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Dic
06

Reseña del concierto de KING DIAMOND en el Grove de Anaheim

Escrito por Sergio Burstein

KD 1

El reciente anuncio de una gira de reunión de Mercyful Fate ha conmocionado a los fans de la emblemática banda danesa de heavy metal, pero no tendría que haber perjudicado a la serie de presentaciones que su vocalista King Diamond acaba de concluir en los Estados Unidos, sobre todo porque, al menos por ahora, los conciertos de su antiguo combo se limitarán a tierras europeas.

La penúltima de las fechas locales se produjo el martes de esta semana en el Grove de Anaheim, debidamente acondicionado para la habitual puesta en escena teatral de un veterano del oscurantismo que, sin dejar nunca de lado el maquillaje de rigor, ofrece siempre espectáculos memorables y de un gran nivel musical, debido no solo a las virtudes de una voz particularmente original que él mismo mantiene en forma a sus 63 años de edad, sino también al virtuosismo de los músicos que lo rodean, encabezados en la actualidad por el guitarrista Andy LaRocque, quien ha participado en los 12 álbumes grabados hasta la fecha por lo que, más allá del apelativo de su ‘frontman’, es considerado también un grupo.

Las escenografías que monta generalmente Diamond (¿me dejan llamarlo así?) son vastas y vistosas, por lo que vale la pena apreciarlas desde una distancia prudente; pero esta vez, decidí colocarme en la zona más cercana al escenario -adornado para lucir como un decadente manicomio- con el fin de disfrutar adecuadamente del impacto sonoro de estos monstruos y obtener de paso material decente para las redes sociales, lo que hubiera sido de lo más gozoso si es que la decisión no me hubiera expuesto a los empujones permanentes de ‘millenials’ -y no tan ‘millenials’- desubicados que creían estar en un concierto de thrash o de death y que insistieron en enfrascarse en un slam extremadamente violento que, al salirse naturalmente de control, terminó por lesionar al pobre tipo que se encontraba a mi lado tratando de disfrutar tranquilamente del show al lado de su novia.

KD 2

Fue una molestia constante, claro; pero nada iba a impedir que yo disfrutara como el Diablo manda de un acto de lujo que sigue resultando convincente incluso cuando prescindió por completo de los temas de Mercyful Fate, lo que tenía de todos modos sentido cuando se recuerda la abundante discografía de este mismo proyecto, pero que se debió evidentemente al ya citado anuncio de la reunión del 2020.

Tomando en cuenta que casi todos esos álbumes son conceptuales, y para darle un poco de orden al asunto, Diamond abrió fuegos con “The Candle”, la estupenda (y extensa) pieza inicial de su trabajo de debut, “Fatal Portrait” (1986), luego de que sus integrantes bajaran paulatinamente por las escaleras que formaban parte de la estructura escénica, y en cuya parte superior se encontró siempre la batería de Matt Thompson (encargado del instrumento desde el 2000) y la corista Livia Zita, que es esposa del vocalista.

“Behind These Walls” (dedicada a los abusos de la Iglesia Católica) vio volar por los aires las páginas de una Biblia y desfilar a una monja atormentada, mientras que “Arrival” (coronada por fabulosos arranques del ‘progre’) le dio pie al ingreso de un ataúd del que surgió la muñeca que representa a la figura central del insuperable “Abigail” (1987). “A Mansion In Darkness”, de la misma placa, vio por su lado circular a una muchacha con una luz portátil que se enfrentaba supuestamente a los misterios de la penumbra.

KD 3

Más adelante, varias mujeres con capuchas negra desfilaron entre las notas de “Voodoo”, un tema que se inicia con un curioso ritmo tribal; cuando le tocó el turno a “Masquerade of Madness”, primer sencillo del próximo álbum “The Institute” -y que suena muy bien, con un estilo muy próximo al de Mercyful-, una mujer con camisón bajó de las alturas luciendo una máscara de aspecto férreo y se puso a correr desesperadamente ante nosotros; y entre los acordes de la popular “Welcome Home”, hizo su aparición otro emblemático personaje, la abuela siniestra en silla de ruedas que engloba el concepto del “Them” (1988).

Este énfasis en el aspecto más juguetón del terror, que secunda las elaboradas letras sobre historias espeluznantes y que no cae en la tentación del ‘gore’ para acercarse en cambio a una inspirada atracción del Día de las Brujas, le quita probablemente seriedad a la propuesta de King, que es un satanista declarado; pero hace que todo resulte tremendamente entretenido y, lo que es más importante, no le quita protagonismo a la música, que nunca deja de seducir, y que en el plano instrumental estuvo protagonizada por los excelentes riffs compartidos entre LeRocque y Mike Wead, miembro de la cofradía desde 1991 y encargado principal de los solos.

Para el ‘bis’, el grupo recurrió primero a “Burn”, una composición de mediano calibre que hubiéramos cambiado con gusto por algo de Mercyful, y cerró luego la fiesta con “Black Horsemen”, una suerte de compendio de los talentos de estos músicos que se inicia con misteriosos arpegios acústicos antes de poner toda la carne en el asador, y que fue dedicada en toda la gira a Tim Hansen, el ex bajista de Diamond y de Mercyful fallecido el pasado 4 de noviembre.

El Rey sigue vivo y vigente, y esperamos verlo de nuevo por aquí muy pronto, esta vez al mando de la mítica agrupación que lo dio a conocer hace más de tres décadas. FOTOS: ALEX MONICO / ESPECIAL PARA MANGANZON

King Diamond 2019 4

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