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Jun
06

Reseña del concierto de TOM PETTY AND THE HEARTBREAKERS en el Fonda Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Como consecuencia natural de su bien ganado status de leyenda, Tom Petty suele presentarse en estadios y auditorios inmensos. Por lo tanto, lo que está haciendo en estos días en el Fonda Theatre de L.A. (un teatro con capacidad para 1,400 personas) es una suerte de acontecimiento histórico para sus cuantiosos seguidores, ya que lo encuentra realizando seis fechas cuyas condiciones inusualmente íntimas son la excusa perfecta para revisar cortes obscuros de su trayectoria.

Lo cierto es que, tras cuatro décadas de carrera, Petty tiene un repertorio gigantesco, lo que le está permitiendo alterar considerablemente la lista de canciones entre una velada y la otra. Esta es una circunstancia que se ve además sumada a la interpretación de composiciones ajenas que el músico considera evidentemente trascendentes para el desarrollo de su propio estilo. Lo de esta semana y la próxima en el Fonda (toca todavía ahí el 6, el 8, el 9 y el 11) no es precisamente la mejor carta de bienvenida para quien vaya a verlo por primera vez, pero sí una situación que le permite a cualquier asistente darse cuenta de los méritos del titular y de su casi inseparable banda de compinches musicales, los Heartbreakers, con los que ha grabado de manera más que frecuente.

La particularidad del evento y su enfoque directo en los más devotos se pudo notar al hablar con algunos miembros de la audiencia que afirmaban tener boletos para varias de las presentaciones; pese a la generosidad numérica de los shows, el martes pasado, que es cuando asistimos, tuvo al Fonda completamente repleto, lo que incrementó incómodamente la temperatura en medio de una temporada que se mantiene todavía bastante fría.

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Pero, a diferencia de otros conciertos en L.A., el entusiasmo del público fue constante, y se manifestó desde que Petty apareció sobre la tarima para dar inmediatamente cuenta de los acordes iniciales del "So You Want to Be a Rock'n'roll Star" de The Byrds. Como había sucedido en las dos presentaciones anteriores, la tercera interpretación fue dedicada a una pieza popular; pero, en lugar de recurrir a "I Won't Back Down", se le dio el espacio a "Here Comes My Girl". Esta fue la única concesión mayor por un largo rato.

A partir de ahí, el set empezó a excavar en terrenos mucho menos predecibles, dándole tanto cabida a una versión del "Baby Please Don't Go" de Ten Years After que le rindió tributo al recientemente fallecido guitarrista Alvin Lee como a 'covers' de Muddy Waters ("I Just Want to Make Love to You"), J.J. Cale ("I'd Like to Love You, Baby") y hasta Greatful Dead ("Friend of the Devil"). De las 22 canciones tocadas, 6 fueron estrictamente versiones; pero eso le dejó todavía mucha cabida a la inspiración propia en un concierto que se extendió por cerca de dos horas y quince minutos.

Incluso en los momentos en los que reconstruía invenciones de otros, Petty resultó brillante y entretenido, algo que resulta llamativo cuando se nota que no se mueve casi en el escenario. Su innegable carisma procede más bien de la originalidad de su voz (que podrá ser demasiado nasal para algunos, pero que resulta ampliamente expresiva), de la cálida comunicación que establece con su audiencia y, por supuesto, de su habilidad musical como intérprete y compositor, la misma que, en el segundo caso, le ha permitido fabricar algunos de los temas más reconocibles en la historia del rock.
 

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Claro que él no es el único responsable de que las cosas salgan tan bien sobre la tarima. Los Heartbreakers son todos unos instrumentistas estupendos, sobre todo en el caso del guitarrista Mike Campbell, quien además de tener una movilidad física mucho mayor que su patrón, llenó la noche de magníficos solos, recurriendo tanto a estilos rápidos de digitación como a la manipulación de sus controles de volumen y a la imposición de cadencias blueseras, facultado por la diversidad de las piezas presentadas.

También sorprendió el tecladista Benmont Tench, quien al igual que Campbell, es un miembro fundador de los Heartbreakers, como lo es el bajista y corista Ron Blaker, presente en la faena aquí reseñada (que se completó con las adiciones más recientes de Steve Ferrone en la batería y del impresionantemente versátil Scott Thurston, quien tocó la guitarra, la armónica y el sintetizador, además de hacer coros). Ya cerca de la mitad del espectáculo, Petty le dio rienda suelta a su vena country con tres temas: el primero, "Rebels", fue un corte conocido, que siguió con otra pieza igualmente acústica pero reverendamente desconocida, "Two Gunslingers" ("ésa sí que fue rara", le dijo con una sonrisa a sus compañeros"), y el remate llegó con la alegre -y también coreada- "Time to Move On". 

 Pero uno de los mejores momentos llegó con "It's Good to Be King", una composición épica y altamente dramática que fue coronada por grandes solos de guitarra, incluyendo uno de Petty, quien le dejó por lo general dicho apartado a Campbell. Curiosamente, tras este momento de lucimiento, el mismo Petty se despojó de su instrumento para dedicarse únicamente a cantar con fortuna en "I Should Have Known It", una pieza reciente -y muy poderosa- que recordaba a Led Zeppelin.

Los grandes hits regresaron con "Runnin' Down a Dream", mientras Petty mostraba una emoción aparentemente sincera por encontrarse en Hollywood, un lugar donde, como dijo, "a veces huele a hierba"; y el 'bis' incluyó tanto un 'cover' de Chuck Berry ("Carol") como otro de sus éxitos radiales, "American Girl". No sabemos cuántos de los presentes pensaban volver, pero lo que se escuchó esa noche tenía el potencial de satisfacer hasta al fan más ardiente.

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