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Jun
06

Reseña del concierto gratuito de SUICIDAL TENDENCIES e inauguración del mural de Mike Muir en el Centro de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

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Había una deuda pendiente entre los políticos que manejan el Centro de Los Ángeles y Mike Muir, vocalista de la popular banda Suicidal Tendencies, que podrá tener origen local, pero que trascendió fronteras para convertirse desde hace muchos años en uno de los representantes más cotizados del crossover, el hardcore y el thrash a nivel mundial.

Sucede que, a fines de los ’80, los integrantes del combo surgido en Venice Beach fueron prácticamente proscritos en esta área específica de la ciudad, debido no sólo a unas apariencias físicas que los hacían lucir como pandilleros sin que lo fueran, sino también a los desmanes provocados durante sus conciertos por algunos de sus seguidores, entre los que se encontraban aparentemente personas que sí tenían lazos con estas asociaciones delictivas (se sabe que hubo ‘gangas’ que incorporaron incluso el nombre de este grupo en su denominación).

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Lo cierto es que, fuera de sus aspectos y de la violencia de su música, las letras de ST nunca parecieron promover la violencia organizada, pero sí incentivar la libertad individual; y ese es el mensaje que mantuvo su vocalista Mike Muir durante el discurso de agradecimiento ofrecido el domingo pasado en la tarde en el Arts District, donde se inauguró un mural dedicado a él mismo que, además de haber sido creado por el popular pintor chicano Robert Vargas, fue comisionado por el concejal mexicoamericano José Huizar, quien se ha empeñado en revitalizar la zona geográfica a su cargo.

La conexión entre Muir y la comunidad hispana no es nueva, ya que el cantante tiene muchos seguidores latinos y, además, ostenta un ‘look’ definitivamente inspirado en la cultura de “los cholos”, aunque su banda -que ha sufrido múltiples cambios a lo largo de sus 37 años de existencia- ha contado con integrantes de distintas razas y culturas. En la actualidad, ST se enorgullece de una adición especialmente afortunada: la del baterista cubano-americano Dave Lombardo, reconocido en todo el planeta por su papel en la mítica agrupación Slayer.

Muir 3

Pasadas las 2 de la tarde, cuando se inició el evento, en medio de una tarde que se anunciaba como fría pero que terminó siendo impresionantemente calurosa, era ya evidente que las cosas podían salirse de control, porque el espacio enrejado que se había establecido para la actividad, al lado de la pared empleada para el mural, demostró ser demasiado reducido para la convocatoria obtenida, hasta el punto de que muchos de los asistentes se quejaron afuera.

Luego de una breve intervención de Vargas, quien remarcó la importancia del retratado para la escena ‘skater’, y de las palabras de introducción de Huizar, quien se declaró fan de Muir (lo calificó como “uno de los mejores poetas y músicos de L.A.”), el homenajeado tomó el micrófono para recomendarle a quienes lo escuchaban que “siguieran a sus putos corazones”. “Hay muchas cosas malas pasando en estos momentos, y resulta fácil subirse al coche del odio”, aseguró el ‘frontman’. “Y aunque ustedes saben muy bien que estoy lejos de ser un hippie, mi padre aquí presente me dijo una vez: ‘No te conviertas en lo que odias; si rechazas el odio, no caigas en él’”.

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“No es necesario seguir a los demás ni ver cómo reaccionan ante lo que haces; tienes que hacer lo que consideras que está bien”, agregó Muir, para seguir luego en una curiosa ruta de tendencia ‘motivacional’ y claramente individualista que, a pesar de reconocer la importancia colectiva de la hinchada multinacional de su grupo, lo llevó a pedir respeto para “los policías que tratan de hacer las cosas bien" y, finalmente, a rechazar “la maldita política” y a decir que “no se trata de ser demócrata o republicano, sino de tener un buen corazón”.

Pero los devotos del ahora apacible vocalista no estaban ahí únicamente para escucharlo hablar, sino también para verlo en acción, porque como se había anunciado previamente, la ceremonia iba a ser terminar con una presentación de ST. En vista de la intención del evento y del furor indudable que mostrarían los presentes, nadie esperaba que se ofreciera un concierto completo, por supuesto; pero los trámites resultaron más breves de lo que se preveía, ya que, tras la cuarta canción, en momentos en los que una buena parte de la multitud había invadido la zona del ‘pit’ frente al escenario, el sonido empezó a ser cortado, y todo acabó después de la quinta interpretación.

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La excusa para la interrupción del espectáculo era justamente que la muchedumbre se había desbordado, pero lo curioso es que nosotros, ubicados a un lado del estrado en nuestra capacidad de fotógrafos, vimos que la reja principal se encontró resguardada de manera conveniente por unos aguerridos agentes de seguridad que, en cierto momento, abandonaron simplemente el lugar, provocando de ese modo la invasión. Aunque no sabemos realmente lo que pasó con ellos, nos vimos tentados a pensar que todo había sido planeado para que el asunto concluyera antes de tiempo, o incluso para preservar la reputación “maldita” del homenajeado.

Sea como sea, observar a ST en medio de las calles cuyos “dueños” del momento los rechazaron en un pasado no tan remoto tuvo un sabor histórico, y aunque nueve días antes habíamos visto al mismo grupo ante una multitud mucho mayor y con un set prolongado durante su actuación en el festival de Danzig, Blackest of the Black, escuchar “You Can’t Bring Me Down”, “I Shot the Devil”, “Clap Like Ozzy”, “Trip at the Brain” y “Pledge Your Alliance” en medio de una audiencia tan entregada como la del último domingo fue una experiencia de otro nivel.

Curiosamente, Muir, al que habíamos visto recorrer incesantemente las tablas en el concierto de la semana anterior, se mostró menos generoso en el área del movimiento; pero los demás miembros de ST -los guitarristas Dean Pleasants y Jeff Pogan, el bajista Ra Díaz y el citado Lombardo- compensaron esta carencia relativa con un entusiasmo contagioso. A fin de cuentas, Muir podrá ser el único sobreviviente de la formación original, pero los demás no tienen otra opción que hacerle honor al nombre. FOTOS: SERGIO BURSTEIN

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