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Oct
13

Entrevista con ANTONIO BANDERAS, protagonista de “LA PIEL QUE HABITO”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Convertido desde hace varios años en el actor de origen español que más éxito ha tenido en Hollywood, Antonio Banderas ha tenido la oportunidad de encantar a las audiencias estadounidense –y por ende también a las mundiales- con una serie de papeles que han incluido a un gran héroe de aventuras (en las dos cintas de “El Zorro”), a uno de los protagonistas de una popular saga infantil (la de “Spy Kids”) y hasta a un animalito particularmente celebrado (el Gato con Botas de la serie de “Shrek”, que debuta este mes como solista con el estreno de “Puss in Boots”).

Pero los admiradores de la carrera inicial de Banderas extrañaban sin duda verlo en la interpretación de esos elaborados papeles en español que lo lanzaron a la fama en su país de nacimiento, y que llevaron casi siempre la firma de Pedro Almodóvar, uno de los directores más notables del cine contemporáneo (no sólo del hispano).

Por lo tanto, para ellos -y para cualquier amante del buen arte-, la primera colaboración entre ambos en casi dos décadas es un gran motivo de festejo. Publicaremos mañana nuestra reseña de “La piel que habito”, pero los dejamos ya con una transcripción completa de lo que Banderas le dijo a MANGANZON y a otros reporteros durante una reciente mesa redonda en Los Angeles. 

Banderas2-1¿Eres consciente de que, con el estreno casi simultáneo de “La piel que habito” y “Puss in Boots”, estarás compitiendo en las salas contigo mismo?

Esa es la historia de mi vida. En realidad, es una especie de metáfora de lo que ha sido mi carrera, en el sentido de estar presentando a la vez dos productos tan abiertamente distintos, porque he hecho tanto comedias de lo más frívolas como películas que reflejan la complejidad del espíritu humano. Pero trato de hacer todo con honestidad y con dignidad. No puedo pedirle a un tipo que ha trabajado toda la semana como mecánico que se siente a ver “8 y ½” [de Fellini] o una cinta como ésta, porque lo que él necesita probablemente es una bolsa enorme de palomitas y algo que lo haga reír; pero hay otras personas que se encuentran dispuestas a enfrentarse a algo distinto. Tengo por un lado a “Puss in Boots” , que es una suerte de alivio en medio de un mundo violento, y por el otro, a algo que se relaciona probablemente más con mi propia vida, porque he tenido con Pedro una relación muy cercana de casi 30 años que se acaba de reiniciar.

Como espectador, ¿cuál preferirías ver?

Iría primero a ver “La piel que habito”, y después, para desintoxicarme, vería “Puss in Boots” [risas]. Ese sería el orden.

Tú pareces ser capaz de brincar de ese modo entre proyectos muy comerciales y proyectos muy arriesgados, pero Almodóvar no parece ser capaz de hacerlo… o no quiere simplemente hacerlo. Leí en algún lado que te criticó mucho por estar en Hollywood y que te advirtió abiertamente que no quería que interpretaras al protagonista de “La piel que habito” como si se tratara de un personaje hollywoodense.

No es tanto así. Por supuesto, él hubiera querido que me quedara siempre en España, pero haciendo sólo sus películas [risas]. Pero creo que entiende que soy un amigo suyo que tiene que tomar vuelo y hacer cosas distintas. Hablamos sobre esto, y me dijo que estaba muy feliz de que hubiera venido [a los Estados Unidos] para tener una carrera diferente a la que tenía por allá; en los 21 años que dejamos de trabajar juntos, se dieron algunos oportunidades de colaboración, pero me encontraba atado legalmente a ciertas películas de las que no me podía librar.

En lo que respecta a la construcción de un personaje, lo que no le gusta es que llegues a los ensayos con una bolsa llena con las experiencias que has ido acumulando en otros trabajos, porque si lo haces, va a tomar esa bolsa y la va tirar por la ventana. A él le gusta empezar desde cero, y ése es el modo en el que lo hacíamos cuando colaboramos en los 80. Pero también me dijo: “Si crees que te he llamado porque quiero que hagas algo que ya hiciste en nuestras primeras películas, te equivocas”. Empezamos por lo tanto a crear a este personaje con la mesa limpia; hay gente que lo está comparando con el de “Atame”, pero la verdad es que no tiene nada que ver con él. Obviamente, ambos son tipos que mantienen a una mujer en un cuarto en contra de su voluntad, pero eso es todo.

¿Cuál fue la parte más complicada al interpretar a un personaje que se encuentra tan lleno de conflictos?

Lo más difícil fue entender en primer lugar lo que queríamos hacer, a dónde queríamos llevar al personaje. Pedro propuso que debíamos mantenerlo como un tipo muy contenido, muy relajado, casi como una pantalla en blanco en la que la audiencia pudiera escribir lo que quisiera. Eso haría que el espectador no pudiera manejar los parámetros del personaje, lo que lo volvería muy inquietante. Como actor, cuando ves a un personaje en el papel, quieres interpretarlo instintivamente de manera grandiosa; pero Pedro me dijo que no iba a ser así.

Por otro lado, había que hacer que se relacionara realmente con la personalidad de este sujeto, que es un psicópata. Hemos visto a muchos personajes así en la vida real, básicamente asesinos en serie, que una vez capturados, son descritos por sus vecinos como personas encantadoras, bien vestidas y con buenos modales, que van a la iglesia todos los domingos, pero que tienen a cinco tipos mutilados en el refrigerador [risas].

Pedro me dijo que había que ir por ese lado, porque se trata de personajes que se insertan perfectamente en la sociedad, lo que demuestra además la hipocresía que manejamos, porque no debería importar cómo te ves, sino lo que eres. La primera parte de la película es una pregunta sin una respuesta, pero te permite empezar a conocer detalles de mi personaje, como que ha perdido a su esposa y tiene a su hija en una institución mental, lo que te lleva a sentir compasión por él.         

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De ese modo, empiezas a colocarte de inmediato en una posición moral determinada; pero a medida que la historia se desenvuelve, las respuestas empiezan a llegar, y tu posición cambia por completo. En realidad, es un monstruo, pero también una persona enferma; y en medio de esa ensalada que se nos sirve, hay siempre un reflejo de nuestra creación, porque es también un artista que aparentemente se está enamorando, pero que en realidad está solamente enamorado de sí mismo y de su obra maestra. Es como si Leonardo da Vinci hubiera tenido la oportunidad de meterse a la cama con La Gioconda [risas]; ése es el tipo de juego perverso que él juega de manera continua en la película.

Pedro decidió fotografiarme desde atrás, como un director que observa su propia película y que eventualmente se involucra en ella. En la mente de este personaje, no existe posibilidad alguna de que esta mujer tome el liderazgo, aunque lo está haciendo. Ha estado jugando a ser Dios, sin entender que la creación misma puede rebelarse.

¿Te ha pasado algo semejante en tu carrera?

Sí; me apasiono mucho con lo que hago. En el Festival de Cannes, Almodóvar habló sobre ello, y como yo también he dirigido, lo entendí muy bien. Dijo que dirigir películas es como volverse Dios, porque creas un universo en el que estableces las reglas, el ritmo y los códigos que vas a manejar; y Pedro en particular ha venido rompiendo las reglas desde que empezó a trabajar. Eso hace que las reacciones de la gente sean muy distintas y radicales, porque hay quienes quieren ponernos en un altar y quienes quieren crucificarnos [risas]. Lo comprendo, porque necesitas tiempo para digerir lo que se te lanza en la cara.

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Esta película se estrenó en Europa hace unos dos meses, y muchos de los comentarios allí han sido que es una historia que viaja con ellos por dos o tres días, que los hace reflexionar permanentemente; y eso no pasa con el cine comercial, que es disfrutado mientras se ve, pero que se borra de tu mente cinco minutos después de dejar la sala. En este caso, sufres un ataque que se relaciona no sólo con lo que se te cuenta, sino también con en el modo en que se te cuenta.

Tú hiciste hace algunos años “Interview with the Vampire”, pero ésta es definitivamente la película de Almodóvar más cercana al género de terror, con referencias a “Frankenstein” y a otras cintas más psicológicas. ¿Se mencionó esto antes o durante el rodaje?

Hablamos de películas de terror, sí; pero Pedro es un género en sí mismo. Siempre hace referencias a muchos otros directores y a muchos otros estilos, pero al final, crea uno completamente propio. Nunca quiso hacer una película con “¡boos!” en una esquina ni nada así; el horror aquí es más raro, más del subconsciente.  Es como un escalpelo; si no estás atento, no sabrás que alguien te está cortando, hasta que te volteas y te encuentras con una gran herida [risas].

Me dio una sola película como referencia, pero únicamente para encaminar la actuación: “The Red Circle”, de 1959, con Jean-Louis Trintignant y Alain Delon. Lo hizo porque en ella los actores son muy inexpresivos, lo que contrasta con un drama de gángsters que resulta de lo más truculento. También me habló de actores estadounidenses del ‘film noir’ de los 40s y 50s, que controlaban mucho sus gestos y le permitían por ello al espectador hacer sus propios aportes, porque no todo en ellos venía ya completamente cocinado.

 

Comentarios   

 
Maribel Roda
0 # Maribel Roda 27-03-2012 00:10
Muy buena la entrevista; ademàs, Banderas es un tipo culto, muy profesional y persona sencilla. Adoro las peliculas de Almodovar; èsta ya la vi y todo lo que dice su protagonista se queda corto ante la morbosidad y patologìa enfermiza que contiene.
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