Imprimir
Abr
20

Reseña del concierto de DORO y METAL CHURCH en House of Blues de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

Doro 3

Se diga lo que se diga y pase lo que pase en la multimillonaria escena del ‘mainstream’, el metal sigue vivo en el Sur de California, aunque tenga que conformarse muchas veces con escenarios reducidos debido a la popularidad desbordante de los estilos de moda.

El jueves pasado, dos artistas realmente emblemáticos del género unieron fuerzas para una presentación especial en House of Blues de Anaheim que no tomó lugar en el sector más amplio del famoso club, sino en una zona más reducida del mismo, conocida como The Parish; pero es importante señalar que este no fue el único concierto dado por el combo en estos lares, ya que, un día después, se repitió la función en el legendario Whisky A Go Go de West Hollywood.

Sea como sea, nosotros asistimos al primer show, que tuvo como acto principal a Doro Pesch, una cantante alemana que empezó en lo suyo a inicios de los ’80, cuando fundó Warlock, una agrupación oriunda de Düsseldorf que alcanzó una razonable popularidad mundial y con la que grabó cuatro álbumes, aunque el grueso de su discografía corresponde a su carrera como solista, que le ha brindado ni más ni menos que 13 producciones completas.

Doro 2

Lo cierto es que, pese a los cambios de músicos y al paso de los años, Doro (como se la conoce popularmente) se ha mantenido fiel a un estilo de heavy tradicional particularmente acelerado que, en esta ocasión, adquirió un indudable aire festivo, fomentado por la energía desbordante de sus dos guitarristas, que se mostraron dispuestos a hacer toda clase de maromas y solos compartidos.

Como era de esperarse, el set de la noche se inclinó considerablemente a la interpretación de temas de Warlock, y eso sucedió desde el inicio mismo, plasmado en “I Rule the Ruins” y “Earthshaker Rock”; más adelante, se escucharon “Burning the Witches”, “Hellbound”, “All We Are”, “Metal Tango” y “Metal Racer”, lo que tiene que haberle dado en la yema del gusto a los asistentes que gustan de la escuela germana ajena a las tendencias más radicales.

Pero lo importante no es solo que Doro dejó espacio para sus composiciones como solista, sino que incluyó algunas de las que vienen en “Forever Warriors, Forever United”, una placa del 2018 que la encuentra en buena forma, y que no desentonaron para nada en un repertorio que se inclinó muchas veces hacia el espectro más sucio del rock’n’roll. Por ese lado, no faltó el entusiasta corte “All For Metal” (que se explica por sí solo), así como el simpático “Bastardos”, evidentemente dedicado a sus fans latinos.

Doro 1

Doro tiene ya 54 años y su voz, que estuvo generosamente cubierta por un efecto de ‘reverb’, no es probablemente lo que era en sus mejores tiempos; pero tanto su estado físico como su energía son envidiables, y en cierto momento, dejó la tarima para subirse en los hombros de algunos parroquianos.

Con todo lo entretenida que resultó la faena de la veterana europea, tenemos que admitir que lo que más nos atraía de la velada era la oportunidad de ver a Metal Church, un combo originario de San Francisco pero afincado poco después en Washington que ha tenido una carrera destacada en el ‘under’ desde sus inicios, al comienzo de la misma década de los ’80.

Aunque su escuela es estrictamente metalera, este grupo destaca por haber sido pionero en el empleo de técnicas que fueron empleadas luego en el thrash, ya que si bien su primer álbum epónimo se lanzó en 1984, el primer demo que editó apareció en 1982. Y lo más llamativo de todo esto es que, en el entarimado, mostró una versatilidad que tiene que ser la envidia de muchos, sobre todo porque no se convierte nunca en un obstáculo para la contundencia.

MC 3

La formación actual de Metal Church solo cuenta con un miembro original, Kurdt Vanderhoof, quien fue de hecho el fundador del conjunto y sigue siendo su compositor principal; pero tiene también en sus filas a Mike Howe, el segundo vocalista en la historia de la banda, así como el que grabó seis de sus doce álbumes.

Mencionarlo no es una cuestión de compromiso, ya que se trata no solo de un excelente y carismático ‘frontman’ dueño de un dinamismo impresionante, sino de un vocalista excepcional por el que el tiempo no parece haber transcurrido, pese a que tiene 53 años y a que su estilo, muy en la vena de Rob Halford, es sumamente exigente.

Además, Wade, que se involucró plenamente en la escritura de las letras desde que se incorporó a Metal Church, introdujo una tendencia social y política que se plasmó en Anaheim en temas como “Date With Powerty”, “In Mourning” y “Fake Healer”, una excepcional pieza con cambios rítmicos de filiación ‘progre’ y un mensaje sumamente crítico sobre la comercialización de la medicina occidental.

MC 1

Vanderhoof fue siempre el guitarrista rítmico, pero sus aportes a la monumental sección de riffs de la banda son invaluables, incluso en los momentos en los que decidió no grabar en estudio pero seguir creando las canciones; y apreciarlo ahora en acción fue un verdadero placer, sobre todo porque se le veía feliz de hacer lo que mejor sabe hacer al lado de su buen amigo Mike.

En lo que respecta a los solos, es razonable extrañar la presencia de John Marshall, el primera guitarra más conocido de Metal Church; pero Rick Van Zandt, que ocupa ese puesto desde el 2008, hizo un trabajo perfectamente respetable. A fin de cuentas, fue un auténtico lujo poder escuchar estas canciones clásicas, así como las piezas nuevas “Damned If You Do” y “Needle and Suture”; y no faltaron tampoco “Beyond the Black”, “Start the Fire” y la espectacular "Watch the Children Pray", que fueron originalmente grabadas por el vocalista original, David Wayne, fallecido en el 2005 tras sufrir un accidente automovilístico.

MC 2

Pese a la contundencia del sonido, los trámites se mantuvieron completamente apacibles en lo que respecta al público durante la mayor parte del set, como sucedió también con Doro; sin embargo, las primeras notas de la ya citada “Beyond the Black”, que inauguraron oficialmente el segmento thrash, fueron testigos de la llegada de un pequeño pero impetuoso grupo de revoltosos que se abrió paso a empujones para desatar el ‘slam’.

Y aunque lo que se escuchaba no desentonaba con estas intenciones, la mayoría de los presentes rechazó la violenta incursión, lo que provocó incluso un conato de pelea que no llegó afortunadamente a nada más grave. A fin de cuentas, con toda la devoción que sienten por el género, los ‘headbangers’ presentes no eran precisamente unos chiquillos, y preferían escuchar lo que se les ofrecía sin ser empujados o forzados a participar en una actividad que, a estas alturas, sería demasiado arriesgada para ellos. FOTOS: ALEX MONICO