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Jun
03

Reseña del concierto de RODRIGUEZ en el Greek Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Rodriguez 1

Convertido en una especie de superestrella de la música independiente tras el lanzamiento de "Searching for Sugar Man", un documental que se llevó el Oscar el año pasado, Rodríguez (cuyo primer nombre es Sixto) está gozando ahora, a los 71 años de edad, de un éxito de masas que estuvo lejos de tener durante los primeros años de su carrera, es decir, los que lo llevaron a grabar sus dos únicos álbumes en estudio.

Eso no quiere decir que el méxico-americano de Detroit haya cambiado la actitud taciturna y solitaria que tenía en el pasado, y que tuvo probablemente que ver con su falta de popularidad inicial, aunque, curiosamente, su presencia nunca se apagó en Sudáfrica, donde alcanzó una fama insospechada que contrastaba con el hecho de que, hace un par de años, nadie lo conocía en Estados Unidos. De hecho, durante el breve pero celebrado concierto del viernes pasado en el Greek de Los Angeles, el hombre no mostró tampoco un gran afán de comunicación ni un excesivo carisma.

Pero tampoco se mantuvo silencioso. Durante una súbita aparición en el escenario que se produjo antes de la hora anunciada, dijo unas palabras antes de cantarle el cumpleaños feliz a uno de los miembros de su banda; antes de tocar "Sugarman", su tema más famoso, advirtió que éste trata sobre drogas, pero no las promueve ("aléjense de ellas", proclamó, pese a que su música se presta muy bien para los desvaríos psicotrópicos); y hasta mostró cierto sentido del humor al agregarle a "I Wonder" un fragmento inexistente ("me lo pregunto... pero no quiero saberlo").

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 Lo que faltó por completo fue cualquier tipo de referencia a la muerte de Malik Bendjelloul, director del documental, quien acabó con su propia vida el pasado 13 de mayo, causando mucho desconcierto. Es una falta que sorprendió, porque es bastante evidente que la película de Bendjelloul ha sido la responsable principal de lo que está viviendo ahora Rodríguez; pero, en realidad, no es fácil adivinar lo que piensa este artista, quien más allá de los ámbitos de la timidez, parece estar siempre en su propio mundo y no ofrece prácticamente entrevistas.

En el plano musical, que es evidentemente el que más importa, las cosas se dieron más o menos como lo esperábamos, porque ya sabíamos que, a estas alturas, el cantautor ha perdido parte de la potencia vocal que lo distinguía en sus grabaciones, aunque lo cierto es que nunca fue un gran cantante, sino un intérprete particularmente expresivo. En ese sentido, sus cualidades de "crooner" se mantuvieron, y se vieron incluso resaltadas en los momentos en los que sí convenció plenamente con su voz, a diferencia de lo que ocurre desde hace varios años con Bob Dylan, el contemporáneo suyo con el que más se le ha comparado.

Rodríguez no tuvo una banda estable durante su primera etapa, y desde su reaparición, no parece haberse interesado tampoco en conseguir una (lo que lo acerca sospechosamente a otro "ídolo perdido y recuperado" de los '60, el gran Roky Erickson). Se trata de una decisión válida, pero también de una que, al menos en el Greek, no le permitió ofrecer un set compacto e impecable, ya que sus tres músicos de compañía (todos muy jóvenes) parecían estar a veces adivinando las notas, lo que se tradujo en algunos finales desordenados. Nuevamente, si se conoce a Rodríguez, esta parte no resultó inesperada, ni afectó el encanto general de la presentación; pero lo privó de contar con una impronta completamente profesional.

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Lo importante aquí es que, con documental o sin él, Rodríguez (quien se valió únicamente de una guitarra acústica) tiene grandes composiciones, y que éstas fueron presentadas todavía con la suficiente convicción como para probar que merecen ser consideradas dentro de las listas dedicadas al folk rock clásico, no sólo por sus melodías y sus inflexiones, sino también por sus mensajes de rebeldía, como los que se escucharon durante "The Establishment Blues" y "Crucify Your Mind".

Para nuestro gusto, faltaron en el repertorio algunas piezas importantes, como la extraordinaria "Cause"; y es que, pese a su conducta impredecible, Rodríguez parece estar empeñado en que sus actuaciones actuales no se limiten a escarbar en su material ya conocido, sino que está incluyendo canciones propias y de otros que no son necesariamente reconocibles. Y eso mismo le sirvió para uno de los momentos más logrados de la velada, ya en la etapa de cierre, cuando entonó con particular sensibilidad "I'm Gonna Live Till I Die", dada a conocer originalmente por Frank Sinatra.

Antes de Rodríguez, la tarima del Greek estuvo ocupada por LP, una artista neoyorquina radicada en Los Angeles de la que no sabíamos nada (su tercer álbum se lanza el 3 de junio), pero que dejó una impresión muy grata en los asistentes con un estilo que, en medio de su tranquilidad instrumental, adquiere frecuentemente un inusitado poderío debido a la impresionante voz de la dama, que recurrió también a un ukulele y a los silbidos de cosecha propia para dar cuenta de lo suyo. (FOTOS: SERGIO BURSTEIN)

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