyas múltiples expresiones verbales de arrogancia -efectuadas en un inglés impecable- son definitivamente parte de su puesta en escena, aunque el incuestionable dominio que ejerce sobre el público es muy real y representa sin duda para él un motivo de placer ("hemos llegado al punto en el que ustedes harán todo lo que les digamos", dijo a la mitad del show; y no le faltaba quizás razón).

El asunto aquí es que resultaba fácil dejarse seducir por cortes tan frenéticos y pegajosos como "Come On", "Walk Idiot Walk", "My Time is Coming" y "Die, All Right!", en los que la falta de solos venía subsanada por llamativos riffs y ritmos trepidantes.

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La música de The Hives podrá ser a veces repetitiva (el nuevo sencillo "Go Right Ahead", que se escuchó casi al final, no es lo mejor de su cosecha), pero no resulta nunca aburrida, como no lo fue tampoco el acto final de sus integrantes, que durante la interpretación de cierre de "Tick Tick Boom" hicieron que todo el mundo se sentara para admirarlos en toda su gloria.

Antes de los europeos, las mismas tablas recibieron a Fidlar, una banda angelina de culto que para muchos pasó desapercibida, pero que causó un pequeño e intenso 'slam' entre los entendidos y se paseó cómodamente entre el punk californiano y el hardcore agresivo, mientras cantaba sobre sustancias ilícitas y esas cosas que para algunos son tan divertidas.

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