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Nov
19

Reseña del concierto de TEMPLE OF THE DOG en el Forum de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Temple of the Dog

El término “supergrupo” se emplea a veces de manera sumamente abierta para describir a un proyecto musical en el que se unen músicos de distintas procedencias que no son siempre tan famosos como se proclama; pero en el caso de Temple of the Dog, la descripción suena de lo más apropiada, porque nadie en su sano juicio podría quitarle relevancia en el mundo rockero a cada uno de los integrantes de la banda que llenó completamente el Forum el lunes pasado.

El simple hecho de haberse presentado en un auditorio de esta magnitud fue ya un motivo de sorpresa para quienes apreciábamos los logros de un combo que, pese a estar conformado por miembros de Pearl Jam y Soundgarden -es decir, las dos potencias mayores de la escena “grunge”-, grabó únicamente un disco epónimo hace ya 25 años, impuso realmente un único tema en su momento (el celebrado “Hunger Strike”) y parecía ser más una curiosidad de la época que una banda con fanáticos desesperados por tenerla de regreso.

Pero lo cierto es que la apoteósica presentación angelina, que forma parte de una amplia gira estadounidense, demostró con creces que esta agrupación es capaz de generar un furor que solo se imaginaría en un concierto de reunión de Led Zeppelin, por poner un ejemplo extremo, lo que puede responder tanto a la necesidad de los asistentes por someterse a una sobrecarga rockera como a la calidad individual demostrada por sus participantes, el cantante Chris Cornell, el guitarrista líder Mike McCready, el guitarrista rítmico Stone Gossard, el bajista Jeff Ament y el baterista Matt Cameron.

Temple of the Dog en vivo

El entusiasmo en el Forum fue tanto que la audiencia pareció olvidar los reclamos que se han escuchado por ahí ante la ausencia de Eddie Vedder, el vocalista de Pearl Jam, quien colaboró en el disco; de hecho, hubiera sido fantástico verlo aparecer en la tarima, al menos durante la interpretación de “Hunger Strike” -que estuvo obviamente presente, y fue de todos modos fantástica-. Pero si no se lo extrañó es porque casi todo lo que pasó rebasó las expectativas.

Evidentemente, el espectáculo no se podría haber sostenido con el aporte único del citado álbum, que duraba 54 minutos, por lo que era necesario agregar mucho más. Y los músicos no se limitaron a agregar unas cuantas canciones para llegar con las justas a una hora y media que hubiera resultado razonable en vista de las circunstancias, sino que interpretaron 25 piezas, lo que se tradujo en la práctica en un concierto de dos horas y media, es decir, una extensión que hubiera sido ciertamente difícil de tolerar si es que los involucrados no hubieran hecho las cosas tan bien.

Y esas cosas incluían el desarrollo de varios ‘covers’ dueños de una calidad que, gracias a la virtudes de la Internet, ya eran del conocimiento de varios asistentes, y que no tenían nada que ver con los repertorios de Pearl Jam y de Soundgarden, totalmente pasados por alto. En realidad, pese a que Cornell dijo al inicio que el concierto iba a tener algunos sorpresas, lo que se escuchó fue casi exactamente lo mismo que lo presentado en las cinco fechas anteriores de la gira; pero habría que ser muy tonto (o muy ignorante de la historia del rock) para despreciarlo.

TOD full

A fin de cuentas, no era posible quejarse de versiones tan furibundas e implacables como las que se escucharon de grandes temas de Black Sabbath (“War Dogs”), Led Zeppelin (“Achilles Last Stand”), Syd Barrett (“Baby Lemonade”) y David Bowie (“Holy Holy”), sobre todo cuando lo interpretado contaba con un nivel inmensamente superior al de la típica banda de bar en el nivel instrumental y en el vocal, porque hayan escuchado lo que hayan escuchado decir del buen Chris, lo cierto es que el hombre tiene la garganta en excelente estado, lo que nos quedó también claro durante el descomunal show que ofreció con Soundgarden en este mismo lugar durante la reunión del 2011.

La inclusión de ‘covers’ también era necesaria en vista de la monotonía en la que se podría haber caído al interpretar solo temas originales de Temple of the Dog, porque la mayoría de estos se inclinaban hacia la balada debido a que surgieron esencialmente como tributo al fallecido Andrew Wood, pionero del sonido noventero de Seattle. Sin embargo, por ese lado, no vale tampoco equivocarse, porque si bien varias de las piezas tuvieron inicios lentos y apacibles (incluyendo las enormes “Say Hello 2 Heaven” y “Call Me a Dog”, ambas con discretas influencias del góspel), la mayoría de ellas adquirieron luego un carácter explosivo cercano al jammin’; y créannos, escuchar a estos tipos improvisando es un lujo, sobre todo en lo que respecta a los brillantes solos de McCready.

Como la base de todo esto remitía finalmente a Wood, los ‘covers’ no podían dejar de lado a su agrupación Mother Love Bone (en la que militaron también Gossard y Ament), y es ahí donde sentimos que se dio uno de los pocos errores de la presentación, a causa del exceso de adaptaciones de esa banda (fueron cinco). Estamos seguros de que muchos no estarán de acuerdo con nosotros, pero no todas las que se escucharon tenían el nivel necesario para un evento de esta clase, sobre todo cuando se las colocaba al lado de canciones como las que desfilaron.

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