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May
21

Reseña del concierto de LA MALA RODRIGUEZ en El Rey Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Mala updated

La distancia que existe entre España y Los Angeles no fomenta precisamente la visita frecuente de artistas procedentes del país europeo, sobre todo si estos pertenecen a la escena alternativa; y eso ha hecho también que no tengamos por aquí a una población demasiado grande de inmigrantes de la zona. Todo esto nos lleva a celebrar con particular entusiasmo la más reciente visita a estos predios de La Mala Rodríguez, una ‘rapera’ andaluza que, quince años después de haber lanzado su debut discográfico, el emblemático “Lujo Ibérico”, actúa en la tarima con una energía digna de una artista que tiene algo que probar y que, además -no podemos evitarlo-, luce realmente estupenda.

Como la andaluza no ha sacado un álbum nuevo en dos años, no tenía muchas novedades que ofrecer; pero para demostrar que no se ha quedado con los brazos cruzados, presentó al inicio mismo del concierto un tema nuevo, “Egoísta”, el mismo que lanzó recientemente como probable adelanto de un próximo disco al lado de un provocativo video en el que aparece como parte de una pandilla de féminas intimidantes, pero también seductoras.

Y es que, con todos los mensajes de empoderamiento que recorren su propuesta, La Mala es una mujer que aprovecha su sensualidad y que no le teme a la gestualidad erótica, aunque hay que destacar que, en El Rey Theatre, no llevó uno de esos vestidos cortos que suele lucir, sino un ajustado pantalón negro que le permitió una gran libertad de movimiento, sobre todo en los momentos en los que la música se ponía más intensa, como fue el caso de la reclamada pieza “33”, que es definitivamente una de las más fuertes de su repertorio, sino la más fuerte, y que, hasta donde entendemos, asume la perspectiva de diversos abusadores para cuestionarlos.

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El hecho de que La Mala tenga tanta pegada entre el público latino (que era en definitiva el que vimos en el auditorio) va más allá de cuestiones de idioma, porque la verdad es que, en lo que a nosotros respecta, el significado de muchas de sus letras sigue siendo un misterio, no sólo por su ambigüedad, sino porque emplean frecuentemente palabras y expresiones coloquiales de su región de origen. Pero, por otro lado, ésa es justamente una parte de su encanto, a lo que se suma sin duda el estilo vocal que ostenta, con marcadas inflexiones del flamenco y de tradiciones afines.

Además, no todo lo que entona es tan oscuro; incluso en medio del alto volumen de este concierto (sentimos que los sonidos bajos eran demasiados, al menos cerca del estrado), se adivinaron mensajes reivindicativos y sociales que prueban su pertenencia a las ligas mayores de la composición; y si la versión presentada de “Tengo un trato” incluyó arreglos de raggamuffin que se podrían confundir con cierto ritmo de moda, lo cierto es que lo que hace La Mala no tiene nada que ver con la intrascendencia y la vulgaridad machista del reggaetón, ni siquiera cuando se vuelve directa para contar la historia de una aspirante a narcotraficante (hablamos de la impresionante y muy ‘funkera’ “La niña”).

Tampoco se relaciona con el carácter predecible de Daddy Yankee y sus seguidores, porque si lo dicho puede llevar a pensar que la escuela de La Mala es sólo de furia, es necesario aclarar que una buena parte de su repertorio estuvo dedicada a piezas más cadenciosas pero cargadas de intenciones políticas, como “Caja de madera” y “Quién manda aquí” (marcadas por el reggae); y no faltaron composiciones inclinadas a la baladas, como “Volveré” (la más R&B del conjunto) y “Lluvia”, en las que la voz iracunda de rigor se transforma en un canto inspirado.

Mala 5A pesar de la agresividad de sus letras y de su imagen desafiante, La Mala está lejos de ser una intérprete que establece con su audiencia una relación de hostilidad; de hecho, no esperábamos verla tan alegre y tan comunicativa con los asistentes. “Me siento muy bien; creo que me voy a quedar a vivir aquí”, dijo en un momento dado, empleando una frase que en otra boca hubiera sonado falsa y conveniente, pero que en la de ella resultó encantadora, aunque no sea cierta. También recurrió a su natural coquetería para decirle a un emocionado fanático que tenía a sus pies “quiero contigo” (es decir, una parte de la canción “Tú me apagas”).

Ya casi al final de la faena, cuando le tocó el turno a “Por la noche”, invitó a las mujeres de la audiencia a subirse al escenario, y varias de ellas aceptaron la idea con evidente entusiasmo. Una vez que esto ocurrió, la española se mostró visiblemente alegre con la compañía, mientras aceptaba abrazos, besos y pedidos de “selfies”. Fue un momento eufórico y significativo, de mujeres entre mujeres y de una intención diametralmente opuesta a la de un Enrique Iglesias (por dejar las cosas en la Madre Patria) que sube a una chica al escenario para cantarle al oído y toquetearla con evidente afán mercantilista.

Sólo hubo dos cosas que nos extrañaron: la escasa extensión del concierto, que duró un poco más de una hora y terminó dejándonos con la miel en los labios, pese a que la brevedad de esta clase parece ser una costumbre de La Mala; y el hecho de que se presentara únicamente con un DJ, cuando esperábamos verla con una banda completa, no sólo porque sus grabaciones se encuentran llenas de aportes instrumentales que sería ideal apreciar en vivo, sino porque leímos que el show que ofreció hace tres años en el Troubadour al lado de Los Rakas -al que lamentablemente no fuimos- contó con varios músicos de apoyo. (FOTOS: SERGIO BURSTEIN)

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