Imprimir
Ago
02

Reseña del concierto de ERIC BURDON AND THE ANIMALS en el Muelle de Santa Mónica

Escrito por Sergio Burstein

Burdon 4

Tenía una deuda pendiente con Eric Burdon desde hace mucho tiempo, es decir, desde que llegué al Sur de California hace más de 15 años y, al darme cuenta de que el cantante británico (que ha sido siempre uno de mis favoritos) se presentaba con frecuencia por aquí, decidí que tenía que verlo lo más pronto que resultara posible.

Pero el hecho de que actuara constantemente en lugares inaccesibles para alguien que no tiene carro (ése soy yo) y de que sus andares se cruzaran con mis innumerables compromisos de esa clase de trabajo con el que se paga las cuentas me impidió verlo hasta la semana pasada, cuando se subió a la tarima del Muelle de Santa Mónica para ofrecer uno de los épicos conciertos gratuitos que se llevan a cabo en una plaza abierta al lado del mar durante las semanas de verano.

Con toda la razón del mundo, la faceta más celebrada en la carrera de este señor es la que lo encontró al frente de The Animals, una legendaria banda que gozó de su etapa más estable a lo largo de los ‘60 y que, después de eso, tuvo diversas encarnaciones en las que participaron de un modo u otro los miembros fundadores. Debido a que la presentación de Santa Mónica llevaba el nombre de la etapa más rockera de Animals, asumí que lo que iba a ver contaría con más integrantes originales que el mismo Burdon; lamentablemente, me equivoqué.

Burdon 2

Y es que como lo leo ahora en la red, la actual alineación fue formada por el vocalista en el 2016, luego de recuperar los derechos legales del nombre. Es por eso que todos los “animales" son ahora tan jóvenes, mientras que su líder tiene 76 años de edad. Fue una decepción, claro; pero no una lo suficientemente fuerte como para quitarme el entusiasmo de tener finalmente frente a frente a un icono de la música que, pese al paso del tiempo, se ha distinguido por mantener en estado más que razonable la calidad de una voz alguna vez excepcional.

Aunque el repertorio se centró en temas relacionados a las distintas etapas de Animals, Burdon hizo también trampa al incorporar piezas ajenas al grupo, empezando por la que abrió el espectáculo, “Spill the Wine”, que corresponde a su paso por War y tiene un marcado tinte tropical; pero, bajo riesgo de sonar demasiado concesivo, tampoco me disgustó la inclusión de este corte emblemático con su cantante original (Burdon, claro).

Por otro lado, el momento más sublime fue la interpretación de “In the Pines”, una historia de tradición y muerte que muchos identifican con Nirvana, pero que es en realidad un folk antiguo cuyo autor se desconoce. Burdon la cantó con completa convicción, aprovechando su capacidad para el grito en momentos puntuales y dándole una cadencia hipnótica.

Burdon 1

Sea como sea, estábamos ahí para escuchar otros clásicos, y esos no tardaron en llegar, porque la segunda canción presentada fue “When I Was Young”. Como Animals la grabó por primera vez en 1967, Burdon comentó en el escenario que la escribió “para poder seguir cantándola cuando fuera viejo”; y es probable que no se tratara de una broma.

Agradecí igualmente la inclusión de “Don't Let Me Be Misunderstood”, un tema que tiene un significado especial para mí porque la interpretaba con mi banda peruana Melchormalo, ya que es una de las composiciones más guitarreras del arsenal de Animals (al menos en la versión en vivo que motivó nuestra adaptación).

Tampoco faltó una festiva y acelerada pieza que hablaba ya de nostalgia en el año de su creación, 1967, y que le rindió tributo verbal a artistas como The Byrds, Jefferson Airplane, Ravi Shankar, The Who, Hugh Masekela, The Grateful Dead y Jimi Hendrix, describiéndolos como “jóvenes dioses” debido al festival que se hizo en el transcurso del mismo calendario y que, además de haberle dado también cabida a Animals, le dio su nombre a la canción: “Monterey”.

Burdon 3

Pero los ‘hitazos’ se guardaron para el final con las llegadas consecutivas de “House of the Rising Sun”, el ‘cover’ más famoso de otro viejo tema de folk; “It's My Life”, un título propio de rabiosa independencia; y “We’ve Gotta Get Out of this Place”, que se convirtió en un himno de los soldados estadounidenses que anhelaban el fin de la guerra de Vietnam.

La banda entera fue competente, pero quien destacó más fue el guitarrista Johnzo West, empeñado con acierto en mantener un sonido tradicional que no le impidió probar su talento; lo único raro para mí fue ver bailando con demasiado entusiasmo a los dos encargados de la sección de metales en cierto momento, simplemente porque su actitud se me hizo demasiado ‘popera’ para un concierto de rock de estas características. FOTOS: SERGIO BURSTEIN

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar