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Oct
03

Reseña del concierto de ACCEPT y KREATOR en el Grove de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Musicalmente, muchos recuerdan a los 80 como una época plástica en la que se escuchaba pop sintético y glam rock anodino. Y aunque no les falten razones para pensarlo, la misma década vio también la gestación de algunas de las corrientes menos complacientes y más radicales en el mundo del rock hasta el día de hoy, es decir, el hardcore, el death y el thrash metal, así como el afianzamiento de escuelas del heavy que siguen siendo respetadas hasta el día de hoy.

La noche del jueves pasado en el Grove de Anaheim estuvo protagonizada por dos de esos tres estilos, aunque el mayor punto en común fue la procedencia de las bandas principales, Accept y Kreator, fundadas en Alemania y representantes de una era que ambas lograron sobrevivir con fiereza, pero también con varias bajas.

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La ausencia más evidente es la que se nota en Accept, una banda que, al reunirse en 2009, tras varios reencuentros y separaciones, lo hizo sin Udo Dirkschneider, uno de los vocalistas más emblemáticos de la escena debido a una poderosa y aguda voz que contrastaba con su reducido tamaño. Pero, en medio de sus comprensibles pesares, los fans del grupo saben bien que Accept es más que Udo, y que su brillo instrumental le debió siempre mucho al ataque conjunto de dos guitarras, realzado en el nivel solista por Wolf Hoffmann.

La buena noticia aquí es que Hoffmann todavía está a bordo y, sobre todo, que a los 52 años de edad, sigue tocando de manera impresionante y se mantiene en un estado físico extraordinario, a pesar de que ya no tiene ni un solo pelo sobre la cabeza. A lo largo de todo el set que le correspondió, el músico mostró un ánimo indesmayable y un gran gusto para los solos, sin incurrir necesariamente en las exhibiciones de velocidad inaudita que caracterizan a muchos de los llamados 'guitar heroes', pero dando cuenta de ese gran sentido de la melodía que se traduce en interpretaciones enérgicas y entretenidas.

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Uno de los grandes méritos de esta versión de Accept es que no se ha producido únicamente para aprovechar la inevitable nostalgia, ya que, en sólo tres años de existencia, ha dado ya a luz dos álbumes, “Blood of Nations” (2010) y “Stalingrad” (2012), lo que demuestra el interés de sus integrantes por mantener el proyecto activo, vigente y relevante, ya que ambas placas han recibido comentarios muy positivos por parte de la prensa especializada.

En ese sentido, ver a estos tipos sobre el escenario, desgranando potentes temas mientras practicaban esas poses conjuntas que distinguen también a Scorpions y Judas Priest, fue una experiencia gozosa, a pesar de que no parecen ser precisamente ídolos de masas en Orange County y de que el amplio recinto en el que tocaron no se llenó ni a la mitad (a diferencia de su faena de un día antes en el Avalon de Hollywood, a la que no pudimos asistir por tener otra asignación). Pese a la dolorosa ausencia de público, Accept hizo lo suyo con vigor y muy buen ánimo, respetando la longitud de su acto y el repertorio de una gira que incluye muchos temas clásicos (entre ellos, “Restless and Wild”, “Metal Heart”, “Fast as a Shark”, y, por supuesto, “Balls to the Wall”), pero también numerosos cortes nuevos (como “Hung, Drawn and Quartered”, “Hellfire” y “Shadow Soldiers”).

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Como ya lo dijimos, la falta de Udo es un factor de pesar, ya que su sola presencia resulta ahora legendaria. Y aunque Mark Tornillo, el cantante actual, no lo hace nada mal (es más: su voz se acerca a veces a la del mejor Udo), no pudimos evitar imaginarnos que nos encontrábamos ante una suerte de imitador de Brian Johnson, mientras que su origen estadounidense lo llevó a dar un discurso sobre la supuesta labor de los 'marines' en defensa de nuestras libertades que resultó particularmente innecesario en el show de un conjunto que reclama nacionalidad teutona.

La banda de fondo, Kreator, practica un estilo muy diferente al de Accept, pero contó también con seguidores incuestionables en la sala, como quedó plasmado en los gritos intencionalmente infernales del público que clamaban por su presencia antes de que ésta se produjera. Una vez que ocuparon la tarima, los cuatro músicos ostentaron de inmediato una propuesta abiertamente distinta a la de los rockeros que los antecedieron, empezando por la disminución de la iluminación disponible y por el empleo masivo de una máquina de humo que le dio al asunto un tono incluso más brumoso.

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A diferencia de Accept, que lo antecede históricamente por más de 10 años, Kreator nunca ha tenido recesos y sigue estando encabezado por su vocalista original, Miland “Mille” Petrozza, quien se encarga también de una de las dos guitarras; pero, a semejanza de sus compatriotas, sus presentaciones actuales muestran una generosa combinación de temas actuales y antiguos, un lujo que puede darse porque su más recientes producciones, “Hordes of Chaos” y “Phantom Antichrist”, datan respectivamente del 2009 y del 2012.

Musicalmente, el cantar es literalmente otro, ya que “Mille” entona sus letras con un tono gutural que va de la mano con un contenido orientado hacia temáticas oscurantistas y anticristianas, como se hizo evidente en los títulos de canciones como “Phantom Antichrist” y “Enemy of God”, que se escucharon en los primeros minutos de su actuación, y que sin dejar de lado esa agresividad proverbial de los 80, mostró la evolución de años recientes, orientada hacia un sonido menos abrumador y unos riffs más atractivos.

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Claro que, en medio de sus incursiones a veces modernas, Kreator se encuentra todavía lejos de ser un grupo técnico, y “Mille” parece estar orgulloso de la escuela primitiva, que se impuso no sólo en la gran cantidades de canciones viejas que se presentaron (entre ellas, las emblemáticas “Endless Pain”, “Pleasure to Kill” y “Flag of Hate”), sino también en sus solos efectivos pero simples.

Esto puede hacer que su estilo no atraiga demasiado a los cultores del death casi progresivo que se generó en los 90, mientras que otros considerarán quizás que las palmaditas que el mismo “Mille” dio en determinado momento para incentivar al público no son dignas de un metalero de verdad. Pero a nosotros nos convenció en cambio el feliz encuentro con el hardcore (que algunos llaman “crossover”) que se produjo en temas como “Death to the World” y “Violent Revolution”.

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