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Feb
26

Reseña del concierto de CANNIBAL CORPSE y MORBID ANGEL en el Galaxy de Santa Ana, California

Escrito por Sergio Burstein

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En teoría, la legendaria banda ‘underground’ Cannibal Corpse se encuentra atravesando un momento difícil tras la salida supuestamente temporal de su guitarrista principal, Pat O’Brien, quien, el pasado mes de diciembre, fue arrestado luego de un publicitado incidente que lo encontró invadiendo una propiedad ajena y amenazando con un cuchillo a un agente de la policía mientras su propia casa (dentro de la que se encontraron luego lanzallamas de tipo militar) se incendiaba.

Pero nada de eso fue evidente la noche del viernes pasado, una vez que la formación actual del grupo se subió al estrado del Observatory de Santa Ana, como acto principal de un concierto coprotagonizado por Morbid Angel y con espacio adicional para las noveles bandas Necrot y Blood Incantation.

Respaldado de manera impecable por el productor y guitarrista Erik Rutan, quien ha tocado con Morbid Angel y Hate Eternal, el combo se mostró todo lo rápido, agresivo y contundente que se podía esperar durante esta fecha del tour nacional organizado por la revista Decibel.

A diferencia de lo que suele suceder con las reseñas de música que escribo, esta fue más difícil de realizar por el simple hecho de que decidí no tomar notas mientras me encontraba en la presentación, impulsado no necesariamente por las ganas que tenía de disfrutar del evento sin distracciones de esta clase, sino por las dificultades que existían para escribir en el ‘smartphone’ (mi herramienta de trabajo) desde la posición en la que me encontraba.

Y es que, como el local estaba completamente abarrotado, las únicas posibilidades que había para apreciar realmente lo que sucedía sobre la tarima eran meterse en la zona del piso, dedicada a un ‘slam’ particularmente apretado, o colocarse en las escaleras que daban a la misma, por las que circulaban permanentemente -y no siempre de manera pacífica- las personas que salían del ‘pit’ o entraban a este.

A estas alturas de mi vida, con unos anteojos que necesito sin falta para poder ver más allá de mis narices, concluí que lo más saludable era la posición de la escalera, aunque las cervezas consumidas y el entusiasmo que se fue generando en mí con el paso de los minutos terminó dando con mis pobres huesos en el área de batalla que tanto había evitado. Curiosamente, a la hora de la salida, no hubo nada que lamentar en lo que respecta a este reportero, aunque pude ver circulando por ahí a un tipo que parecía tener la nariz rota.

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En realidad, que haya ocurrido algo semejante es una muestra clara de que estos grupos son todavía capaces de ofrecer espectáculos de primer nivel dignos de enardecer a cualquier ‘headbanger’ auténtico, más allá de que se comulgue o no por completo con las propuestas que manejan.

En ese sentido, Cannibal Corpse, que superó ya los 30 años de existencia, fue sin duda la agrupación más radical de la dupla central, respaldada por un estilo inclemente en el que prima la velocidad y en el que se inmiscuyen permanentemente letras de lo más incorrectas, como es sobre todo el caso de “I Cum Blood”, un desfachatado tema sobre necrofilia que podría ser completamente reprobable si es que no tuviera una intención tan claramente excesiva.

Salvo mejor opinión, este grupo no es un ente promotor de barbaridades, sino un proveedor de relatos macabros que funcionan como equivalentes musicales de películas de terror y de ‘gore’, un aspecto que se ha visto reforzado por el carácter gráfico de sus brutales portadas discográficas. Cualquiera que pretenda poner en práctica lo que se pregona en sus composiciones (como sucede con “Stripped, Raped and Strangled”, que no faltó en la velada) se encuentra no solo mal de la cabeza, sino que ignora los límites que existen entre la realidad y la ficción.

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De ese modo, además de las infaltables “I Cum Blood” y “Hammer Smashed Face”, el repertorio de la noche incluyó piezas como “A Skull Full of Maggots”, “Devoured by Vermin”, “Make Them Suffer” y las recientes “Code of the Slashers”, “Only One Will Die” y “Red Before Black” (procedentes del álbum del 2017 “Red Before Black”), interpretadas por los miembros originales Alex Webster (bajo) y Paul Mazurkiewicz (batería) con la ayuda de George “Corpsegrinder” Fisher (vocalista del combo desde 1995), Rob Barrett (guitarrista rítmica) y el citado Rutan, quien tuvo un desempeño notable. Claro que el más llamativo fue Fisher, quien mantiene la contundencia de su gutural voz y no deja de sacudir la melena con entusiasmo, aunque algunos fans sigan extrañando al cantante original Chris Barnes.

Como era de esperar, el cierre se dio con “Hammer Smashed Face”, un tema que superó inesperadamente los confines del ‘under’ al insertarse en la comedia comercial “Ace Ventura, Pet Detective” a pedido de la estrella de Hollywood Jim Carrey. Habrá que ver lo que pasa con la banda en el caso de que O’Brien no regrese a sus filas, sobre todo en lo que se refiere al trabajo en el estudio, ya que, en vivo, los resultados siguen siendo impecables, aunque un tanto monótonos (como la han sido siempre).

Lo que hizo Morbid Angel momentos antes debía ser igualmente digno de recuerdo, y en lo que a mí respecta, incluso más, porque su estilo, en el que se combinan segmentos absolutamente acelerados con partes lentas y densas, posee más diversidad, así como unos recursos técnicos que brillan por su ausencia en Cannibal Corpse.

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Lamentablemente, de las dos agrupaciones, Morbid Angel es la que se ha visto más perjudicada por los cambios de integrantes, hasta el punto de que su alineación actual solo cuenta con un miembro original, el guitarrista Trey Azagthoth. No figuran ya ni el vocalista y bajista David Vincent -que fue para mí una figura esencial en esta agrupación- ni el baterista Pete Sandoval -cuya ausencia es la más lamentable, porque es ampliamente considerado como uno de los elementos esenciales de esta escena y un pionero del distintivo ‘blast beat’-.

Sin embargo, el problema mayor de la noche fue que, sin dejar de hacerle honor a su legado con un set que incluyó piezas clásicas como “Day of Suffering”, “Abominations”, “Unholy Blasphemies” y la monumental “God of Emptiness”, y que incluyó también la interpretación de hasta cuatro temas de su álbum más reciente, “Kingdoms Disdained” (2017), el conjunto, que tiene ahora de regreso al vocalista y bajista Steve Tucker -quien ha entrado y salido de la agrupación desde 1997- y que incorporó recientemente al baterista Scott Fuller, cometió varios errores de interpretación, sobre todo en el caso de Azagthoth, que ha sido considerado frecuentemente un virtuoso de las seis cuerdas, pero que falló en más de una ocasión, incluso en el plano de los solos y de la afinación, despertando con ello especulaciones sobre su estado de salud y/o su sobriedad.

Aunque sus letras no han caído nunca en los extremos de las de Cannibal Corpse, Morbid Angel causó también polémica al inicio de su carrera debido a los mensajes oscurantistas y de tendencia satánica que manejaba, aunque más adelante empezó a interesarse en los dioses sumerios. Sea como sea, y en consideración a su rol relevante dentro de esta escena, es de esperar que lo del Observatory haya sido un simple traspiés, porque el último disco fue sumamente decente. FOTOS: ALEX MONICO