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Mar
30

Reseña del festival BURGERAMA 4 en The Observatory de Santa Ana

Escrito por Sergio Burstein

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Digan lo que digan, el rock’n’roll no ha muerto. Todos esos empresarios imberbes que aseguran que nadie quiere escuchar ahora a bandas de guitarras fuertes tendrían que haberse dado una vuelta el sábado pasado por el Observatory de Santa Ana para encontrarse con la enorme multitud de jovencitos -muchos de ellos adolescentes- que acudió al Burgerama, un festival organizado por una compañía disquera que se dedicaba inicialmente a lanzar cintas y que se centra en música de tinte realmente ‘underground’.

Por supuesto, en su cuarta edición, el evento -que empleó no sólo las relativamente reducidas instalaciones interiores del auditorio para dos de sus tres estrados, sino que ubicó el escenario principal en su enorme zona de estacionamiento- creció considerablemente en lo que respecta a la oferta musical, hasta el punto de tener como acto principal a Weezeer, que sigue tocando fuerte, pero ha contado con mucho acceso a los medios comerciales y nunca ha sido un grupo de garaje. Además, muchas de las camisetas que lucían los jovencitos (entre los que vimos varios rostros latinos) llevaban el logo de FIDLAR, es decir, una banda local de skater punk que no ha perdido su carácter “de culto”, pero que goza de una evidente popularidad en el Sur de California y ha participado en todos los Burgerama.

A las 9.30 de la noche, cuando los integrantes de Weezer hicieron acto de presencia, el lugar se encontraba lleno a su máxima capacidad, lo que nos impidió llegar hasta nuestra posición en el “pit” para fotografiarlos, sobre todo porque veníamos de otra tarima; y eso se sumó a la mala fortuna de que, a pesar de su posición privilegiada en el cartel, estos músicos californianos -que podrían ser ya los padres de la mayoría de los asistentes al concierto- sólo tocaron por una hora. Claro que se trató de una hora llena de éxitos, en la que desfilaron “Hash Pipe”, “El Scorcho” y, por supuesto, “Buddy Holly”, la pieza correspondiente al inmensamente popular video de MTV ambientado como si se tratara de un capítulo de la teleserie “Happy Days”.

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No nos arrepentimos de no haber estado en el mejor lugar para ver a Weezer, ya que su set tenía media hora de diferencia con el que fue ofrecido en un escenario interno por Roky Erickson -foto principal-, leyenda de leyendas del rock garajero, ex vocalista de los míticos 13th Floor Elevators y esforzado sobreviviente de la esquizofrenia. Desde su inesperado regreso a la actividad plena a mediados de la década pasada, el cantante y guitarrista de 67 años ha visitado Los Angeles en muchas ocasiones, cambiando constantemente de músicos de acompañamiento, y hemos podido verlo en varias de ellas; pero sentimos que ésta, al lado de los Hounds of Baskerville (donde milita su hijo Jegar), ha sido la mejor de todas.

Y es que, pese a su indudable talento, Erickson no es una persona completamente funcional, lo que ha dado lugar en el pasado a shows bastante desordenados; pero en esta ocasión, la banda presente, que al parecer se encuentra colaborando con él por cerca de dos años, sonó completamente sincronizada, sobre todo en las gratísimas exploraciones psicodélicas de temas correspondientes a los Elevators, como “Tried to Hide” y “You’re Gonna Miss Me”, aunque no faltaron tampoco joyas de su repertorio solista -con tendencias mucho más ‘metaleras’- como “Cold Night for Alligators” y “Two Headed Dog”. También nos pareció que el vocalista se encontraba disfrutando más de la presentación, porque no mostró el gesto de sufrimiento que le hemos visto en otras ocasiones.

En realidad, este mismo escenario fue el más inclinado a los desvaríos psicodélicos, porque antes de Erickson anduvieron por ahí los Black Angels, quienes coincidentemente son también de Austin, pero que han estado tocando juntos desde hace mucho, mucho menos tiempo que el aludido (existen como agrupación desde hace una década). De todos modos, su estilo ha sido comparado ya con el de los Elevators, aunque también con el de los británicos de Spiritualized; y las comparaciones con el veterano del párrafo anterior se extienden al hecho de que, en el 2008, fueron su banda oficial de apoyo. En este caso, y ya por su cuenta, complacieron generosamente a la audiencia que se agolpaba en el recinto con sus exploraciones alucinógenas.

Burgerama 5De regreso en el estrado principal, apreciamos a los ya citados FIDLAR, que en algunos segmentos pudieron sonar peligrosamente cercanos al pop punk pero que, en realidad, son mucho más agresivos e irreverentes que cualquier representante habitual de esa escuela, lo que tiene probablemente que ver con el hecho de que su guitarrista/vocalista Elvis y su baterista Max (ambos de apellido Kuehn) son hijos del tecladista de T.S.O.L. No es gratuito que sus aceleradas y entretenidas canciones lleven títulos como “Cheap Beer” y “Cocaine”, y que ésta última haya sido objeto de un demencial videoclip en el que el comediante Nick Offerman, apoyado por un pene prostético, aparece orinando encima de todo lo que se le pone por delante tras tomarse varias cervezas gigantes.

El acto anterior fue Beach Fossils -foto larga de al lado-, un grupo de Brooklyn cuyos integrantes lucen extremadamente jóvenes (aunque llevan ya seis años en esto) y que no nos impresionó mucho con su indie rock de tendencia “lo-fi” (¿qué quieren que hagamos?; así los describen en Wikipedia), pero que animó a los púberes presentes y marcó de hecho un claro contraste con las propuestas mucho más guitarreras que lo rodeaban. Sin embargo, si hablamos de bandas jóvenes, nuestra mayor pérdida de la jornada fue no haber visto a Palma Violets, la nueva sensación del rock británico que podría convertirse en el nuevo Arctic Monkeys -y que hizo acto de presencia a las 5 de la tarde, cuando todavía estábamos afuera disfrutando de una cebadita-.

De los artistas que se presentaron más temprano y que pudimos ver, lo más convincente fue por lo hecho por Gang of Four, un legendario combo británico cuya presencia llamó también la atención en vista de que la mayoría de los asistentes podrían haber sido no ya sus hijos, sino incluso sus nietos. Esto no fue obstáculo para disfrutar de su contundente post punk, edificado todavía sobre los creativos arreglos ‘funkeros’ del guitarrista fundador Andy Gill, quien a estás alturas es el único miembro original que permanece en la alineación, aunque el actual vocalista, John Sterry -que sólo lleva tres años aquí pero no es ningún jovencito-, hizo una simulación adecuada del recordado Jon King durante la interpretación de los clásicos “Damaged Goods” y “To Hell With Poverty”.

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De vuelta al interior del Observatory, cuando el sol todavía brillaba, tuvimos la oportunidad de apreciar un segmento del repertorio de Tobacco -que puso la cuota de música electrónica a través de una tendencia ecléctica que mostraba tanto influencias de Depeche Mode como de los Beastie Boys- y, ya a la hora de cierre, la presentación casi completa de Danny James (última foto), oriundo de Oakland -quien se acompañó de una estupenda banda para dar cuenta de su rock relativamente apacible pero altamente creativo y lleno de inflexiones progresivas-.

No hay que perder de vista que, debido a su falta de limitaciones de edad para los visitantes y a la accesibilidad del lugar, el Burgerama atrajo probablemente a muchos menores que no suelen tener demasiadas oportunidades de ver rock en vivo y que no necesariamente comulgan con el credo del evento. Pero pensar que ésta era simplemente una multitud sacada de un espectáculo de One Direction y arbitrariamente trasladada a un concierto ‘garajero' sería un gran error, sobre todo porque los escenarios interiores convocaron a un público de mayor edad que se mostró ruidosamente satisfecho con los actos que se presentaban por allí. FOTO: SERGIO BURSTEIN