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Jun
19

Reseña del concierto de THE DANDY WARHOLS en el Wiltern Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Sobre el escenario y a una distancia no del todo lejana, los Dandy Warhols se ven todavía extremadamente jóvenes, como si  fueran una banda que recién está empezando. Y sin embargo, tienen casi 20 años de carrera, lo que en la práctica los ha facultado actualmente para hacer una gira entera en la que tocan un álbum completo del pasado para rematar luego la faena con un puñado de hits.

Hacer algo así suele ser potestad de veteranos con prontuarios internacionales, y lo cierto es que la parada del tour que se produjo el viernes pasado en el Wiltern Theatre de Los Angeles no daba la impresión de ser el evento más caliente del año. Pero eso no impidió que el local se llenara (no hasta el tope, como en otras ocasiones) ni, por supuesto, que los cinco músicos ofrecieran un espectáculo estupendo.

No se trata tampoco de que sean unos adolescentes; de hecho, su vocalista y guitarrista rítmico Courtney Taylor-Taylor tiene ya 45 años, y pese a que no se mueve exageradamente en el escenario, posee un aura y una energía rara que lo mantienen prácticamente congelado en el tiempo.

El motivo central del concierto del Wiltern (que, hasta donde entendemos, es el lugar favorito de presentación de la banda) era la presentación entera de “Thirteen Tales from Urban Bohemia”, un álbum que se lanzó en el 2000 (sí, hace 13 años) y que sigue siendo el más celebrado de los lanzados por los oriundos de Portland. Durante la velada, tan breve como directa, no hubo muchas palabras, y las luces fueron casi siempre tenues y misteriosas, lo que explica la calidad de las fotos que ilustran esta reseña.

Dandy_Warhols_2Sea como sea, “Thirteen” es un disco variado y entretenido que merece realmente escucharse en vivo. Retomando la secuencia de la misma placa, el concierto se inició con la muy llevadera “Godless” –si se es ateo, claro-, seguida por “Mohammed” and “Nietzsche”, dos piezas que oscilan entre la instrumentación ‘trippy’ y la pesada (es decir, dos facetas recorridas por estos músicos a lo largo de su trayectoria).

Apelando ocasionalmente a unos tintes de ‘shoegaze’ que resultaban incluso novedosos para algunos de los fans allí presentes, los Warhols se las arreglaron para mantener esa curiosa combinación de languidez y potencia que caracteriza a sus mejores momentos, y que se expresó, por ejemplo, en una versión especialmente rockera de “Horse Pills”. Pero no les fue tampoco mal cuando bajaron las revoluciones para “pegarse” en cortes altamente psicodélicos del calibre de “Sleep”.

Fuera de la voz hipnótica y muy personal de Taylor-Taylor, el grupo es reconocido por la presencia distintiva de Zia McCabe, quien además de ostentar siempre una sensualidad que ha vuelto loco a más de un admirador, sabe arrancarle a sus teclados sonidos inspirados y provocativos (y también toca de manera ocasional el bajo).

Como era de esperarse, el entusiasmo de los asistentes creció considerablemente cuando se escucharon los primeros acordes de “Bohemian Like You”, que es sin duda el corte más popular de los Warhols, hasta el punto de que provocó al menos una reacción bastante infantil en una muchacha que se encontraba a nuestro lado, sin duda inspirada por el alcohol (“¡nuestra canción, nuestra canción!”, le gritaba a una amiga. Y nosotros que pensábamos que esto era para los devotos de verdad, de esos que celebran sólo las piezas más oscuras…).

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Una vez acabado el “Thirteen” –que, sí, se compone de 13 canciones-, le tocó el turno a una breve revisión de otros momentos de la carrera de Taylor-Taylor y cía., iniciada por una versión de  “Every Day Should Be a Holiday” que fue interpretada únicamente por el ‘frontman’ y su guitarra eléctrica. Lindo detalle.

Por su lado, “Well They’re Gone” asumió una senda decididamente psicodélica en la que las dos guitarras disponibles se sumergieron a gusto, para darle luego paso a una suerte de jammin’ que acentuó las placenteras disonancias. El paquete fue sucedido por “Boys Better”, enmarcada en una interpretación vibrante que dejó de lado lo etéreo para recuperar la vena rocanrolera y encontrar incluso al primer guitarrista Peter Holmström (que también tuvo lo suyo) haciendo unas poses de lo más Townshend. 

Después, todos menos McCabe se retiraron, y ella se quedó sola, manipulando los sintes y creando una atmósfera que parecía presagiar un ‘bis’ que nunca llegó, porque tras cinco minutos de ingeniosos ruidos, las luces se prendieron y el evento concluyó. Pudo haber durado más, por supuesto; pero lo corto y dulce tiene también su encanto.