Imprimir
May
30

Reseña de la reunión de FANIA ALL-STARS en el Congreso de la Salsa de L.A. 2013

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Ricardo García/ Fotos: El Jaguar

Fania_1

El llamado “Concierto del Siglo de la Salsa” hizo que aficionados locales y extranjeros asistieran al Bonaventure Hotel en Los Ángeles el sábado pasado. Numerosas tropas de danza provenientes de Latinoamérica, la Unión Americana y remotos países, como Grecia y Japón, acudieron al evento desde el jueves para presentarse en exhibiciones, participar en talleres y competir durante largas jornadas.

Niños, jóvenes y adultos deleitaron al publico con complicadas coreografías en las que demostraron su dominio sobre técnicas variadas y su dedicación a la danza de música tropical y afrolatina. Fue un verdadero Congreso de la Salsa.  Esta es la quinceava entrega que se realiza en la ciudad de Los Angeles gracias a Albert Torres, el productor, organizador y maestro de ceremonias del evento, quien cuenta con una larga trayectoria llevando a grupos de este tipo a conciertos por todo el mundo.

También hubo lugar para la demostración de otros ritmos exóticos, como una versión moderna de música hindú que los muchachos de Tripudium utilizaron para realizar un llamativo número de danza contemporánea.  Esta última pieza fue ejecutada con las tradicionales mudras indias (gestos de las manos) que los veinte integrantes formados en hilera repetían uno tras otro.

Fania_2

Tripudium realizó un show más extenso el jueves, día de la apertura del show, junto a Johnny Polanco y su conjunto Amistad.  El viernes, la más reciente encarnación del Grupo Niche celebró el cierre de los concursos y talleres de ese día. El sábado fue el clímax del evento, como el mismo señor Torres recalcó, aduciendo que quizá sea la ultima vez que veamos juntos a los miembros del super grupo de salsa Fania All-Stars (llamados aquí Legends of Salsa) debido a lo difícil que resultó reunir a tan grandes estrellas.

Cinco cuadriláteros de madera rodeaban el recinto, donde parejas ensayaban, repasaban y creaban coreografías que luego pondrían en práctica durante las siguientes cinco arduas horas en las que Fania sometería a los concurrentes.

El público se convirtió en una espesa masa de seres que vestía trajes estrafalarios (y a veces elegantes); entre escotes, brillos y formas en constante movimiento, giraban en todas las direcciones.  Las pausas daban lugar a los danzantes, que con brazos en alto celebraban la fuerza que la escena de la salsa de Los Angeles ha cobrado en los últimos años.

Fania_3

Una entusiasta muchacha era parte de esta euforia que compartía con veinte de sus amigos y compañeros de danza provenientes de Denver, Colorado. “A mi parecer, sería una locura asistir a este congreso estando en un nivel de principiante o intermedio por lo costosa que resulta ser la estadía, las entradas y todo lo demás”. Su respuesta vendría a ser obvia cuando le pregunté en qué nivel se consideraba ella -“avanzado”-, y mi respuesta también cuando, al empezar la siguiente canción, me preguntó si deseaba bailar con ella. No, gracias.

Esa actitud de superioridad técnica de la gran mayoría de asistentes era intimidante para las personas de escasos recursos en la pista de baile y característico de los que trataron de trasladar la salsa de las calles y callejones donde germinó en los ‘70 a los salones de baile de Norteamérica  y la vibra ‘hipster chic’ de la escena angelina.

A la 1 am, Izzy Sanabria subió a la tarima para calentar aún más el ambiente. Se trata de un maestro de ceremonia con una trayectoria que se remonta a cuarenta años atrás, y que a paso ligero coreaba la clave “¡sa-sa-sa-saaal-saaa!” mientras presentaba una a una las piezas de un clásico ensamble salsero: congas, bongos, timbales, bajo, teclado, metales. Adalberto Santiago entonó “Quítate la máscara”, seguido por “Fuego y candela”, encendiendo así la mecha del detonante que puso a bailar absolutamente a todos.  Buen anticipo de lo que siguió, descarga tras descarga a ritmo de guaguancó, plena y la salsa más dura.

Canario_

Domingo Quiñonez entró con un medley de los éxitos de Héctor Lavoe, acompañados por los coros del publico. El dominicano José Alberto “El Canario” -en la foto de arriba- entonó hits como “Lo que quiero es salsa”, improvisando sobre una flauta traversa imaginaria y silbando en harmonía con la traversa real del flautista de la Fania. Siendo un cantante excepcional, destacó por su tremenda presencia y autoridad escénica al llevar su tumba’o de showman de una esquina a la otra mientras tomaba la batuta de la orquesta.

“El Canario” dio paso a Ismael Miranda, luego del dueto en “Así se compone un son”, y juntos dieron la bienvenida al gran Roberto Roena -en la foto de abajo-. Descarga tras descarga, maestro tras maestro. Larry Harlow en el teclado, Eddie Montalvo en la ‘piel sobre madera’, Fausto Cuevas en percusión, Alfredo de La Fe y Lewis Kahn en los violines, además de los trompetistas acompañados por algunos músicos locales.  Sonido Bestial.  El Bonaventure retumbaría una vez más durante el cierre del show la noche siguiente a cargo de otro monstruo de la salsa, El Gran Combo de Puerto Rico.

Avanzada la madrugada, los cuerpos sudorosos caían por los alrededores, y las damas se quitaban los tacones para estirar los pies mientras bebían algo.  Luces tenues dejaban ver a mujeres en brillosos escotes y cortas minifaldas sobre altas plataformas mientras los varones se paseaban en trajes extraños, mezclando colores pasteles con vistosas corbatas de moño; todos en trajes nada prácticos para la noche.  El contraste del poder tribal del característico ritmo de salsa (más sus influencias y derivados) que las estrellas de Fania tocaron durante toda la noche era notablemente marcado frente a la evolución de su escena, que se esforzaba por crear y mantener un aire sofisticado.

Al retirarnos resignados a perdernos el resto del show (debido a sus dos horas de retraso según el programa), una mujer de aproximadamente sesenta años salió al paso con un “joven, ¿baila?”.  Intuimos que ella comprendía la esencia de la salsa, que había gozado el auge de la escena original y que no nos juzgaría por marearla en una vuelta, pisar a destiempo o improvisar una sacudida de hombros fuera de lugar.  Cómo no, seño’.

Roena

Fania_4