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Jun
26

Reseña de MANA en el Staples Center

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

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Es cierto que el Rock en Español se encuentra prácticamente extinto en el Sur de California, un lugar que a fines de los 90 tuvo una efervescente escena local y que se veía frecuentemente visitado por agrupaciones internacionales dedicadas al género. Llegamos incluso a tener un festival anual, el recordado y extrañado Watcha Tour.

Actualmente, las bandas de relieve llegan sin continuidad alguna, y vienen sobre todo de México, cuando en el pasado reciente arribaban también de Sudamérica y de España.

Pero lo que sí parece mantener su liderazgo es el pop-rock, ese rubro que no logra satisfacer el apetito de los amantes de los guitarrazos, pero que sigue siendo celebrado por las multitudes sin reparos de ningún tipo. Es esa misma aceptación la que explica el regreso triunfal que está teniendo Maná en la ciudad de Los Angeles, con cuatro fechas completamente vendidas en el Staples Center, un enorme local deportivo que alberga únicamente a músicos consagrados.

MANGANZON asistió a la primera  presentación, el jueves pasado, para confirmar en con sus propios ojos y oídos que, tras más de treinta años de carrera, Maná sigue siendo capaz de llenar estadios, de manera literal. Y esto sólo es ya un mérito, por supuesto, porque no se trata de una banda de jovencitos que se valen únicamente de sus pintas para despertar la histeria.

mana2En realidad, en esta ocasión, Maná ofreció un show de lo más profesional y ambicioso, con el empleo de un sistema de luces y de sonido de última generación y, sobre todo, con una serie interminable de videos de animación computarizada que le dieron una suerte de empaque de lujo a su propuesta musical.

Esta propuesta sigue siendo la misma que la que ha tenido desde mediados de los 80s, por supuesto, ya que si bien se trata de un grupo con mucho más talento instrumental que, digamos, El Tri, sus integrantes no parecen querer asumir los riesgos que implicaría despegarse de una fórmula que les ha resultado infalible en términos de ventas y que, para ser sinceros, los ha acercado incluso al esquivo público anglosajón.

Por suerte, los tapatíos son capaces de sorprender todavía con algunas composiciones interesantes, y en ese sentido, se agradece que hayan tenido la buena idea de incorporar “El espejo” al repertorio de esta gira. “El espejo” es un tema del álbum más reciente,  “Drama y luz” (lanzado en abril de este año) que, aparte de tener algunos de los riffs más poderosos y progresivos que el conjunto ha presentado en los últimos tiempos, posee una letra de lo más sugestiva, con una historia fantasiosa pero contundente que critica las barbaridades cometidas por la Inquisición Católica.

Pero Maná sabe que centrarse en esta clase de complejidades creativas significaría apartarse de los miles de fans que siguen al grupo para pasar un buen rato (y no para cuestionar la realidad del presente o del pasado), por lo que sus discos y sus conciertos, incluyendo el que aquí se comenta, se orientan mucho más hacia las temáticas amorosas y las melodías relajadas.

Así, la interpretación de “El espejo” y de la canción que la siguió, “Sor María” (que habla también de un tema incómodo, el de las restricciones amatorias que se imponen a las monjas), fue rodeada por temas mucho más ligeros y llevaderos, como “Lluvia al corazón” (el primer sencillo de la nueva placa), “Oye mi amor”, “Eres mi religión” y “Bendita tu luz”, que fueron mucho más celebrados y coreados por los miles y miles que asistieron al coloso angelino de concreto.

En determinado momento, cuando las baladas ya habían dado todo lo que podían dar, el grupo decidió retomar su lado rockero para interpretar “Latinoamérica”, una pieza de apoyo a nuestra comunidad con poco vuelo lírico pero con una vistosa presentación, que incluyó un recorrido de lemas y de banderas en las pantallas de video.

El baterista Alex González no ha sido nunca conocido por su modestia, por lo que la llegada del solo de percusión era completamente predecible. Pero habría que ser demasiado mezquino para dejar de reconocer que el hombre sigue aporreando los tambores con la contundencia y la técnica de sus mejores tiempos, y que no pierde ni un beat aunque tenga los brazos en la espalda, se ponga de pie ante los platillos o se encuentre dando vueltas en una estructura mecánica que recuerda a la que emplea regularmente Tommy Lee, de Motley Crue.

De lo que no se puede acusar a Maná es de desatender a sus seguidores. Cerca de la mitad del concierto, decidieron acercarse a la audiencia que se encontraba más alejada del escenario al subirse a un estrado que se levantaba en medio de la cancha, donde ofrecieron una sesión semi-acústica que empezó con “Se me olvidó otra vez” y terminó con “Vivir sin aire”, mientras el cantante Fher abrazaba a una chica de la audiencia que había llegado hasta allí por invitación del cantante.mana3

No resulta difícil entender el atractivo que puede ejercer en las masas una banda como ésta, que toca a veces con fuerza, pero tiene a un cantante de voz apacible; que pone a veces el dedo en la llaga, pero lo retira casi de inmediato; y que parece querer genuinamente a un público sin el que no podría ganarse la vida. Observar los rugidos de los asistentes y sus reacciones durante el concierto fue una verdadera experiencia sociológica.

No dudamos que los integrantes del grupo tengan las mejores intenciones, pero su deseo de convertirse en abanderados de la causa ecológica los lleva a veces a lanzar expresiones que se prestan involuntariamente a la parodia, como ocurrió durante la presentación de “Dónde jugarán los niños”, que fue antecedida por un video en el que Fher decía: “Estamos aquí para hablar por los delfines y las rosas”. ¿En serio?

Además, es obvio que el cantante quiere hablar también por otras especies. En las postrimerías del show, buscó sacar la garra y referirse abiertamente a los problemas de discriminación que atraviesan actualmente los latinos indocumentados en este país. Luego de asegurar que también hay anglosajones decentes que apoyan a “la raza”, añadió que “a los que queremos mandar a chingar a su madre es a esos senadores racistas”, en alusión a los políticos que imponen leyes anti-inmigrantes.

Hasta allí, todo bien. Pero después, el mismo  vocalista agregó: “Esperamos poder tener pronto un encuentro con Obama para hablar sobre todo esto”. Mmmm… ¿complejos de Bono, cantó un colibrí?

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