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Oct
14

Reseña del festival SUPERSONICO en el Shrine Expo Hall de Los Angeles

Escrito por Sergio Burstein

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Pese a que la escena del rock latino alternativo no se ha extinguido en el Sur de California, nadie pone en duda que la efervescencia de inicios del 2000 -ésa que dio a luz a una cantidad nunca antes vista de bandas locales con producciones propias- es definitivamente cosa del pasado; pero, del mismo modo, el gusto por los representantes internacionales del género nunca pareció disminuir, mientras que las nuevas generaciones de estos mismos artistas alcanzaron una difusión inesperada a través de una disquera especializada que responde al nombre de Nacional Records.
 
Es ese mismo sello el que se encontró a cargo del Supersónico, un ambicioso y exitoso festival masivo que se llevó a cabo el sábado pasado durante una buena parte del día, y que pese a las a veces justificadas acusaciones de favorecer a sus clientes, ofreció un cartel bastante ecléctico y llamativo en el que, además, los dos actos finales del escenario principal no procedían solo de otras casas productoras y distribuidoras, sino que eran verdaderas instituciones con méritos propios: Café Tacvba y Calle 13.
 
Los primeros tuvieron el cierre de fiesta debido a razones evidentes, entre las que se encuentra ser el primer nombre que se viene a la mente cuando se piensa en lo que algunos llaman “alterlatino”, así como proceder de México, principal país exportador de inmigrantes en Los Angeles, ciudad en la que se llevó a cabo este evento que, según sus organizadores, convocó a 10 mil personas en las instalaciones internas y externas del Auditorio Shrine, antigua casa del Oscar. Seguimos sin ser unos grandes admiradores del estilo vocal de Rubén Albarrán (quien, por otro lado, nos cae simpatiquísimo), y hay algunas composiciones de su cosecha que no nos gustan, pero no nos cabe duda de la creatividad, la originalidad, el carisma y la pasión de un proyecto que se encuentra cumpliendo 25 años, lo que es desde ya un motivo de celebración.
 
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Curiosamente, lo que ofrecieron aquí nos agradó mucho más que lo que vimos durante el concierto ofrecido por los ‘tacvbos’ hace un año en el cercano Nokia, lo que puede haber tenido que ver con el hecho de que esto fue al aire libre, con la selección de temas y con la enorme ventaja de la falta de sillas, que le dio al respetable la oportunidad de brincar a su antojo en miedo de las piezas que ameritaban un buen “mosh”. Aunque la banda actual se encuentra definitivamente alejada del ‘underground’, sus raíces skaseras salieron a la luz en interpretaciones que se prestaron perfectamente para el contexto, como la poco escuchada “El fin de la infancia”, un aceleradísimo tema del “Re” (el emblemático disco que cumple por su lado 20 años de lanzamiento) cuya antesala fue la excusa perfecta para que Albarrán aludiera a los 43 estudiantes desaparecidos en el estado de Guerrero y exigiera justicia para las demandas de sus familiares, pese a que la propuesta que maneja habitualmente con sus compañeros se encuentra muy alejada de la política.
 
Por el lado del mismo género, se escucharon también “Las flores” y “La ingrata”, mientras que la fusión con la música ‘disco’ llegó de la mano de “Volver a empezar” y el encuentro con el folklore andino se plasmó en “Olita del altamar”, surco del disco más reciente, “El objeto antes llamado disco” (2012). Pero se le dio también espacio a esas tonalidades más apacibles y deudoras del bolero que los capitalinos han practicado de modo frecuente, como fue el caso de “María” y “Esa noche”, así como a las inspiradas incursiones vocales del tecladista Emmanuel del Real en los inspirados cortes “Eres” y “Aprovéchate de mí”. 
 
Pese a la relevancia de lo “tacvbo”, quedamos más impresionados con Calle 13, un grupo mucho más reciente y groseramente premiado por el Grammy Latino (lo que resulta siempre sospechoso) pero, a la vez, una de las propuestas de mayor contundencia musical y filo lírico que han surgido en los últimos años de Latinoamérica, hasta el punto de que la referencia más inmediata que le encontramos es Rage Against the Machine. Y es que si bien algunos siguen creyendo que lo que hacen estos boricuas es reggaetón (como lo prueba la reseña publicada por el LA Times), su estilo, dentro de los pasajes accesibles, tiene fuertes arranques rockeros y combinaciones con folklores de distintas procedencias que sirven muchas veces de base para poderosos mensajes de tinte social.
 
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Calle 13 acaba de ser nominado a nueve Grammy Latinos, y su afán por practicar música festiva se tradujo en el Shrine en composiciones como “Fiesta de locos”, “El baile de los pobres” y “Atrévete-te-te”, donde se hizo claro el proverbial espíritu latino; pero antes de entonar “Multiviral”, el MC René Pérez, alias “Residente”, dio un fuerte discurso contra el apoyo de Estados Unidos a Israel en territorios palestinos, y la pieza misma, que fue grabada con los aportes de Tom Morello, asumió una contundente postura guitarrera, semejante a la que marcó el rumbo de “Calma pueblo”, dedicada por el vocalista a los mismos estudiantes de Guerrero. 
 
El Supersónico dividió a sus artistas en tres escenarios, y el segundo de estos en importancia, ubicado en un vasto salón interno, estuvo encabezado por Bostich+Fussible, un dúo de DJs tijuanenses encargados de darle vida al Nortec Collective, la asociación de talentos que revolucionó la escena de la música electrónica internacional al fusionar sus elementos anglosajones con sonidos orgánicos procedentes del formato regional mexicano. De ese modo, si los hombres tras las ‘laptops’ no dieron muchas muestras físicas de vida, parados tras una curiosa estructura que simulaba las formas de una tuba, se expresaron intensamente a través de la elaboración de unos ritmos y de la programación de unas secuencias pregrabadas que fueron secundadas por instrumentistas reales.
 
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No somos amantes de lo electrónico, y algunos de los ‘samplers’ de coros en inglés que se emplearon se nos hicieron demasiado comerciales, pero la energía y la buena vibra generada por su acto es francamente infecciosa, y los movimientos que le faltaban a los DJs fueron subsanados por los desplazamientos de los otros músicos, quienes ejecutaron en vivo instrumentos típicos de los géneros norteño y ‘banda’ como el acordeón, el bajo sexto y la citada tuba. Tener que competir con el final de Calle 13 y el inicio de Café Tacvba impidió que su zona de alcance se llenara, pero los que querían bailar y cayeron por ahí no podrían haberse sentido más contentos. 
 
Nos encantaría hablar de los demás artistas presentes, pero lo cierto es que nuestras otras actividades laborales hicieron que nos perdiéramos la primera parte del show, lo que nos dolió particularmente en el caso de la afilada rapera chilena Ana Tijoux, la banda colombiana de rock y electrónica Bomba Estéreo y el original combo venezolano La Vida Bohème. En todo caso, aún estando presentes, hubiera sido imposible apreciar todo como lo queríamos, ya que los tres escenarios disponibles no estaban precisamente uno al lado del otro, varios de los horarios se cruzaban y, como suele ocurrir en esta clase de eventos, las filas para comprar comida y bebida eran interminables. Sea como sea, se trató de un debut espectacular y mucho más ordenado de lo que podría esperarse -la gente se portó sorprendentemente bien- para tratarse de la primera edición de una aventura tan ambiciosa; a fin de cuentas, esto promete convertirse en un infaltable ritual anual. (FOTOS: SERGIO BURSTEIN)