Imprimir
PDF
May
16

Reseña del concierto de despedida de CAMILO SESTO en el Anfiteatro Gibson

Texto: Sergio Burstein, fotos: Fanny García

Camilo1

Una vez finalizado el show, mientras MANGANZON abandonaba las instalaciones del Anfiteatro Gibson, al lado de los Estudios Universal, un tipo maduro que se encontraba evidentemente embriagado gritaba a los cuatro vientos su descontento.

“¡Yo vi a Camilo Sesto en el 76, y ése sí era él! ¡Este no! ¡No me van a engañar!”, bramaba el hombre, en medio de una sarta de improperios. No cabe duda de que este señor sigue viviendo en el pasado; por más que sus reclamos tuvieran cierta justificación, es necesario apreciar a cada artista en el contexto en que se encuentra.

En realidad, metidos como estamos en la era cibernética, hay que ser demasiado despistado para no saber que no se podía esperar una interpretación magnífica por parte de Camilo Sesto; se rumoreaba incluso que iba a apelar generosamente al ‘playback’, algo que por suerte nunca ocurrió.

Los informes sobre el mal estado de su voz, sus problemas de salud  y sus cambios físicos a punta de bisturí son ampliamente conocidos, y en vista de todo ello, lo único realmente cierto es que el concierto de anoche fue mucho mejor de lo que esperábamos.

Camilo2Y, aparentemente, mejor de lo que esperaban las 6 mil personas que abarrotaron el Gibson, ya que si bien se escucharon algunos comentarios de descontento entre las butacas, casi todos los asistentes se mantuvieron dentro del recinto hasta el final del largo espectáculo, dando su aprobación a lo que veían y escuchaban con numerosos rugidos de entusiasmo colectivo.

En el papel, el cantante español comparte similitudes con su igualmente talentoso colega José José, que arruinó completamente su voz tras una interminable serie de excesos. La diferencia es que si el mexicano es ahora incapaz de entonar cualquiera de las notas del pasado, Camilo (cuyo verdadero apellido es Blanes) se esforzó siempre en este concierto de despedida por alcanzar los niveles de excelencia de sus años mozos, y lo logró en algunos momentos.

Además, Camilo tiene el inmenso mérito de ser un compositor y, sobre todo, un compositor que, a pesar de la evidente cursilería de sus temas, es capaz de crear letras cargadas de emoción sincera y de logradas figuras literarias.

Eso fue lo que le permitió volver tolerables los momentos en los que su voz falló clamorosamente, sobre todo durante la presentación de algunas de las baladas (como fue el caso de la célebre “Jamás”), aunque estas dificultades no amilanaron al ídolo, que se animó incluso a presentar algunos fragmentos a capella y le dio en la yema del gusto a la audiencia mexicana al cantar “El rey”.

Es necesario decir que, más allá de todos los problemas que puede haber tenido, Camilo cumplió ya los 64 años de edad, y que resulta bastante descabellado pensar que pueda reproducir el sublime nivel vocal del que gozó en la década de los 70s.

Haberlo podido escuchar en esas condiciones tiene que haber sido memorable; pero, tal y como están las cosas, preferimos haber tenido al menos la oportunidad de verlo en vivo antes de que abandone los escenarios por completo.

También hay que reconocer que el show ofreció más que la voz y las letras de Camilo, porque el español tuvo el tino de contar con el acompañamiento de una banda llena de estupendos instrumentistas, que languideció ocasionalmente durante la presentación de los cortes más lentos, pero que generó un verdadero impacto auditivo en las composiciones más interesantes de la velada, como “Melina” (influenciada por tonalidades del Medio Oriente), “Fresa salvaje” (en una espectacular versión que combinó funk, reggae y rock’n’roll) y “El amor de mi vida” (que contó con un rockerísimo crescendo).

Angela_Carrasco2Allí estaba también, por supuesto, Angela Carrasco, que se inició profesionalmente en la música gracias a la ayuda de Camilo, quien no sólo la invitó a participar en el exitoso musical “Jesucristo Superstar” cuando la dominicana era aún desconocida en España, sino que compuso y produjo varias canciones para ella.

Carrasco acompañó a  Camilo durante “Callados”, el dueto más popular que se les conoce; fue un momento conmovedor que probó el cariño que se tienen, pero hubiera sido realmente histórico que los dos interpretaran también algunos de los temas de “Jesucristo Superstar” que iban a presentarse supuestamente durante esta gira (leer la entrevista en la sección respectiva de este sitio), y que se ignoraron por completo en el Gibson.

La misma Angela tuvo la oportunidad de abrir el show con un breve set que estuvo lleno de éxitos, y que le sirvió para demostrar, como ella misma dice, que no se ha retirado ni piensa hacerlo. No le falta razón, por supuesto; aunque tiene sólo tres años menos que su mentor, luce un aspecto físico envidiable y su voz se encuentra en excelente estado, con la potencia y la capacidad emocional de antaño, como lo probó su soberbia interpretación del clásico “Quererte a ti”, que la encontró secándose una lágrima de emoción producida por la ruidosa recepción que le brindó el auditorio.

En medio de temas como “No me puedo quejar”, “Quiéreme” y “”Boca rosa”, la dominicana demostró también que mantiene intactos su coquetería y su sentido del humor, ya que bromeó varias veces con el público y, en determinado momento, aseguró que no se ha sometido a cirugía alguna.

“Todo lo que ven está bien puesto, como lo hacemos las mujeres maduras en la actualidad”, afirmó de manera impetuosa y desafiante. Bien por ella.