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Abr
06

Concierto de ALBITA en el Conga Room

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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La más reciente presentación de Albita Rodríguez en el Conga Room de Los Angeles, el sábado pasado, estuvo antecedida por un breve pero intenso set del legendario Septeto Nacional Ignacio Piñeiro.

Esto debería haber puesto un poco nerviosa a la artista radicada en Miami, en vista de la condición histórica de los veteranos recién llegados de La Habana. Pero Albita tiene demasiada personalidad y demasiada trayectoria como para dejarse amilanarse por detalles de este tipo.

De hecho, lo suyo va por un rumbo mucho más moderno y comercial que lo del Septeto, como lo probó el simple hecho de que el local se llenó mucho más de lo que estaba durante su presentación.

Albita sabe que lo suyo no puede depender únicamente de sus canciones, que son pegajosas y animadas, pero no se encuentran probablemente a la altura de lo hecho por los grandes maestros.

En contraparte, es una artista que se esfuerza siempre por ofrecer un espectáculo completo, ya que trata de darle una amplia participación al público y emplea todos los artilugios necesarios para mantenerlo entretenido.

Albita2Esto sucedió incluso antes de que pusiera un pie sobre el estrado, ya que un vocalista invitado calentó la escena antes de que ella apareciera, y se hizo una proyección de videos suyos como antesala a su salida. En esos momentos se pudo notar el nivel de devoción que despierta, ya que muchos de los asistentes se pusieron a bailar en un orden muy preciso, manejando una coreografía aparentemente creada en su honor.

Una vez en el tabladillo, Albita recurrió a largas versiones de sus temas, que asumieron ese formato para permitirle conversar con los asistentes y darle lustre a su promocionadas habilidades en la improvisación.

En un intento por complacer a las distintas nacionalidades presentes en el auditorio, interpretó una serie de temas procedentes de distintas escuelas folklóricas, en la que se incluyeron un vals peruano, una cumbia colombiana, un son cubano y un corrido mexicano.

En otro momento determinado, empezó a pedirle a varios de los asistentes algunos datos personales, para proceder de inmediato a sonear sobre dicha base; en algunos casos se le complicó la rima, como cuando se enfrentó a uno de California (¿con qué rima esa palabra, en verdad?), pero por lo general, el asunto le salió bien.

Lo más importante, claro, es que Albita tiene una voz poderosa y entonada, que sabe manejar a voluntad y que le permite lucirse en todas clase de circunstancias.

Durante la interpretación de su tema más conocido, “Qué manera de quererte”, se animó a hacer ciertos movimientos corporales cargados de sensualidad, para remarcar el carácter erótico de la letra.

La canción le sirvió también para practicar el conocido juego de competencia entre las voces masculinas y las femeninas, pero con una interesante variante que puso en vitrina sus conocidas intenciones feministas.

“Ya sabemos que por idiosincracia ustedes están acostumbrados a hacer lo que quieren, pero en estos tiempos ya no es así”, le dijo a los hombres, luego de criticarlos por su supuesta falta de energía para el canto.

Albita3Albita no dejó pasar ninguna oportunidad para demostrar que ella es la que lleva los pantalones en la casa… y en los escenarios. Además de dominar al público, ejerció un férreo control sobre sus músicos, a los que pedía constantemente cambios de volumen para poder realizar sus improvisaciones.

Los instrumentistas -que son de Los Angeles y fueron invitados para el evento- parecían disfrutarlo, ya que las extensas desviaciones de su jefa ocasional les daban la posibilidad de enfrascarse en intensos jammings instrumentales.

El estilo personal de Albita se hizo también presente durante la interpretación del clásico “Lágrimas negras”, un tema de dolor ante el desamor que, en sus manos, vio sumada una estrofa de invención  propia: “Lágrimas vas a echar cuando me vaya”. Y es que Albita no parece querer dejar que nadie la domine.

No faltó tampoco el proverbial homenaje a su maestra Celia Cruz, manifestado a través de un popurrí que empezó con “El yerberito moderno” y terminó con “La vida es un carnaval”. “Esto va derecho al cielo, allá donde está la reina”, dijo,  en abierto reconocimiento a una cantante con la que se la ha comparado más de una vez.

Albita no pudo evitar la tentación de meter su rollo político en la velada; luego de ser incitada por alguien en el público, gritó: “¡Que viva Cuba libre!”

Fue probablemente su decisión menos acertada, sobre todo si se toma en cuenta que la casa tenía también esa noche a unos invitados de lujo que, a pesar de venir de la isla, no habían lanzado declaración alguna sobre el espinoso tema cuando se encontraron sobre el estrado.

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