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Oct
03

Reseña del HI-FI ROCK FEST en Long Beach (con Dead Kennedys y The Sonics)

Escrito por Sergio Burstein

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Hacer un festival musical nuevo es siempre un riesgo, sobre todo si el cartel que se presenta se encuentra lejos de los lineamientos comerciales. En ese sentido, la primera edición del Hi-Fi Rock Fest, que se llevó a cabo el sábado pasado en un parque aledaño a la embarcación Queen Mary de Long Beach, tenía varios retos por delante, pese a que incluiría en su único escenario a varios representantes de renombre de la escena del punk rock y movimientos afines.

Y aunque la asistencia general no resultó del todo satisfactoria para lo que se esperaba, la audiencia misma no salió con los crespos hechos, ya que las condiciones de sonido se mostraron idóneas y todos los sets fueron completos. Esto fue especialmente cierto durante la actuación del grupo principal, Dead Kennedys, que generó saludables pero controladas sesiones de ‘slam’ y puso la adecuada cuota de punk y hardcore de la vieja escuela pese a una falta especialmente importante en su alineación.

Nos referimos, por supuesto, a la del vocalista original Jello Biafra, quien no está con la agrupación desde la reunión del 2001, y que para muchos era una figura absolutamente esencial de la misma, hasta el punto de que, según esas mismas personas, su ausencia invalida la permanencia de la banda. Para otros, sin embargo, los aportes instrumentales de los Kennedys -quienes recurren a elementos de la surf music, el garage y hasta la psicodelia- fueron demasiado importantes como para echar a la basura el brillante trabajo de los demás integrantes; de hecho, la formación actual incluye a tres miembros emblemáticos: los fundadores East Bay Ray (guitarra) y Klaus Flouride (bajo), así como D.H. Peligro, el baterista más celebrado en la carrera del conjunto.

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Todos ellos hicieron lo suyo con potencia y precisión, desgranando temas como “Police Truck”, “Let’s Kill the Landlord”, “Holiday in Cambodia” y “Chemical Warfare”, aunque el que buscó constantemente la atención fue el miembro más joven y reciente, el vocalista Rob “Skip” Greer (en la foto principal), con arengas al público y una serie interminable de brincos que mantuvieron el asunto animado, pero que le quitaron a la vez contundencia a la fuerte propuesta ideológica de Biafra, sobre todo porque el grupo no ha sacado ningún disco nuevo de material en estudio desde la salida del aludido.

Mucho más temprano, cuando el sol todavía amenazaba, la tarima fue ocupada por quienes terminaron siendo para nosotros los músicos más relevantes de la velada: The Sonics (foto de arriba). Si hablamos de reuniones históricas, la de estos señores es más significativa que la de los Kennedys, porque se trata de una agrupación que estuvo inicialmente activa durante los ‘60 y que volvió realmente a la acción luego de casi cuatro décadas.

Si bien su reencuentro formal se dio en el 2007, el momento actual es especialmente significativo para ellos, en vista de que hace menos de seis meses lanzaron su primer álbum en estudio en cerca de medio siglo, “This is The Sonics”. Pese al enorme paso del tiempo, la placa mantiene ese estilo rápido y agresivo de rock garajero que los ha llevado a trascender fronteras y generaciones. Los caballeros llegaron a la tarima del Hi-Fi con hasta tres miembros originales -el tecladista y vocalista Gerry Roslie, el guitarrista Larry Parypa y el saxofonista Rob Lind- y armaron la fiesta de inmediato, pese a que Roslie se mantuvo en un prudente segundo plano, a diferencia del “nuevo” cantante y bajista Freddie Dennis, quien se mostró particularmente comunicativo.

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No tenemos ni idea de lo que fue ver a estos sujetos en su etapa inicial, pero lo que ofrecieron en esta ocasión fue absolutamente sorprendente para unos veteranazos que rondan ya los 70 años, pero siguen tocando con una convicción absolutamente rocanrolera, como lo probaron al arremeter con temas tan clásicos como “Cinderella”, “Psycho”, “Strychnine” y, por supuesto, ya para el final, “The Witch”, alternados con piezas del nuevo disco -que no sonaron nunca fuera de lugar- como “Sugaree”, “Be A Woman” y la hiperactiva “Bad Betty”. Además del furor generado por la dura guitarra de Parypa y los implacables solos del excelente baterista Bob Bennett, todo llegó debidamente aderezado con los solos de saxo de Lind y las infaltables teclas de Roslie (foto superior).

Al escribir de ello, notamos que, en realidad, lo mejor del Hi-Fest vino de la mano de agrupaciones reunidas, porque ése fue también el caso de Naked Raygun (foto de abajo), un quinteto originario de Boston que se fundó a inicios de los ’80 y entró en receso en 1992 para volver recién a las andadas hace unos cuantos años, con tan buena fortuna que, hace unos meses, fue invitado personalmente por Dave Grohl para ser el acto de apertura de varios conciertos de los Foo Fighters.

En este evento, sus integrantes marcaron de algún modo la diferencia al incluir sonidos distintos al del resto de participantes por ser representantes de la escuela original del post-punk, aunque eso no hizo que su estilo fuera menos duro ni aburrido, como lo atestiguaron sus contundentes interpretaciones de “Rat Patrol”, “Vanilla Blue” y “Knock Me Down”, así como su lograda versión del “Guns of Brixton” de The Clash. Y aunque el vocalista Jeff Pezzati afirmó recientemente que sufre de Parkinson, su entrega física y vocal en la tarima pareció desmentir la triste realidad de su estado de salud.

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Por otro lado, en lo que a nosotros respecta, lo menos llamativo del festival fue la participación de Street Dogs, que se formó hace sólo 13 años bajo la tutela de Mike McColgan, ex vocalista de la popular banda Dropkick Murphys. Pese a que el nombre parecía indicar que nos encontraríamos ante una propuesta realmente salvaje, éste es un grupo de sonido mayormente moderno en el que, para colmo de males, el cantante se empeña en recordar con orgullo su pasado como ‘marine’ y en ensalzar a sus antiguos compañeros de batalla. En nuestro caso, su prolongada presentación en un incomprensible horario estar se convirtió en la excusa perfecta para ir a dar vueltas por ahí en pos de un trago adicional.

En ese sentido, cualquier asistente a un concierto de punk rock que se respete sabe que antes de entrar al local donde se realiza el evento hay que hacer un calentamiento previo -aunque sería probablemente más apropiado hablar de enfriamiento, ya que suele hacerse con cerveza-, y la consecuencia más directa de ello es perderse al menos a un artista que uno se moría por ver. En este caso, se trató de Richie Ramone, quien fue baterista de los Ramones durante cuatro años y grabó con ellos tres discos en estudio, y que actúa ahora como solista al mando de un combo en el que también canta.

En conclusión, y a pesar de la participación de algunos proyectos relativamente recientes en los que se puede incluir también a Luicidal y Dirty Filthy Mugs (que tampoco vimos), el Hi-Fi fue un evento claramente basado en la nostalgia, como si se tratara de una fiesta de reencuentro de viejos amigos que ya no tienen la rabia del pasado, pero siguen emocionándose ante las guitarras fuertes y las letras de protesta mientras se encuentran a los pies de la encantadora costa californiana. Y eso no tiene nada de malo, ¿verdad?