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Oct
02

Reseña del concierto de ANDRES CALAMARO en el Hollywood Palladium de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

Calamaro_Uno

Casi a la mitad de su concierto en el Hollywood Palladium de Los Angeles, Andrés Calamaro agradeció su presencia a los asistentes, y agregó una frase especialmente ingeniosa: “Ustedes son un público que no está mal”.

Si se hubiera tratado de esos artistas típicos del pop que se dedican a brindarle falsos elogios a sus seguidores, hubiera dicho que se trataba de una audiencia fantástica, increíble, la mejor de su vida. Pero hay que recordar que éste es el mismo argentino que publicó hace unos años un álbum titulado “Honestidad brutal”.

Calamaro_DosLo que dijo el viernes pasado correspondió perfectamente a lo que se veía en un auditorio que, a pesar de tener en esos momentos sobre su escenario a una leyenda viva de la música latinoamericana, se encontraba lleno sólo a la mitad. Como ya lo señalamos antes en estas páginas, se trataba del primer concierto dado por Calamaro en los Estados Unidos en toda su carrera, y es probable que el músico -que suele llenar estadios en Argentina- esperara un recibimiento más apoteósico.

En todo caso, parece haber afrontado el trance con una cantidad de alcohol que se hizo evidente en algunos momentos de la ‘performance’, sobre todo al inicio (la botella de tequila que circulaba en el estrado lo confirmaba). Al menos en la primera parte del show, el sonido de la banda no resultó todo lo afiatado que podría haberse esperado, aunque la falta de cohesión se compensó ante nuestros oídos con el indudable poderío rocanrolero que destilaba el conjunto (y que no resulta tan evidente en sus grabaciones).

Fue un poderío que se plasmó desde el corte de apertura, “Alta suciedad”, uno de los más ‘duros’ del artista (y también uno de los más expresivos en términos de crítica social). Pero, por lo general, el estilo de la noche se inclinó hacia una impronta ‘bluesera’ y relajada que se tradujo en canciones como “Mi gin-tonic” y “El tercio de los sueños” (en la que hizo alusión a su cuestionable afición por las corridas de toros, pero también a su saludable gusto por los ‘porros’), y que le dio pie al plácido manejo de la ‘steel guitar’ y de los teclados.

No faltó tampoco la necesaria revisión del repertorio de Los Rodríguez, la recordada banda española-argentina que integró entre inicios y mediados de los 90. Por ese lado, la velada incluyó una versión de “Mi enfermedad” en la que se plasmaron también otros gustos de su autor (“me entrego al vino porque el mundo me hizo así”), sumada a  la interpretación de “Sin documentos”, un reconocido éxito radial con una fuerte carga ‘rumbera’ que despertó finalmente el baile entre un público que , como buen representante del espíritu angelino, no se mostró siempre entusiasta.

Estuvieron también allí “Maradona”, su sincero tributo al astro del fútbol argentino -que es además un amigo personal de Calamaro- , marcado por un estilo muy ‘skasero’, y “Los chicos”, un tema casi ‘heavy’, que le sirvió para rendirle pleitesía a “los amigos que se fueron primero” (esa tribu que nunca falta, sobre todo en el mundo del rock’n’roll).

Calamaro_Tres

“Te quiero igual”, una de sus creaciones más melódicas y encantadoras, fue interpretada con un fraseo vocal un tanto descuadrado, aunque mantuvo su atractivo fondo de teclados Roland, interpretados por el mismo Calamaro (quien alternó ese instrumento con la guitarra y cantó con su estilo de siempre, tan áspero como expresivo).

En medio de sus propias composiciones, el sudamericano se tomó tiempo para infiltrar algunos homenajes a la música tradicional latina, como la cita a “la luciérnaga curiosa” (proveniente de “El día que me quieras” de Carlos Gardel) y el empleo de la frase “de cualquier valla sale un ratón” (extraída del sonero boricua Cheo Feliciano). El cierre, por supuesto, llegó de la mano de “Flaca”, que sigue siendo su canción más celebrada y más solicitada, y que fue presentada en un relajado tono de R&B, muy acorde con su estilo original (parece que la principal entusiasmada fue una fan que se trepó al estrado y, al abrazar a su ídolo, dio con él en el piso, antes de ser desalojada por la seguridad, como se puede ver en el video de abajo).

Pero, curiosamente, el momento más festejado por el público fue el que se produjo justo antes, debido a una intervención externa. Nos referimos a Enrique Bunbury, quien salió al ruedo para acompañar a Calamaro mientras éste cantaba “Crímenes perfectos”, un tema lento y cadencioso al que le sentó muy bien el tono melodramático del español.

Los buenos resultados de su intromisión le deben probablemente mucho al hecho de que es un verdadero ídolo del público mexicano, que sigue siendo mayoritario en los eventos latinos realizados en el Sur de California.

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