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Oct
11

Entrevista con BROOKS HUNTER, director y escritor de “KENNEYVILLE” (ahora en DVD)

Texto: Sergio Burstein

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En medio de la producción en masa que proviene regularmente de las canteras hollywoodenses, existen todavía cineastas empeñados en demostrar que se pueden hacer películas de género que no se basan estrictamente en fórmulas ni resultan completamente impersonales.

Uno de ellos es Brooks Hunter, un joven canadiense que lanza hoy en los Estados Unidos el DVD de su primer largometraje, “Kenneyville”, un filme independiente de terror que, en la superficie, le pertenece a esa escuela en la que unos tipos de la ciudad llegan al campo y se ven atacados por sus misteriosos habitantes, pero que en el fondo se ha convertido en la mejor estrategia que ha tenido el director para lidiar con sus demonios personales.

Y en este caso los demonios son muy particulares, porque Hunter fue diagnosticado hace ya tiempo con trastorno bipolar, una manera discreta de referirse a lo que se conoció durante muchos años como psicosis maníaco-depresiva, y que a pesar de tener ciertas connotaciones románticas (se dice que es la enfermedad “favorita” de los artistas, aunque no es evidentemente electiva), se manifiesta en una serie de cambios radicales de ánimo que pueden otorgarle una severa inestabilidad al sujeto que los experimenta.

Brooks_Director_Frame_-_HandHunter no oculta la existencia de un mal que, por el momento, tiene bien controlado, como lo demuestra en unas notas de prensa que revelan a los personajes de la película como metáforas de su propia jornada –así como de los tratamientos a lo que ha tenido que someterse-.

En “Kenneyville”, dos detectives privados de Toronto (Charlie y Kelly, interpretados por Charlie Gehshan y Vanessa Broze) son contratados para emprender una investigación destinada a dar con el paradero de una jovencita desaparecida, y deciden por ello viajar de incógnito a un pueblito de Ontario que les deparará más de una sorpresa.

Una vez en el lugar, se verán enfrentados a una serie de sucesos que conducirán al secuestro de Kelly, lo que obligará a Charlie a embarcarse en una misión de rescate que revelará la existencia de una compleja red de control mental que tiene ramificaciones insospechadas. Todo esto se encuentra en una cinta que ha sido dirigida, escrita, editada y producida por el mismo Brooks, quien respondió las preguntas de MANGANZON mientras conducía por un desolado paraje canadiense. No sabemos si llegó a su destino, pero esto lo que todo escuchamos de él hasta que nos colgó:

Esta es tu primera película de larga duración, pero tengo entendido que empezaste a filmar siendo muy chico, ¿verdad?

Sí, comencé a hacer cortometrajes cuando tenía 7 años, al lado de mis amigos. El primero que hice fue un documental sobre mi perro Cody, pero después me puse a hacer historias de aventuras y, finalmente, cuando estaba en la Secundaria, hice un par de trabajos de terror, aunque mi éxito más grande fue “Dirty Cops”, un relato sobre un policía bueno, uno malo y un narcotraficante. Después de eso, pude hacer cosas más profesionales, y me mudé a Los Angeles por un tiempo, donde trabajé en la industria; pero finalmente me di cuenta de que iba a tener más recursos y más posibilidades en Canadá, por lo que regresé aquí para hacer “Kenneyville”.

¿Es cierto que el germen de la película fue uno de esos cortometrajes?

Sí, uno que hice después de la escuela, y que se llamaba “The Kenneyville Clown”, pero que era muy distinto, porque trataba de una operación subconsciente que adquiría vida, ya que su protagonista era un tipo que decidía asustar a sus amigos con la historia ficticia de un payaso asesino que terminaba apareciendo y matándolos a todos.

Kenneyville3¿Cuál fue entonces la meta al cambiar y expandir el concepto?

La idea inicial del largometraje era trabajar con el suspenso y los sustos y hacer algo muy entretenido; pero me interesó también mucho el tema del lavado de cerebro que se presenta en la película, porque reflejaba el modo en que una persona puede perder por completo el control de sí misma, lo que implicaba la posibilidad de aludir a diversos desarreglos mentales. La gente puede sacar las conclusiones que quiera de esto, pero decidí incluir indicaciones sobre las intenciones que se encontraban detrás de cada personaje tanto en las notas de prensa como en la página web.

Casi al comienzo de la película, uno de los personajes principales, Kelly, es secuestrado, y el espectador se imagina que lo que viene va a estar muy metido en el rollo del ‘torture porn’, pero no es así.

Quería mantener la historia en cauces más psicológicos, jugando con la idea del temor que produce verse cambiado hasta un punto de vista irreconocible por circunstancias que uno no maneja. Traté de mantener siempre un estilo un tanto elegante, que nos permitiera asustar a la gente sin necesidad de mostrar sangre ni mutilaciones. Me hubiera gustado ahondar más en lo referente al lavado del cerebro, pero tuvimos muchas restricciones de presupuesto y de tiempo como para desarrollarlo de manera más exhaustiva; de todos modos, estoy contento con los resultados.

Uno de los aspectos más interesantes de la parte visual es el trabajo con los colores; ¿cómo se desarrolló eso?

Nuestro director de fotografía [Pasha Patriki] trabaja en una compañía de corrección de color, y torcimos los colores para que fueran de la mano con los estados mentales de los personajes. En las escenas iniciales, todo es más brillante y más colorido, pero mientras nos metemos más en la historia, se vuelve más desolador y más básico. Las escenas de las alucinaciones nos dieron en particular mucho campo para experimentar con esto. Me interesaba imprimir un sentido más surrealista a esos momentos.

Te has referido ya a la conexión entre la película y tu propia vida, pero las víctimas de esta historia son inducidas a un trance especial a través de la acción humana, mientras que el trastorno bipolar es consecuencia de un desarreglo orgánico propio del cuerpo de quien lo sufre.

El otro día me di cuenta de que ésta es más una metáfora sobre un episodio maníaco, en el que se da una sensación desproporcionada de estar en la cima de todo y de creer que se pueden hacer cosas que resultan en realidad imposibles. Cuando un médico te dice que estás mal y que necesitas medicinas, le respondes que no, porque te sientes realmente bien y piensas que debes seguir así, lo que hace muchas veces que se te obligue a tomar los remedios. Una persona que está en una situación así quiere que el tratamiento se detenga para regresar a lo que en ese momento considera su verdadero yo, y la película refleja eso de algún modo.

Muchos de los temas que se presentan en el filme empezaron a surgir realmente de manera más clara ante mis ojos cuando nos encontrábamos en post-producción, aunque es evidente que se encontraba ya ahí desde el principio. En la vida real, yo me siento muy agradecido con lo que han hecho los doctores por mí y por todos lo que tienen que lidiar con enfermedades mentales.

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He estado leyendo algunos textos sobre personas famosas que sufren o sufrieron de trastorno bipolar, y parece que muchos lograron combatir el mal con la ayuda del arte, como fue probablemente el caso de Vincent Van Gogh; pero no sé si los doctores recomiendan como tratamiento las películas de terror…

[risas] He visto muchos libros y pinturas [hechos por estos pacientes] que son particularmente oscuros, y aunque no recomendaría necesariamente a alguien que sufre esto que se exponga a esa clase de material, me parece interesante como modo de compartir experiencias y de entender mejor el proceso. Para mí, más que ser un objeto artístico, esta película es una manifestación de algo, así como un producto de entretenimiento que no pretende ser un manual educativo ni dar lecciones de nada.

¿Puedes hablar de tus influencias fílmicas? Se ha mencionado por ahí “The Manchurian Candidate”, una película clásica que hablaba también de lavado de cerebro, aunque relacionada en su caso al fenómeno de la Guerra Fría y a un género narrativo distinto.

Ahora puedo ver los paralelos, pero esa cinta no estaba realmente en mi mente cuando escribí ésta. Lo que intenté hacer era una historia que se pudiera manejar fácilmente con un presupuesto limitado, y por ese lado, las referencias fueron ‘The Texas Chainsaw Massacre”, que se hizo con poquísimo dinero, y clásicos como “Psycho”, que se hizo en una época en la que no se mostraba tanta sangre en la pantalla, pero que encontró formas creativas de espantar a su audiencia. También puedo mencionar a las películas de Rob Zombie, que son mucho más extremas, claro, pero que tienen música ‘vintage’, un estilo demente de edición y un manejo del color que siempre me gustaron. Podría hablar también de “The Last House on the Left”, de Wes Craven.

Kenneyville2Varias de las películas que has mencionado pertenecen a una especie de subgénero del terror en el que los habitantes de la ciudad se meten en problemas al visitar la provincia.

Una buena parte del rodaje se hizo cerca de una casa de campo en la que pasé muchos veranos de mi infancia, aunque es cierto que existe esa sensación de que al irte al norte y a lo ‘salvaje’ tiene su encanto, pero también un cierto riesgo. Suele darse esa imagen de que la civilización te ofrece una especie de área de protección, mientras que el yermo es más peligroso, porque no hay mucha gente alrededor. Pero la verdad es que esta historia surgió más de manejar por la noche y de dejar que la imaginación hiciera lo suyo.

Sin querer revelar demasiado, podríamos quizás adelantar que, en su parte final, la película asume ciertos aires relacionados a las teorías de la conspiración que acusan al gobierno de ser el causante de todos los males.

Me parece que últimamente hay una insistencia excesiva por tratar médicamente a gente que no lo necesita. ¿Debe ser uno perfecto y no sentirse nunca triste? Pero también quise tender puentes a una secuela potencial, aunque no sé realmente si se hará.

¿Qué viene entonces para ti?

Hay un par de guiones de otros escritores que podría dirigir; uno es un ‘thriller’ y el otro una comedia. En términos de material propio, podría tratarse de una versión larga de “Dirty Cops”, cuya versión original duraba 45 minutos. La verdad es que estoy abierto a probar suerte en diferentes géneros, aunque no rechazo regresar al terror.

Comentarios  

 
0 # Catherine 12-10-2011 11:44
!!!!!!
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0 # Sburstein 12-10-2011 11:50
!!!!! good or !!!!! bad? Or just !!!!! WTF?
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