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May
28

Reseña del concierto de RAPHAEL en el Nokia Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Hace poco hicimos una reseña del concierto de los Rolling Stones en el Honda Center donde destacamos la increíble vitalidad de su cantante Mick Jagger, que a pesar de tener 69 años es un verdadero vendaval en vivo; y si bien el vocalista suele ser comparado normalmente con Iggy Pop, otro rockero veterano que sigue brincando en los escenarios como si fuera un jovencito, la experiencia de ayer nos ha demostrado que ambos tienen a un serio competidor dentro del mercado hispano: el español Raphael.

Ayer, durante su primera presentación en seis años en la ciudad de Los Angeles, hecha en el Nokia Theatre de L.A. Live, el divo de 70 años mostró una fortaleza vocal y un buen estado físico que generaron admiración permanente entre los asistentes. Pese a que los miembros de la audiencia se quedaron sentados durante casi todo el espectáculo (a fin de cuentas, eran mayormente personas de edad avanzada), ya casi al final, el clamor ante el talento indiscutible del artista se volvió evidente. Y nadie podría decir que el hombre se ganó la aprobación quedándose con los brazos cruzados.

Raphael_2A lo largo de casi tres horas, y sin retirarse nunca estratégicamente del escenario para dejar solo a su grupo y tomar un respiro -como lo hacen muchos otros-, el eterno “Niño de Linares” desgranó una abundante selección de su inmenso repertorio en la que no faltaron algunos temas de “Mi Gran Noche” -el nuevo álbum, que lanzó únicamente de manera digital-, pero que le dio énfasis a esas canciones que parecen encontrarse ya grabadas en las memorias de miles y miles de oyentes que crecieron con su música en toda clase de ambientes latinoamericanos. Sin embargo, lo más importante es que interpretó todo sin fallas ni debilidades, luciendo esa portentosa y operática voz que, a estas alturas, permanecerá probablemente con él hasta el final de sus días, así como lo harán sus llamativos movimientos y gestos, que recuerdan a veces los ademanes de un experto torero.

En el plano musical, no todos los fans quedaron completamente satisfechos, ya que Raphael prescindió de la orquesta y de los arreglos de metales que aparecen frecuentemente en sus grabaciones; pero, para nosotros, esta circunstancia –respaldada por el empleo de una banda de guitarra, bajo, batería, teclados eléctricos y piano- brindó no sólo la posibilidad de  que su voz se luciera mucho más, sino que hizo que todo se viera sometido al saludable tratamiento rockero de su última placa, que fue puesta en vitrina desde el inicio, cuando el vocalista entonó las notas de la animada canción “Si ha de ser así”.

No tuvo que pasar mucho tiempo antes de que empezaran a sonar los éxitos, encabezados por “Diga lo que digan”, una oda al pacifismo y a la tolerancia que llegó de la mano de un ritmo asincopado con inflexiones jazzísticas. Tampoco tuvo que pasar mucho para que se notara que el integrante más impresionante de la banda de acompañamiento era el pianista, un sujeto que, a pesar de su juventud, probó ser un verdadero virtuoso; además de conocer a la perfección el interminable listado de temas presentado, los adornó con arreglos provenientes de la música clásica, dando frecuentemente cuenta de su devoción por Beethoven.

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Durante la interpretación de "Sigo siendo aquél", la secuela del tema más celebrado de Raphael, el mismo pianista se convirtió en el único acompañante del cantante mientras éste iniciaba la faena con ese estilo vocal tan teatral y tan emotivo que lo distinguen; y la mezcla tuvo tan buena fortuna que, en el momento en el que terminó exclamando “Sigo siendo aquél, el Raphael de siempre”, no hubo manera de refutarlo.

Aunque lo suyo es sin duda la balada romántica y la mayoría de sus mensajes se refieren al amor, el español recurrió a numerosas escuelas musicales a lo largp de la velada. Fuera de las inflexiones de música clásica del pianista y del rock con toques sesenteros que agregaron los demás, “La canción del trabajo” tuvo sabores propios del ska; “Sexo sentido” (una composición reciente) desembocó en funk tras un inicio que rindió tributo al “Daytripper” de los Beatles;  y “Maravilloso corazón” se sometió permanentemente a tonalidades de Dixieland y Charleston.

Tras un generoso repaso de hits en el que figuraron también “Provocación”, “Los amantes”, “Cuando tú no estás” y “Toco madera”, y cuando parecía ya que los trámites estaban acabados, el andaluz arremetió con una imponente versión de “En carne viva” que lo encontró visiblemente emocionado (parecía incluso estar a punto de llorar). La siguió con una recreación ‘aflamencada’ de “Escándalo” –un corte comercial y festivo- que le dio la oportunidad de hacer incluso más pasos de baile que los de antes y que, insólitamente, lo llevó a intentar suerte en el ‘rapeo’.

Y ése tampoco era el final, porque vinieron luego “Que sabe nadie”, “Como yo te amo”, la excelente “Balada triste de trompeta” (que es para nosotros su mejor pieza, y que lo encontró alcanzando unas notas altísimas) y, por supuesto, como cierre, “Yo soy aquél”, su canción más celebrada, que puso finalmente a todo el mundo de pie para aplaudir a rabiar y hacer prometer al ídolo que no esperaría tanto para regresar a estas tierras.

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