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Nov
02

Reseña del concierto de KING DIAMOND en el Wiltern Theatre

Escrito por Sergio Burstein

King Diamond en LA 1

Si lo que se vio durante la noche de Halloween en el Wiltern Theatre de Los Angeles no fue una alucinación producida por un brebaje maléfico que alguna entidad extraña introdujo en el par de chelas que nos tomamos, el veredicto más realista que se puede hacer es no sólo que el heavy metal clásico interpretado por sus ídolos originales está vivito y coleando, sino que en, en pleno 2014, es todavía capaz de convocar a una multitud de entusiastas que no se encuentra únicamente conformada por tipos mayores cuyas edades parten de la base cuatro.

Y es que, el viernes pasado, un hombre danés de 58 años logró seducir a un público que, incluso bajos sus disfraces, daba frecuentemente muestras de juventud y de diversidad, como lo probaron los rostros femeninos y las conversaciones en español que se escucharon antes y después de la faena. Claro que el escandinavo aludido no es un cualquiera, sino King Diamond, uno de los representantes más emblemáticos del género, y uno que sigue ofreciendo sobre la tarima un espectáculo digno de celebración. Celebración non sancta, sí, pero celebración al fin y al cabo.

Para ser sinceros, hace un par de años, al buscar en YouTube un video de una presentación del mismo cantante, a quien nunca habíamos visto en vivo, nos sentimos decepcionados por lo que nos parecieron evidentes limitaciones para reproducir con eficacia el impactante estilo de falsetto que lo hizo famoso; pero, antes de ir a este concierto, leímos que el señor -cuyo nombre real es Kim Bendix Petersen-  sufrió en el 2010 una serie de paros cardiacos provocados por sus hábitos de fumador, lo que, evidentemente, mermó sus capacidades durante algún tiempo. Sin embargo, incluso en medio de la recuperación de lo que él mismo describió como “una severa intoxicación alimenticia” (¿se habrá echado unos tacos de tripa?), el King Diamond de hace dos noches exhibió una voz impecable y tuvo una ‘performance’ notable, lo que, sumado al maquillaje permanente que lleva cuando da la cara, concretó el hechizo de hacernos sentir como si estuviéramos en los ‘80, es decir, la década en la que el protagonista de la velada se dio a conocer mediante esa institución musical que respondía al nombre de Mercyful Fate.

King Diamond en LA 2

A estas alturas, pese a que no ha sacado un disco nuevo desde el 2007, King Diamond tiene mucho más material como solista que el que hizo con ese grupo, por lo que, por más que quisiéramos escuchar muchos temas de dicha etapa, tenía sentido que limitara su exhibición; de hecho, tal y como ha venido ocurriendo en el resto de la gira estadounidense, sólo se escucharon dos piezas de Mercyful, “Evil” y “Come to the Sabbath”. Sin embargo, habría que estar demasiado obsesionado con ese episodio como para quejarse amargamente y dejar de reconocer que el concierto, además de su imponencia sonora y visual, fue un compendio perfecto de la carrera de un artista que, en medio de su declarada adhesión a los postulados del satanista Anton LaVey, hace canciones que resultan mucho más hechizantes e inspiradas que  atemorizantes y repulsivas, y cuya música tiene una entretenida cualidad melódica que lo aleja claramente de los radicalismos presentes en varias propuestas del death y el black metal.

De hecho, King Diamond ha estado siempre interesado en hacer obras conceptuales cuyas partes individuales funcionan frecuentemente como complejas historias de terror, con todo y personajes distintivos, y al menos uno de ellos (Grandma) hizo acto de presencia en el Wiltern de manera esporádica a través de una mujer disfrazada como una anciana con rasgos de bruja. En realidad, el show tenía muchas claves reconocibles para los auténticos fans, y esa misma circunstancia ha hecho a veces que las composiciones de este escandinavo requieran de un nivel de iniciación susceptible de ser incómodo para los que buscamos menos enredos en la música popular; pero si se gusta del metal, lo que interpreta puede ser disfrutado sin tener conocimiento alguna de la mitología, ya que más allá de la imponente personalidad del cantante y de sus convincente puesta en escena, los músicos que lo acompañan son por regla ineludible de un excelente nivel.

King Diamond en LA 3

Como es de esperar en un recorrido propio que tiene ya casi treinta años, la formación de esta banda ha cambiado mucho con el paso del tiempo, aunque se mantiene en ella Andy LaRocque, el virtuoso sueco de la guitarra que ha participado en la grabación de los 12 álbumes en estudio de su mentor. Pese a sus reconocidas habilidades, LaRocque no parece tener problema alguno en alternar constantemente la sección de solos de cada canción con su actual compañero de las seis cuerdas, Mike Wead, quien es también un experto en el estilo neoclásico, y que se integró a la alineación en 1991, aunque estuvo retirado de ella desde el 93 hasta el 2000.

King Diamond no está dispuesto a dejar su credo, y aunque la escenografía que empleó -completada por unas rejas que se asemejaban a las de un cementerio- podía lucir como un simple decorado para el Día de las Brujas, estaba claro para nosotros que las dos cruces invertidas y el inmenso pentagrama que se elevaban en el fondo tenían un sentido que trascendía la conveniencia coyuntural. Sea como sea, fueron el telón ideal para la interpretación de temas como “The Candle”, “Sleepless Nights”, “Eye of the Witch” y, por supuesto, los cortes de Mercyful, aunque nosotros nos quedamos sobre todo con “At the Gates”, cuya primera parte en tono de espanto circense es memorable, y “Shapes of Black”, un buen ejemplo de que las canciones simples pero con riffs gloriosos son también frutos posibles en su cosecha.

Por ese mismo lado, y en vista de la fecha, le dio espacio a su poco interpretado corte “Halloween”, que no es espectacular, pero llegó coronado por un brillante duelo de escalas entre LaRocque y Wead; y tampoco faltaron esos sonidos de teclado que le han brindado siempre a la música de este maestro del rock siniestro un aura adicional de atractivo sobrenatural. Tras lo visto y escuchado, no nos cabe duda de que éste sigue siendo el rey.