Imprimir
Jun
24

Reseña de RUSH en el Anfiteatro Gibson

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein/ Fotos: Krista Kahl

Rush1

Cuarenta y tres años no es un periodo de tiempo precisamente corto, menos aún cuando se refiere a una banda de rock, esas entidades que, por motivos naturales, no sobreviven demasiado si no logran alcanzar el éxito en un punto razonable de sus carreras. Pero Rush ha logrado las dos cosas y, lo que es más importante, sigue manteniendo completa a su alineación clásica.

Además, el trío canadiense (Geddy Lee en bajo, voz y teclados; Alex Lifeson en guitarra y Neil Peart en batería) no forma parte de esa congregación de dinosaurios que se reúnen de vez en cuando para desempolvar viejos éxitos y ofrecer conciertos de compromiso que sirven para engrandecer sus cuentas bancarias. Estos tipos no sólo se encuentran casi siempre de gira, sino que sus shows duran por lo general tres horas, mientras siguen lanzando discos de material inédito de manera frecuente (el último, “Snakes & Arrows”, se editó en el 2007, y el siguiente, “Clockwork Angels”, se encuentra casi listo, aunque no tiene fecha de salida).

Rush_2El único receso realmente significativo se produjo entre 1997 y el comienzo de la década pasada, como consecuencia de una tragedia doble: la hija de 19 años de Pearl murió en un accidente automovilístico y, meses después, su esposa sufrió la misma suerte debido al cáncer. El alejamiento de los estudios de grabación y de los escenarios no podía ser más lógico, puesto que el mismo Pearl hace algo inusual en una banda de rock: escribe todas las letras de Rush.

Desde mediados de los 2000s, el grupo ha mantenido ha mantenido un nivel de actividad impresionante, que sorprende no sólo por todo lo que ha ocurrido en este tiempo, sino porque todos sus integrantes se encuentran cerca de la sesentena. Este dato es particularmente relevante si se considera que el estilo de Rush es tremendamente exigente, ya que la banda representa la rama más compleja y dura del llamado rock progresivo, que se caracteriza por sus arreglos jazzísticos y su virtuosismo instrumental.

El miércoles pasado, sobre el tabladillo del Gibson, los músicos no pudieron evitaron lucir como hombres maduros, por supuesto; pero no dejaron de moverse en el escenario (Lifeson fue el más efusivo) y, lo que es más importante, probaron que sus habilidades musicales se encuentran casi intactas, porque lo que se escuchó no hizo extrañar nunca las versiones en estudio de varios temas que, en algunos casos, se hicieron hace más tres décadas. El que lleva el peso mayor es Pearl, que además de sus talentos como compositor, es considerado como uno de los mejores bateristas en actividad, y que fue capaz de reproducir con milimétrica exactitud cada uno de los sonidos percusivos de sus composiciones, además de enfrascarse en un alucinante solo de diez minutos que incluyó un inesperado tributo al estilo Dixieland.

Lifeson hizo lo suyo con la misma fidelidad al registro original, y Lee (cuya maestría en el bajo es también legendaria) dejó a más de uno boquiabierto con su poderosa e intrincada interpretación del instrumento. Al principio del concierto, su voz (que se ha mantenido siempre en un registro altísimo) no funcionó del todo bien; pero, una vez calentada, la garganta del veterano hizo prodigios que ya no se esperaban.

No todo el material grabado por Rush ha tenido siempre la misma calidad. La primera parte del concierto fue una mezcla de aciertos y desaciertos, con la inclusión de algunas piezas de tendencia pop (como “Presto”, hecha a fines los 80s) que no representan lo mejor de su legado, pero con la contraparte de temas tan memorables como “Freewill” (un notable encuentro de complejidad y melodía) y “Subdivisions” (uno de los más solicitados en las presentaciones en vivo, con una fuerte presencia del sintetizador y un cierre vocal de lo más agudo).

Rush_3Pero lo mejor estaba por llegar: tras un breve intermedio, el trío regresó a la tarima para presentar en su totalidad (y en el orden original) el álbum “Moving Pictures”, que se lanzó hace treinta años, y que, tras lo visto y escuchado, puede ser considerado con justicia como la obra maestra de la agrupación.

La placa se abre, por supuesto, con “Tom Sawyer”, el tema más popular de Rush (y uno de sus éxitos más accesibles); pero contiene además composiciones de mayor complejidad, como el instrumental “XYZ”, cuyos fabulosos quiebres rítmicos (liderados por un Pearl en su mejor momento) siguen causando admiración, y como la rockera “Limelight”, otra afortunada conjunción de destreza y entonaciones pegajosas.

Una vez que concluyó con la presentación de cortes del “Moving Pictures”, Rush se tomó tiempo para presentar otras favoritas, como la melodiosa “Closer to the Heart” (que empezó de manera acústica y asumió luego un estilo guitarrero) y dos temas del “2121”, un álbum de 1976 que tiene todo el derecho de competir con el “Moving Pictures” como mejor álbum de la banda.

El segundo corte, “The Temples of  Syrinx”, dio cuenta de un estilo ‘metalero’ realmente precursor, con un sonido de guitarra que tiene que haber influenciado profundamente a Iron Maiden y una interpretación vocal especialmente furiosa. A nuestro juicio, una de las mejores creaciones de los canadienses.

La larga disponibilidad de tiempo hizo incluso posible la presentación de dos canciones nuevas, que serán incluidas en el “Clockwork Angels”: “BU2B” y “Caravan”.  Sin mostrarse completamente originales, las piezas dejaron muy en claro que Rush se está alejando cada vez más del sonido ‘popero’ que tuvo en los 80s para retomar sus coqueteos con el rock pesado. Y, para nosotros, eso sólo puede ser bueno.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar