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Ago
22

Reseña del SUNSET STRIP MUSIC FESTIVAL

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos: Sergio Burstein

PE

No eran el acto central de la velada, pero actuaron como si lo fueran, porque pusieron toda la carne sobre el asador. Tampoco eran un grupo de desconocidos que se presentaban en horas de la mañana, porque ocuparon uno de los escenarios principales y, poco antes de soltar su primer acorde, ya habían reunido frente a sí a una multitud que fue creciendo generosamente con el transcurso de las canciones.

Nos referimos, por supuesto, a Public Enemy, el ‘crew’ neoyorquino que apareció en el bulevar angelino cuando el sol empezaba a ocultarse. En realidad, el grupo era una de las ofrendas centrales del evento callejero con el que concluyó el Festival de Música de Sunset Strip (SSMF, por sus siglas en inglés), el sábado pasado.

Si bien su estilo y su propuesta no parecían estar realmente en sintonía con el aire glamoroso y anodino que ha distinguido tradicionalmente a la zona, su valiosa participación le dio peso y legitimidad a un espectáculo que hubiera perdido mucho brillo sin su presencia.

Completamente conformado por afroamericanos, PE (como también se le conoce) puso a bailar a una audiencia conformada mayoritariamente por anglosajones y latinos, y causó su mejor impresión al invitar al escenario a Scott Ian, guitarrista de los ‘thrashers’ Anthrax, durante la interpretación de “Bring the Noise”, una pieza esencial para el desarrollo del rap metal.

Pero es bien sabido que éste es un conjunto con fuertes intereses políticos, y durante la tarde del sábado, sus palabras se colocaron abiertamente del lado de los inmigrantes latinos y en contra de los políticos conservadores que los quieren expulsar del país, como lo probó un discurso del legendario MC Chuck D que criticó especialmente lo que sucede en cierta región estadounidense antes de darle pie a la polémica “By the Time I Get to Arizona” (originalmente escrita como respuesta al rechazo del aniversario del activista Martin Luther King en dicho estado).

No fue el único momento en el que el grupo aludió a la comunidad latina. Hace poco, PE se presentó en Chile, y el mismo rapero afirmó sobre el escenario que, durante su visita por allá, “80 mil personas salieron a marchar contra la injusticia”. Claro que la profunda tendencia ideológica del grupo no habría movido a ninguno de los presentes sin el soporte creativo de unos expertos músicos que apelaron constantemente al rock, al funk y hasta al jazz para darle variedad y ritmo a su vieja escuela hip-hopera, y que contaron también con la ayuda del simpático Flavor Flav (el otro MC principal). A pesar de tener 52 años, Flavor exhibe un nivel de entusiasmo y de movilidad impresionante.

Por su parte, DJ LORD demostró con creces que es un digno reemplazante de Terminator X, el célebre creador de ‘scratches’ que lo antecedió en PE, durante un vibrante y complejo solo que no se basó en un tema de alguna banda ochentera del Strip, sino que le sirvió para manipular brillantemente los sonidos del “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana (su fallecido líder, Kurt Cobain, era un admirador declarado de este grupo).

PE le puso las cosas difíciles a cualquiera que quisiera sucederlo en las mismas tablas, y es quizás por ello que fue el encargado de cerrar el escenario en el que se presentó. Pero, por supuesto, Mötley Crüe no tuvo dificultad alguna en generar un desenfreno total, porque sus cuatro miembros podrían ser fácilmente calificados como ‘amos del Strip’, debido al nivel de identificación que han establecido con este barrio a lo largo de los años.

002Y es que los Crüe representan a la perfección ese espíritu angelino ochentero que combinó en partes iguales el hard rock, el glam, los vicios, la afición sexual por las mujeres y los problemas con la ley. El mero hecho de que estén todos vivos (ésta es su formación original) es ya un milagro, sobre todo si se conocen los detalles de sus vidas (que han sido ampliamente difundidos).

Por el lado de la música, el grupo sigue tocando como siempre, es decir, de manera enérgica pero poco afiatada, alternando canciones de indudable potencia y eficacia (como “Shout at the Devil” y “Live Wire”) con coqueteos ‘poperos’ bastante insufribles (léase “Same Ol’ Situation” y “Girls, Girls, Girls”), mientras mantiene una propuesta hedonista y absolutamente exenta de intereses sociales que no podría estar más alejada de la de Public Enemy.

Sin embargo, sus integrantes son todavía capaces de brindar un espectáculo divertido, y habría que ser completamente irracional para presenciar uno de sus conciertos y no sentir al menos algo de respeto por estos viejos guerreros del rock’n’roll, que siguen de pie en desmedro de la turbulencia de sus pasados y de sus malestares presentes (el guitarrista  Mick Mars sufre desde hace años una severa condición degenerativa de los huesos que le impide moverse adecuadamente).

No daña, por supuesto, llegar al escenario con una cantidad impresionante de juegos pirotécnicos, contar con bailarinas semidesnudas ni tener a un baterista (Tommy Lee) capaz de seguir con sus solos mientras que tanto él como su instrumento son transportados por los aires a través de un complejo círculo de acero que termina poniéndolo de cabeza, como si se tratara de una montaña rusa…. a la que suma súbitamente Deadmau5, uno de los DJs más exitosos del momento (¡!).

Se diga lo que se diga, los Crüe siguen siendo unas verdaderas estrellas del rock, porque se dan el lujo de limitar severamente el número de fotógrafos durante sus shows (ésa es la razón de la falta de imágenes suyas en esta nota), provocan todavía peligrosas escenas de histeria (nos resultó sumamente complicado verlos de cerca debido a la aglomeración y el furor de los fans) y, sobre todo, despiertan aún la atención de muchas damas que no son precisamente veteranas (como lo demostró el vociferante grupo de jovencitas rubias que tuvimos al lado en algún momento).

Además, son mucho más divertidos que muchos de los grupos nuevos que pululan actualmente en los que eran sus dominios absolutos, y que tuvieron también una amplia presencia en el SSMF. Nos referimos a los representantes del ‘screamo’, que durante la tarde del sábado mostraron sus mejores cartas con Escape The Fate, un cuarteto de Las Vegas que combinó arranques de metal progresivo, elementos de la música electrónica y gritos desaforados para la elaboración de un estilo que tiene sin duda una respetable exigencia técnica y que cuenta con muchos seguidores, pero cuya monotonía y aires predecibles nos llevó a refugiarnos momentáneamente en el jardín de la cerveza.001

La escena actual del Sunset Strip acoge también a estas escuelas recientes en sus esquinas y en sus clubes, y el mismo festival sabatino que aquí se comenta hizo que las distintas tribus urbanas se exhibieran a sus anchas -con sus peinados y sus atuendos- en las calles donde que se realizó, es decir, las que se encuentran entre el Whisky A Go-Go y el Key Club.

De ese modo, el ‘indie’ desenfadado y alegre tuvo cierta cabida en los escenarios principales debido a la bienvenida presencia de Matt & Kim, un dúo de Brooklyn que no tiene necesariamente grandes habilidades musicales, pero que disfruta profundamente en el escenario -y sabe transmitírselo a quienes lo escuchan-.

El se encargó de la voz y del teclado, ella de la batería, y los dos juntos se dedicaron a saltar, a lanzar sobre el público globos azules con sus rostros pintados y, en general, a jugar interminablemente con la audiencia (“por favor, hagan que éste sea un día del que tengan que arrepentirse”, pidió Kim).

A pesar de sus locuras, Matt Johnson y Kim Schifino son lo suficientemente accesibles y melódicos como para haber sido empleados en varias series y comerciales de televisión, y funcionaron como un detalle refrescante en medio de una tarde que todavía se sentía caliente.

Antes de ellos, los Dirty Heads pusieron la necesaria cuota de reggae blanco y californiano en el mismo estrado, dando cuenta de una devoción por Sublime que se ha hecho evidente en el tema que  acaban de grabar con Rome (el nuevo vocalista de la mentada banda).

Su propuesta ligera, con discretas influencias del hip-hop e incursiones acústicas, resultó también adecuada para soportar las primeras horas del día.

Aparte de los dos escenarios principales, que se encontraban al aire libre, los clubes (que además de los citados incluyeron al Roxy Theater y al Viper Room) albergaron a un sinnúmero de artistas independientes de distinto calibre y calidad, con la inevitable presencia de los ‘emos’ (Vampires Everywhere! -sí, es una banda-), pero también con los aportes de varios artistas más interesantes.

Entre estos últimos se encontraron los rockeros latinos de Son Locuaz (que se presentaron demasiado temprano como para que pudiéramos verlos, pero a los que ya conocemos), los británicos Deluka (encabezados por la vocalista Ellie Innocenti y ubicados a medio camino entre la new wave y el rock’n’roll guitarrero), los pesadísimos Motochrist (lo decimos por el estilo, porque, como lo señala su propia definición, practican “un cruce entre Ramones y Black Sabbath”) y los méxico-americanos de Metalachi (que, créanlo o no, interpretan temas como “Master of Puppets” de Metallica y “Breaking the Law” de Judas Priest con instrumentos de mariachi… y lo hacen bien).

Y es que de todo tienen las viñas del Strip.

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