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May
07

Reseña de RICKY MARTIN en el Teatro Nokia

Escrito por Sergio Burstein

Texto y foto: Sergio Burstein

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Ayer en la noche se realizó el primero de los dos conciertos que Ricky Martin ofrece en la ciudad de Los Angeles, más exactamente, en el amplio Teatro Nokia, y durante su presentación, la súper estrella de la música latina demostró no haber perdido un ápice del sentido del espectáculo y de la teatralidad que ha caracterizado a sus conciertos desde hace varios años.

Acompañado por un numeroso grupo de músicos y de bailarines, el boricua ofreció un show de casi dos horas, en el que cantó y bailó de manera especialmente enérgica, tomando ocasionales y breves respiros en los momentos en que el ritmo de la música bajaba o cuando las pantallas gigantes mostraban unos interesantes videos creados especialmente para la ocasión.

Al parecer, salir del closet ha sido para Ricky  Martin una bendición que le ha permitido no sólo mostrar ante el mundo entero su verdadera sexualidad, sino también asumir con saludable entusiasmo la defensa de los que pueden identificarse con él en dicho sentido.

De hecho, los primeros minutos del show -que formó parte de su gira “Música + Alma + Sexo”- parecieron inclinar la balanza hacia la audiencia gay, ya que recurrieron a una serie de temas bailables con un fuerte sello de música ‘techno’ (empezando con “Será será”) que sirvieron como preludio para mostrar una coreografía acompañada por un video en el que la voz “en off” hablaba en primera persona sobre la intolerancia hacia los homosexuales y la satisfacción que se siente cuando no se tiene que ocultar más lo que se es.

Pero, por más satisfacciones que le haya dado su todavía reciente revelación, Ricky es demasiado astuto como para querer limitar su alcance a un solo tipo de público. Luego de dejar en claro esta postura, el espectáculo asumió otros rumbos, incursionando en estilos musicales más diversos y dándole no sólo paso a temas más calmados como “Vuelve”, sino también a videos que promovieron la tolerancia hacia otras minorías (como fue el caso del que narraba la historia de un afroamericano atacado por la policía, que fue acompañado por un impresionante solo eléctrico del guitarrista David Cabrera).

Sin dejar nunca la sonrisa de lado, Ricky cerró su show anunciando lo que asegura es su mayor deseo: que todas las personas en el mundo posean el mismo nivel económico. Se trató de una declaración que puede parecer falsa cuando se considera que proviene de un artista al que le sobra el dinero, pero lo cierto es que sonó más bien como algo inocente y sincero.

Y es que ésa parece ser la personalidad de un cantante que, en todo caso, no escatima recursos para ofrecer un espectáculo vistoso e impresionante, en el que la falta de profundidad de los mensajes y la ausencia de interpretaciones vocales realmente conmovedoras se ven compensadas por una generosa entrega al público que se traduce en fastuosos bailes, innumerables cambios de vestuario, escenografías metálicas y sofisticados sistemas de iluminación láser.

La audiencia, que llenó el Nokia, celebró con estruendo cada uno de los comentarios y de los quiebres de cintura del ex Menudo, que no se olvidó de ninguno de sus éxitos; allí estuvieron, por ejemplo, “Livin’ La Vida Loca” (que le sirvió para danzar intensamente con todo su equipo de baile), “She Bangs” (que tuvo un agradable sabor a ska), “María” (en donde destacó la labor de una impetuosa bailarina) y, por supuesto, “La copa de la vida” (que cerró el concierto a ritmo de samba).

Cerca de la mitad del show, Ricky se sentó en una silla para presentar un popurrí acústico en el que se escucharon temas “viejos” como “Tu recuerdo”, “Fuego contra fuego” y “Te extraño, te olvido”, coronados por suaves arreglos de estilo flamenco.

Inmediatamente después del apacible interludio, el puertorriqueño retomó la pompa inicial del espectáculo para añadirle unos aires eróticos que se mostraron sobre todo durante su interpretación de “Frío”, cuyos predecibles aires de reggaetón tuvieron una llamativa contraparte visual en la que tres atractivas bailarinas se valieron de trajes provocativos y de látigos negros para insinuar una sesión de sadomasoquismo.

Tras el “techno” y el estilo de cabaret, Ricky se metió de lleno en los ritmos de salsa y de plena que distinguen también a su país, empleando además las pantallas de video para promocionar los parajes turísticos de Puerto Rico mientras interpretaba “La bomba”  y “Pégate”, dos temas que le dieron a sus excelentes percusionistas una inmejorable oportunidad de lucimiento.

Se trató, en conclusión, de una faena esforzada y entretenida, que no le quitará a sus detractores a idea de que lo suyo es demasiado ligero y comercial, pero que tampoco le puede arrebatar al artista los méritos profesionales que han caracterizado siempre a sus presentaciones.

Ricky Martin se presenta nuevamente esta noche en el Teatro Nokia (777 Chick Hearn Ct., Los Angeles, CA 90015), a partir de las 8 pm, y concluye la parte estadounidense de la gira con una presentación en San Diego, el 8 de este mes. Después de eso se irá a México, donde ofrecerá seis conciertos. Más información en http://www.rickymartinmusic.com/Events

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