Imprimir
Sep
30

Reseña del concierto de PIXIES y GOGOL BORDELLO en el Hollywood Bowl

Escrito por Sergio Burstein

Pixies Hollywood Bowl 1

Merecidamente ubicados en los primeros lugares de preferencia de quienes aprecian el auténtico rock alternativo, los Pixies son unos músicos que han dejado sus huellas más visibles en un grupo como Nirvana, pero cuya influencia se ha extendido incluso a artistas de generaciones anteriores, como el legendario David Bowie. Por ello, tener la oportunidad de verlos en la actualidad encima de cualquier escenario debe ser motivo de entusiasmo para cualquiera que conecte de algún modo con esta movida.

Y si el escenario en cuestión es el del Hollywood Bowl, mejor aún, ya que el inmenso local al aire libre cuenta con una merecida reputación como recinto para eventos musicales de nivel, la misma que, a estas alturas, no suena exagerada para los méritos de un grupo que no tendrá precisamente una presencia escénica avasalladora ni un gran virtuosismo instrumental, pero cuyo poder sonoro y creativo sigue siendo capaz de dejar en un plano muy lejano cualquier deficiencia de otro tipo que se pretenda encontrar. Cuando se agrega que la velada iba a tener también en vitrina a dos actos más recientes pero igualmente atractivos, como Gogol Bordello y Cat Power, la cita resultaba impostergable.

Encima del escenario, y como justo plato de fondo del evento, el vocalista y guitarrista rítmico Black Francis demostró el domingo pasado que sigue siendo el elemento principal de los Pixies, pese a que es el que menos se mueve, no le dice ni una sola palabra al público y mantiene en el rostro una expresión impasible que no da posibilidades de saber si la está pasando bien o mal. Sin embargo, es un compositor notable y un cantante sumamente dotado, cuyos frecuentes coqueteos con el pop hacen a veces que sus temas sean bastante accesibles, aunque adopten de pronto y sin previo aviso asperezas dignas del punk, del hardcore y del metal.

Pixies Hollywood Bowl 2

En realidad, Francis es tan inexpugnable como sus letras, que hemos tratado de entender varias veces, pero que nos han dejado siempre confundidos. Y a pesar de ello, lo que canta, a veces con tono plácido y a veces con un alarido, suena lo suficientemente intenso y urgente como para resultar significativo, además de llegar cargado con ese sentido de la amenaza que es esencial en el buen rock'n'roll. Pero sería injusto adjudicarle a él todos los méritos, porque, pese a la ya mencionada sencillez de recursos, todos los integrantes tienen lo suyo.

Esto incluye a la nueva bajista Paz Lenchantin, de origen argentino, quien reemplazó sorpresivamente hace algunos meses a Kim Shattuck, la misma que había tomado a su vez el lugar de la fundadora Kim Deal, todavía amargamente extrañada por muchos de los fans (y responsable de que se haya retirado al parecer de manera definitiva la interpretación del tema "Gigantic", que ella cantaba). En todo caso, Lenchantin lo hace muy bien, no sólo en lo que respecta a los coros de tinte angelical (un contraste importante con la voz más ruda de Francis), sino sobre todo en el manejo de un instrumento de cuatro cuerdas que requiere de una contundencia determinada; de hecho, luego de que interpretara su propia versión de un segmento distintivo de "Hey", el público aplaudió intensamente, en clara aprobación.

Pero, fuera de Francis, las miradas estuvieron sobre todo puestas en los otros miembros eternos de la agrupación: el guitarrista Joey Santiago, quien alterna los riffs ruidosos con arreglos propios del 'spagheti western' y de la psicodelia, y el baterista David Lovering, quien se comporta como una máquina del ritmo y que, pese al paso del tiempo, no falló ni un solo 'beat', incluso en los momentos en los que las piezas se volvían inconteniblemente rápidas y cuando le tocó encargarse de la voz principal en "La La Love You", un surco inusualmente sensual. Francis es el único que ha desarrollado una verdadera carrera solista, y es el compositor principal, pero la música que hace con estos tipos no es necesariamente igual a la de su etapa como solista (pese a que los temas que Pixies lanzó este año a través del disco "Indie Cindy" sí llevan una impronta mayormente suya).

Pixies Hollywood Bowl 3En oportunidades recientes, el grupo estuvo abocado a presentar temas raros o nuevos durante sus presentaciones en vivo; pero, esta vez, la consigna parecía ser demoler el Bowl hasta sus cimientos, lo que sólo se podía lograr con una lista de éxitos, representada desde el inicio mismo por títulos como "Bone Machine", "Wave of Mutilation", "Hey" y "Gouge Away", que se escucharon durante los primeros minutos.

Estos músicos no ofrecen nunca conciertos demasiado largos, por lo que no había tampoco tiempo para pausas; pero no dejaron de lado el nuevo álbum, debidamente atendido con la interpretación de vibrantes versiones de "Bagboy" (un tema que crece cada vez que se lo escucha), "Indie Cindy" (cuya dinámica es muy interesante) y "Greens and Blues" (que es francamente bueno y, según nosotros, trata sobre un extraterrestre en búsqueda frustrada de conexión con los humanos).También sonó por ahí "Magadalena 318", pero, sinceramente, ésta es fue la única canción que nos pareció aburrida.

Claro que la parte más emocionante vino justamente después, cuando las percusiones se aceleraron y Francis recurrió a sus conocimientos precarios del español para entonar la feroz "Isla de Encanta", que vino seguida por los dos de los mayores éxitos comerciales de la banda, "Monkey Gone to Heaven" y "Debaser". La felicidad de los presentes se hizo más abierta al escucharse los primeros acordes de "Where Is My Mind?", convertido a estas alturas en todo un clásico noventero.

Antes de que los Pixies ocuparan la tarima, Gogol Bordello brindó un espectáculo completamente cargado de energía, pero ciertamente distinto, ya que a pesar de recurrir por aquí y por allá a elementos provenientes de los mismos géneros (como el punk y el hardcore), los sazonó con generosas cuotas de escuelas folklóricas de diferentes latitudes. Además, a diferencia del tono oscuro y misterioso de los artistas principales de la noche, la agrupación radicada en Nueva York empleó un aire festivo y se movió constantemente ante un público que intentaba ponerse a bailar en medio de un ambiente que no prestaba necesariamente para dichas faenas.

Gogol Bordello Hollywood Bowl

En ese sentido, la mesura de Francis y sus allegados fue ampliamente contrastada por el entusiasmo un tanto caótico del vocalista ucraniano Eugene Hütz, quien aprovechó sus raíces gitanas y su vigor natural para brincar por todos lados con su guitarra mientras que los sonidos rockeros de su combo llegaban matizados con el aporte del violín y del acordeón, genialmente interpretados por Sergey Ryabtsev y Pasha Newmer.

Pese a la orientación generalmente rusa del asunto, como latinos, nos resultó imposible dejar de disfrutar con los numerosos aportes latinos que se encuentran en el grupo, y que tienen como centro de atención al MC ecuatoriano Pedro Erazo, quien además de hacer en un momento dado una invocación por la reforma migratoria, infiltró un amplio fragmento de "El Carnavalito Humahuaqueño" -legendario corte andino- en medio de un repertorio corto pero sustancioso en el que figuraron temas como "Not a Crime", "Wonderlust King", "Immigraniada" y, por supuesto, "Start Wearing Purple".