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Oct
13

Reseña del concierto de MADONNA en el Staples Center de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein/ Foto: Arturo García

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En sus primeros años de carrera, muchos la veían como un fenómeno efímero del pop al que le daban pocos años de vida, aunque los más perceptivos notaban ya que su irreverencia y sus proclamas sobre la emancipación sexualidad femenina podían dejar una huella imborrable.

Lo cierto es que, tres décadas después de la edición de su primer sencillo, Madonna se ha convertido no sólo en una leyenda viva de la música contemporánea, sino en una figura artística que, en medio de la inevitable nostalgia que genera, intenta no depender nunca de ésta, ya que se encuentra siempre en busca de nuevas rutas creativas, en las que incluye el lanzamiento permanente de discos y canciones nuevas.

Ese es un lujo al que no nos tienen acostumbrados muchos de los músicos anglosajones de la viejo guardia, que sacan álbumes cada muerte de obispo y dependen fuertemente en sus conciertos eventuales de los éxitos del pasado. En cambio, desde el 2000, Madonna ha presentado ya cinco trabajos completos, de los 12 que conforman su discografía, y la faena que ofreció anteayer por la noche en un repleto Staples Center (como parte de su segundo show en dos días en el mismo recinto) la encontró incorporando generosamente canciones recién horneadas.

Madonna2Claro que esto no quiere decir que lo más nuevo sea lo mejor, aunque la determinación dependa de diversos criterios. Para algunos, “MDNA”, el disco que salió en marzo de este año, es un nuevo escalón de progreso en su experimentación con la música electrónica, mientras que, para otros, se trata de un título de ‘techno’ disforzado y vacío. Nosotros creemos que, como ha ocurrido en muchos momentos de su trayectoria, se trata de una obra llena de altas y bajas que refleja la esencia de su autora, una mujer desafiante y talentosa que no es un genio, pero que sí completamente capaz de alcanzar cumbres a veces sublimes.

Curiosamente, la presentación del jueves fue por el mismo lado, aunque la sentimos bastante más estridente y populista que la que vimos en el mismo auditorio hace casi una década, cuando se encontraba metida en el ‘trip-hop’ y fabricaba un espectáculo de tinte particularmente fino y elegante. Pero nada de esto la ha llevado a despojarse de los impresionantes ropajes propios y escenográficos que saca siempre a relucir, como lo probó desde el primer minuto en el que se descorrió el telón, cuando el estrado entero parecía haberse convertido en una catedral en la que unos monjes misteriosos bamboleaban un inmenso sahumerio.

Y ése fue sólo el inicio de una actuación que, más que inscribirse en los términos de un concierto convencional, lucía como una combinación de musical, teatro y circo de acrobacias, creando sensaciones que hicieron extrañar el uso de elementos más orgánicos (de hecho, los instrumentistas casi no se pudieron ver, ubicados en la parte trasera y muchas escondidos tras elementos escenográficos), pero que dieron por otro lado cuenta de una vocación artística incuestionable.

Más que ser una cantante, Madonna es una ‘performer’ que, a sus 54 años de edad, es capaz de bailar intensamente y de usar su cuerpo de una manera altamente expresiva para revelar emociones intensas, aunque en esta ocasión lo haya hecho en desmedro de su manejo vocal, que llegó muchas veces -demasiadas, en verdad- cubierto por un ‘auto-tune’ innecesario (y ausente en las grabaciones originales).

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Esta decisión puede tener que ver con el hecho de que, en los últimos tiempos, la mujer se ha metido de lleno en los terrenos del ‘techno’ más puro y duro, es decir, una escuela que no practicaba antes y que le ha dado un ímpetu adicional, pero también un engañoso aire adolescente a una propuesta que podría resultar mucho más seria. Para decretarlo, se encontraron allí varios temas recientes, como “Girl Gone Wild”, “Revolver” y “Gang Bang”, cuya artificialidad y estruendo hubieran resultado incluso menos tolerables si es que no hubieran llegado acompañados por unas increíbles puestas en escena que, en el tercer caso, hallaron a la dama de marras en un cuarto de motel mientras agarraba a balazos a varios contrincantes masculinos, incluyendo a un ninja volador, lo que podría ser analizado como una manera de canalizar su disgusto con su ex esposo, el director de cine Guy Ritchie.

“I Don’t Give A”, que grabó a dúo con Micki Menaj, tuvo a la afroamericana en ausencia, haciendo los coros ‘raperos’ a través de un video, mientras Madonna asumía una actitud y un estilo vocal muy ‘punk’ que parecía tan inmaduro como entretenido. Ya para entonces le habíamos perdido la pista a sus cambios de vestuario, que la llevaron a disfrazarse de porrista (otro afán por verse joven) para “Express Yourself”, cuya interpretación la encontró al mando de un sensual grupo de bailarinas y de una vistosa escolta de lo que parecían ser soldaditos de plomos inspirados en el antiguo cuento infantil, mientras apelaba a un fragmento musical de Lady Gaga que pudo ser tanto un reconocimiento como un reclamo de superioridad.

Madonna6En medio de la intensa sesión masiva de ‘breakdance’ que caracterizó a “Open Your Heart” (cantada con menos ímpetu melódico del esperado), le dio paso a una breve intervención de baile de Rocco, su hijo de 12 años; y cuando todo parecía ya un acto de pomposo egocentrismo, se tomó un respiro (porque no había parado hasta el momento) para hablar de su extensa carrera y agradecer a los presentes de manera sentida.

“No me tomo nada de esto a la ligera”, aseguró, ofreciendo luego un discurso en el que pidió a los asistentes responsabilidad al momento de votar (se sabe que es partidaria de Obama), así como respeto “por todas las religiones y culturas”, a pesar de que muchos momentos de su espectáculo parecían cuestionar con energía los dogmas de la iglesia católica.

Pero no había dejado todavía de lado la irreverencia, ya que luego de salir de la vista de todos para darle la palabra a un sugerente video en blanco y negro que la mostraba en ropa interior y en su mejor personificación de Marilyn Monroe, volvió a las tablas para permitir que las cámaras retrataran su bien contorneado trasero -casi completamente descubierto-, en el que llevaba escrito el nombre “Malala”.

Como lo hizo un día antes, este acto literalmente revelatorio le sirvió para rendirle tributo a una adolescente pakistaní del mismo nombre que acaba de ser atacada por una turba de talibanes debido a su prédica feminista. “Parece que va a sobrevivir”, agregó Madonna, para recibir aplausos y emprender de inmediato una conmovedora versión de “Like a Virgin” que desprendió completamente de su ritmo festivo para otorgarle un aire de balada triste en la que se acompañó únicamente con un piano y un violín, pero que interpretó deslizándose sinuosamente por el suelo, en una combinación abierta de su faceta de ‘performer’ con la de icono sexual que la ha distinguido desde los ‘80.

El cierre llegó con un video de tinte pacifista y mucho más ‘techno’, ya que en medio de “Like a Prayer” -uno de los cortes más populares de la protagonista de la velada-, le dio cabida a “I’m Addicted” y a “Celebration”, transformando nuevamente el estrado en una entusiasta pista de baile, aunque ya había pasado la medianoche y los concurrentes estaban pensando probablemente mucho más en el día de trabajo que se avecinaba que en mover el cansado esqueleto.

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