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Ene
03

Reseña de la Víspera de Año Nuevo 2015 en Downtown Long Beach con FITZ AND THE TANTRUMS, YOUNGBLOOD HAWKE y más

Escrito por Sergio Burstein

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La celebración callejera de la llegada del Año Nuevo en la ciudad costera de Long Beach, cercana a Los Angeles, es ya una tradición que tiene varios años; y si bien el paso del tiempo ha hecho que lo que fue inicialmente un evento gratuito se convierta en uno pagado, lo cierto es que esto ha tenido como consecuencia la llegada de artistas de más relieve nacional e internacional, pese a que los precios se han mantenido en un nivel especialmente accesible para una actividad realizada en estas fechas y en esta parte del mundo.

Claro que todos los que nos entusiasmamos con la tendencia rockera del festejo con el que se inició el 2014, y que tuvo como plato de fondo a Rival Sons -dignos émulos locales de Led Zeppelin-, tuvimos que enfrentarnos a la realidad de que los organizadores de Downtown Long Beach Associates decidieron cambiarle esta vez la tónica al asunto para darle un énfasis mucho mayor a tendencias modernas bastante alejadas del género guitarrero, como lo probó el hecho de que las dos bandas principales fueron Fitz and The Tantrums y Youngblood Hawke, es decir, unas que manejan propuestas que coquetean con el pop anglosajón y el synth.

Pero, en realidad, más que los sonidos de la música comercial, el enemigo más aguerrido de los asistentes fue el clima, que alcanzó temperaturas inusualmente bajas y afectó sin duda la comodidad de quienes se encontraban presentes en un evento que se realiza completamente al aire libre. Nos encantan los conciertos que se hacen en esas condiciones, porque estar metidos en medio de una multitud sudorosa no es nuestra idea de pasarla bien; sin embargo, tener que mover los pies incluso cuando la música no te gusta porque te estás congelando no suena tampoco demasiado decoroso, aunque debemos reconocer que el generoso tequila nos ayudó a superar el trance y que, ya cerca del final, la masa se hizo tan compacta que el frío dejó de importar.

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Además, para nuestra sorpresa, el rock tuvo también un razonable papel en la fiesta, gracias sobre todo a nuestros amigos de Knitting Factory, encargados nuevamente del escenario del Federal Bar y poco adeptos a los estilos más ligeros. De ese modo, tuvimos la suerte de llegar a tiempo para ver el acto completo de The Knitts, un combo hollywoodense que vimos ya el año pasado y que no nos disgustó en ese momento, pero cuya habilidad musical ha crecido sin duda en todos estos meses del mismo modo en que lo ha hecho su popularidad, hasta el punto de que varios de los presentes se sabían algunas de las letras de memoria.

Pese a que sus integrantes no tienen pinta de rockeros aguerridos, sino que responden más al aspecto esperado en unos músicos de corazón 'indie', The Knitts demostró en la tarima que tiene mucha garra, sobre todo en los momentos en los que su 'frontman' se alejó de los teclados que interpretó varias veces para asumir plenamente el papel de vocalista y 'entertainer', aunque no cabe duda de que la pieza más poderosa de la banda es su incansable baterista. El conjunto sigue teniendo muy poco material e información en la Internet, por lo que nos resulta complicado reconocer los títulos de sus canciones; pero quedamos bastante complacidos con "Gutterboy", un inesperado y rapidísimo hardcore, así como con "Get up & Get Out", que nos remitió de algún modo a The Clash, aunque otros momentos parecían más cercanos a los Smashing Pumpkins, probablemente por la voz del cantante.

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La necesaria caminata en busca de un nuevo trago, que no era nada difícil debido a la abundancia de bares que se encontraban en el perímetro del festival (un punto ciertamente a favor para los promotores de esto), nos condujo hacia un estrado más pequeño en el que Zak Waters hacía lo suyo, es decir, un pop altamente orientado a las ondas radiales con elementos de la música electrónica y ciertas inflexiones del soul que no nos dijo demasiado, pese a que sus números en YouTube dan cuenta de una popularidad creciente.

Regresamos al Federal justo en el momento en que el asunto había tomado realmente temperatura gracias a Prima Donna, un grupo que, en su caso, sí ostentaba el 'look' de cuero y de piel requerido, aunque lo matizaba con artilugios ostentosos que iban también de acuerdo con su propuesta musical. Lo de este cuarteto es básicamente rock'n'roll fuerte de la vieja escuela con pinceladas de 'glam', respaldado por la labor de un vocalista que no sólo toca la guitarra, sino que se encarga también de los vibrantes solos que adornan las composiciones (no es por nada que Billy Joe Armstrong lo invitó para las presentaciones de su proyecto paralelo Foxboro Hot Tubs).

Sin dejar de lado los coros con intenciones inmediatas y las referencias a ídolos como Bruce Springsteen o Tom Petty (presentes en "Bless the Mess"), lo de estos tipos es más contundente y aguerrido, quizás en la línea de los New York Dolls, como quedó claro en el corte "Soul Stripper", donde sacaron a relucir un saxofón. Y su puesta en escena no se queda atrás, mientras los riffs de Kevin Preston (el guitarrista y cantante) eran acompañados por movimientos de brazos que recordaban a los del legendario Pete Townshend.

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El resto de la noche le perteneció a los DJS que pusieron música hasta las 2 de la mañana y, por supuesto, a los artistas centrales, empezando por Youngblood Hawke, que en el papel se nos hacía anodino, pero que probó tener mucha más potencia de la que habíamos previsto, sobre todo en el momento en que su vocalista Sam Martin empezó a aporrear unos tambores, aunque es evidente que sus melodías excesivamente pegajosas, respaldadas por los coros femeninos de su esposa Alice Katz y los teclados del mismo Martin, no son necesariamente lo que el doctor le ha recomendado a los melómanos más duros. En todo caso, no nos disgustó para nada el corte "Pressure", menos inclinado a las concesiones y más enfocado en construir algo realmente interesante alrededor de un 'beat' de tendencia 'disco'.

El cierre en lo que respecta a los actos en vivo le correspondió a Fitz and the Tantrums, que fueron ampliamente promovidos como lo más grande que ha tenido nunca este evento en términos de figuras reconocidas, y que son de hecho bastante famosos y probablemente originales, porque apelan frecuentemente a inflexiones del neo soul en medio de sus devaneos 'poperos', aunque su estilo no logra pegar demasiado en nuestras almas, lo que puede tener que ver con la ausencia completa de guitarras eléctricas.

Además, pese a su supuesta devoción por James Brown, el sexteto tiene una clarísima propensión a la ligereza que se manifestó, por ejemplo, en "Out of My League", el 'hit' que introdujeron a la mitad de su set, y que fue inmediatamente seguido por el conteo regresivo y la llegada del nuevo calendario, en medio de gritos, serpentinas y unos sospechosos agentes de policía que se encontraban apostados en los balcones de los edificios aledaños mientras registraban con sus cámaras lo que hacía la audiencia. No creemos que lo estuvieran haciendo para la página de Facebook de LBPD, ¿verdad?