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Feb
17

Reseña del concierto de SOUNDGARDEN en el Wiltern Theatre de LA

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Con todo lo difícil que es vivir aquí, Los Angeles es la meca, al menos para asuntos tan importantes como el rock'n'roll. Pero al ir a un concierto trascendente, al menos si se trata de uno anglosajón, hay que saber que la hora proporcionada por el publicista será realmente la de inicio, al menos con una diferencia mínima, por lo que si una banda está anunciada para las 8 y 20 por la fuente oficial, hay que llegar a tiempo.

Si la banda es una leyenda del rock pesado que ya se ha visto antes, pero que gira ahora con un álbum nuevo bajo el brazo y debuta esta noche en la primera de tres fechas continuas en el reconocido Wiltern Theatre, lo mejor es tratar de librarse con cierta anticipación de la proverbial chamba de viernes para llegar algunos minutos antes y tener, al menos, la ocasión de refrescar la garganta brevemente antes de entrar a ver a un grupo que merece plenamente la preparación.

Y lo cierto es que, casi 30 años después de su formación y en un retorno a la actividad que no ha pasado desapercibido, Soundgarden sigue causando un enorme entusiasmo en el público californiano, como está demostrando el lleno total de sus tres presentaciones en el Wiltern.

Un lleno que, por cierto, dejó a muchos afuera, como el moreno con la mochila a cuestas con el que nos topamos en el camino de regreso de la 'liquor', que nos brindó una grata sorpresa al entonar para nosotros y otros parroquianos ocasionales una vibrante versión a capella de “Rusty Cage” que, sin ánimos de broma, no estuvo nada mal.

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Claro que la intención era ver a los originales, quienes, dicho sea de paso, empezaron más tarde de lo ofrecido, pero ofrecieron un set de casi tres horas que cubrió varias etapas de su larga carrera, dándole cabida a múltiples composiciones de su nuevo álbum, “Animal Kingdom”, que salió el año pasado.

A diferencia del inusual admirador callejero del que hablamos hace poco, Soundgarden se toma las cosas muy en serio, y eso hizo que su oferta en esta velada diera cuenta de algunos momentos que no resultaron necesariamente entretenidos, a diferencia de lo que ocurrió en la memorable actuación del 2011 en el inmenso Forum de Anaheim, que reseñamos aquí.

En esa ocasión, recién reunido y sin disco nuevo a la vista, el cuarteto de Seattle se sintió como el ave fénix del rock zeppelinesco, ya que colmó el lugar con una poderosísima selección de sus piezas más agresivas, coronadas por una potencia instrumental y vocal que, sinceramente, nos puso la carne de gallina, hasta el punto de que no recordamos haber apreciado una propuesta más pesada en una arena de este tipo.

Pero el Soundgarden de “Animal Kingdom” -que es el que se vio reflejado en el show de estas líneas- es el Soundgarden de la época inmediatamente anterior a la separación, es decir, uno bastante más calmado, lo que en teoría no debería ser un problema -la buena música no es siempre estruendo-, pero que afecta de algún modo el desempeño en vivo debido a que sus integrantes no son precisamente unos maestros de la performance.

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Cuando Chris Cornell militó en Audioslave -el Rage Against the Machine sin Zack de la Rocha-, que lo encontró desprovisto de su habitual guitarra rítmica, sus shows en vivo revelaban la falta de algo. Pero -y ésta es la conexión más importante con Soundgarden-, lo que ofrecían logró salir adelante por el simple hecho de que estamos ante un tipo que, además de ser un excelente cantante, es capaz de ofrecer melodías interesantes y originales de las maneras más insospechadas.

Por ese lado, con su repertorio más furioso o sin él, Soundgarden es algo digno de verse, aunque el cantante no se mueva mucho y el guitarrista Kim Thayil haga lo mismo mientras que -aquí viene la salvación-  desgrana unos riffs absolutamente memorables, secundados por las sólidas aunque no notables líneas de bajo de Ben Shepherd.

Además, sería absurdo perder de vista que, fuera de la evidente atención que ha generado Cornell con su estilo plenamente  tributario de Robert Plant -que no mostró flaquezas en el Wiltern-, Soundgarden llama la atención por la presencia de Matt Cameron, uno de los bateristas más notables de la hornada noventera, como lo ha venido demostrando desde 1998 al integrarse a Pearl Jam.

Por ese lado, Cameron probó su talento y energía en los tambores desde el corte de apertura, “Searching With My Good Eye”, puntal de una selección de temas que, a diferencia de la estrategia practicada por muchos, ha ido cambiando caprichosamente en cada presentación de la gira.

soundgardenwiltern2013Lo que sí parece ser constante es la insistencia en las canciones del nuevo álbum, que en el caso de “By Crooked Steps” y “A Thousand Days Before” han sido muy bien recibidos por unos fans que, en lo que respecta a este concierto, no correspondían necesariamente a los seguidores originales de la banda, lo que quiere decir que Soundgarden ha logrado cruzar exitosamente las a veces infranqueables barreras generacionales.

Tener incluso un tema -“Live to Rise”- en los créditos finales de una de las películas más taquilleras y más 'cool' del 2012 -“The Avengers”- es un detalle que resulta imposible de ignorar en cuanto a la conexión juvenil, por lo que su presentación a la mitad de la faena no era inesperada.

Por lo general, la interpretación de las pieza nuevas en el Wiltern no fue simplemente cumplidora; “Thousand”, por ejemplo, halló a Cornell libre de su guitarra y más expuesto por ello que de costumbre, pero enfrascado a la vez en algunos de sus falsetes más inspirados de la noche.

De todos modos, y con el respeto debido a la integridad artística, la madurez y todos esos asuntos propios de los artistas que llevan ya un buen tiempo en este negocio, hubiera sido deseable que Soundgarden le hubiera dado más cabida a temas más entretenidos, porque, aparte de la temprana y un tanto caótica versión de “Jesus Christ Pose”, las canciones aceleradas se demoraron en llegar.

Pero llegaron finalmente, claro, representadas por dos cortes del memorable álbum "Badmotorfinger” (1991) que, para quien escribe esto, son no sólo clásicos del grunge, sino de todo el rock: “Outshined” y “Rusty Cage”. En el segundo, Thayil dejó en claro que, sin ser un 'guitar heroe', es también capaz de generar entusiasmo con sus solos.

El cierre no pudo ser mejor, ya que llegó de la mano de “Slaves and Bulldozers”, una vieja canción de blues durísimo que encontró al grupo entero ostentando sus mejores dotes para la elaboración de ese estilo cavernario pero sugestivo que nunca pasará de moda. Si no fuera así, ¿por qué están tantos emocionados ante el próximo álbum del Black Sabbath (casi) original?

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