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Ene
27

Reseña del concierto de UDO DIRKSCHNEIDER en The Grove de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

Udo 1

La nostalgia pura no es siempre el camino más fácil de recorrer cuando se es un músico, sobre todo si estamos hablando de un vocalista de 64 años cuya época dorada se dio hace tres décadas y que se distinguió siempre por uno de esos estilos vocales poderosos y agresivos que suelen verse mermados considerablemente (o que simplemente desaparecen) con el paso del tiempo.

En ese sentido, fallar clamorosamente en la interpretación de las viejas canciones no resulta precisamente digno; pero lo interesante de Udo Dirkschneider es que, a pesar de que su condición física actual no es la mejor, su garganta se mantiene en un estado impresionante, lo que tiene que estar relacionado con su decisión de hacer una gira completa con repertorios dedicados a su banda original, Accept, uno de los combos metaleros más aclamados en la década de los ’80.

Accept se mantiene todavía en plena actividad con un vocalista distinto y ha continuado lanzando discos, por lo que la oferta de Dirkschneider se encuentra lejos de ser la única disponible si se quiere escuchar en vivo estos emblemáticos temas, sobre todo cuando se considera que el grupo original cuenta todavía con dos miembros originales, el guitarrista Wolf Hoffmann y el bajista Peter Baltes, mientras que la banda del personaje aquí tratado lo tiene únicamente a él en sus filas.

Udo 2

Pero eso es suficiente para que muchos -entre los que nos incluimos- prefieran verlo en concierto encargándose del material citado, y lo cierto es que el cantante alemán no decepcionó a nadie durante su presentación del domingo pasado en el Grove de Anaheim, en la que su garganta se portó de maravilla y en la que los músicos que lo acompañaron, todos ellos muy jóvenes, demostraron estar a la altura de las circunstancias, ayudados por un sonido de primer nivel.

Esto fue particularmente cierto en el caso de los guitarristas Andrey Smirnov y Kasperi Heikkinen, que reprodujeron con fidelidad el poderoso ataque dual de Accept y que no fallaron tampoco en el plano de los solos virtuosos, sobre todo en lo que respecta al ruso Smirnov, a pesar de que él mismo exhibió permanentemente un aire de ’rockstar’ que nos pareció anacrónico y hasta caricaturesco. Claro que, en realidad, hubo despliegues individualistas por más de un lado, como sucedió durante el momento en que el bajista Fitty Wienhold se enfrascó en un largo solo que lo llevó a interactuar juguetonamente con la audiencia. El único que no hizo un despliegue semejante fue el baterista Sven Dirkschneider, que es hijo de Udo y quizás el menos dotado del grupo.

Dirkschneider tampoco estuvo libre de coqueteos comerciales, porque no dejó de lado las palmadas y le pidió varias veces a los asistentes que se enfrascaran en largas sesiones de coros, a veces a capella; pero no usó esto como estrategia para cubrir deficiencias personales, porque cantó con un falsete implacable que, sumado a la contundencia de las guitarras, le puso la carne de gallina a los presentes, que como era de esperarse no eran precisamente unos chiquillos.

Udo 3

Para nosotros, no todo lo que se escuchó fue ideal, por el simple hecho de que el Accept del pasado tuvo también canciones flojas y de que Dirkschneider prefirió prescindir por completo de los tres últimos discos que grabó con la agrupación para centrarse exclusivamente en los álbumes número cuatro, cinco, seis y siete. De ese modo, no faltaron en la velada piezas como “Midnight Highway” y “Screaming for a Love-Bite”, que representaron en su momento el lado más ‘mainstream’ de Accept.

Afortunadamente, el listado de la primera parte tuvo muchos más puntos altos que bajos, empezando por el corte de apertura, “Starlight”, y siguiendo con metrallazos del calibre de “London Leatherboys”, “Head Over Heels”, “Restless and Wild” y, de modo sorpresivo, “Winterdreams”, una efectiva ‘power ballad’ que recordamos haber incorporado a un ‘mix tape’ de nuestra adolescencia completamente dedicado a canciones lentas de desamor (sí, pues).

Y el ‘bis’ no pudo ser mejor, ya que en medio de su brevedad (se eliminaron dos temas que sí han sido tocados en otras ciudades de la gira estadounidense), se abrió con la monumental “Metal Heart”, distinguida por la línea de guitarra copiada de “Para Elisa” de Beethoven; prosiguió con “Fast as a Shark”, el mejor ejemplo de esa escuela del speed metal que Accept solía hacer tan bien; y concluyó con “Balls to the Wall”, uno de los himnos más grandes de la escuela pesada.

Debido a la edad de los asistentes, no vimos mucho ‘headbanging’ ni mucho menos escenas de ‘slam’, lo que pudo arrebatarle al ambiente el necesario toque de locura pero que, por otro lado, nos permitió gozar del concierto sin empujones ni mayores molestias. Al final del día, lo más importante es que la vieja escuela (y sus viejos representantes) se resisten a morir.

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