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Ene
05

Entrevista a ANDRES WOOD, director de “Violeta se fue a los cielos” (la apuesta chilena para el Oscar)

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

Wood

Con el paso de los años y, por supuesto, de las películas, Andrés Wood ha ido labrando un nombre internacional que, hasta el momento, ha alcanzado su cumbre mayor con “Machuca” (2004), una conmovedora cinta sobre maduración que se desarrollaba al comienzo de la dictadura pinochetista.

El drama histórico, que se estrenó brevemente en los Estados Unidos pero sigue teniendo mucho éxito en formato de DVD, llamó particularmente la atención de todos los que se interesan en el cine que denuncia las no poco frecuentes atrocidades cometidas por regímenes de derecha en Latinoamérica, en un modo quizás equivalente al de la también celebrada “Voces inocentes” en relación a la cruenta guerra civil de El Salvador.

Luego de hacer “La buena vida”, una cinta de temática urbana y cotidiana emplazada en el Santiago actual, Wood emprendió su proyecto más ambicioso hasta la fecha: un filme argumental sobre la legendaria cantautora folklórica Violeta Parra, que marcó un verdadero hito en el continente con sus composiciones musicales de profunda conciencia social y que fue además una importante artista plástica, hasta el punto de que se convirtió en la primera latinoamericana que logró exponer individualmente en el famoso museo parisino del Louvre.

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“Violeta se fue a los cielos” marca no sólo el debut de la matriarca del aclamado clan como representación ficticia en la pantalla (ha estado ya en el teatro y, por supuesto, en varios documentales), sino que es además una verdadera superproducción en términos latinoamericanos, ya que se filmó en Chile, Francia y Argentina. Estrenada en su país de origen en agosto del 2011, se convirtió rápidamente en la cinta nacional más taquillera del año, y es ahora la candidata oficial de la nación sudamericana para las nominaciones al Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera, cuyos pre-seleccionados se anunciarán el 17 de enero (la lista de nominados definitivos se dará a conocer el 24 del mismo mes).

Como se pueden imaginar, había mucho que preguntarle a Wood, por lo que MANGANZON lo mantuvo particularmente ocupado durante la larga conversación que sostuvo con él a través de una afortunada conexión telefónica. La trascripción entera empieza tras la foto.

Andrés, éste es tu sexto largometraje, pero el primero con personajes directamente extraídos de la vida real.

Sí, y quizás el último [risas], porque es muy difícil, aunque en nuestras películas siempre robamos de algún modo historias de la calle y de la realidad; no inventamos mucho. Pero es la primera vez que trabajamos con un icono, con una imagen pública muy fuerte.

¿Decidiste hacerlo por el desafío que implicaba o por tu admiración hacia el personaje?

Era inevitable hacerlo debido a la admiración que le tenemos. Era famosa antes de que yo naciera, así que todo se debió a las ganas de trabajar en una película con su mundo, con sus elementos ; pero lo difícil del proyecto hizo que nos demoráramos mucho en hacerlo. La idea partió hace unos diez años, terminando “La fiebre del loco” [2002]; pero no sabíamos cómo llevarla a cabo, por lo que tuvieron que pasar antes “Machuca” y “La buena vida”.


Has estado hablando todo el tiempo en plural…

Es que yo siento que las películas son muy colectivas, y ésta en particular fue así. Teníamos la intención de hacerla antes de que apareciera el libro de Angel Parra [uno de los hijos de Violeta], en el 2008, pero cuando éste salió, me dio una pauta para enfrentar el proceso. Además, él nos acompañó no sólo en la escritura del guión, sino también en la caracterización del personaje de su madre, en términos de lenguaje y de otras cosas, porque tenía 23 años cuando ella murió. Nos asesoró mucho, pero nos dio también mucha libertad.

El libro se llama igual que el filme; ¿cuáles son las diferencias básicas entre ambos?

El libro de Angel adoptaba su punto de vista, mientras que la película toma el de Violeta; el aporte principal fue que nos permitió hacer un acercamiento más emocional que biográfico a Violeta, aunque hay algunos pasajes que salen literalmente de las páginas que Angel escribió.

¿Fue intencional alejarse un tanto del fuerte contexto político que tenía “Machuca”?

En este caso, decidimos anclar la historia en un momento en el que uno no sabe si [Violeta] está viva o muerta, y eso hace que [el relato] sea poco didáctico, poco explicativo. Ese tipo de estructura nos permitía poner y sacar lo que queríamos; nos movíamos libremente y fragmentariamente a través de su vida. Prescindimos intencionalmente del contexto, y como es difícil contentar a todos, muchas personas no se sintieron satisfechas [con ello]; pero a nosotros nos pareció  que era la mejor manera de contar la historia, para evitar ese lado pesado que suelen tener los ‘biopics’. De todos modos, algunos creen que Violeta sale denigrada y otros creen que sale divinizada. Nosotros no ocultamos nuestra admiración por ella, pero parte de esa admiración tiene que ver con su infinita humanidad, porque era una persona llena de contradicciones, con miedos, como cualquier ser humano. Una película dura dos horas, y no se puede meter todo [en ella].

VioletaParravioletaparra¿No pensaste nunca en hacerla más larga?

Sí; de hecho, hay una miniserie para la televisión que tiene otra estructura, mucho más lineal y didáctica, en la que hay una hora adicional de material. Es probable que la pasemos pronto en Chile. La hice porque en estos días, al menos en mi país, se están haciendo grandes esfuerzos por hermanar la televisión con el cine. Un proyecto de esta envergadura requiere mucha financiación; además, hay muchas cosas que se nos quedaron afuera y teníamos ganas de que estuvieran. Pero es algo que se pensó antes, con un guión distinto , y fue por eso que filmamos el material suficiente como para poder armar las dos versiones.

Además de ser una mujer muy fuerte y muy combativa, Violeta Parra fue comunista. ¿No incomoda eso en el Chile actual, gobernado por la derecha y marcado aún por su pasado pinochetista?

Más allá de ser un icono político, ella es vista como un icono moderno, aunque es indudable que lo primero es sumamente importante para el movimiento estudiantil que se está dando ahora. Sin embargo, si vamos por ese lado, encontraremos que es también un icono feminista, y hasta un icono de la mujer empresaria, porque erigió [en pleno campo] la Universidad del Folklore. Pese a que murió hace 45 años, hablaba de temas que son ahora muy actuales. Yo sí creo que su dimensión política se encuentra en la película, aunque algunos querían que se mostrara más su cuestión participativa en relación a los movimientos políticos de la época; pero la verdad es que ella era una persona muy libre, no pertenecía a una militancia específica y tenía diferencias con algunos de los líderes [del momento]. Para mí, está claro que su lado de izquierda y su lado humanista se encuentran plasmados en esta película desde el momento en que hace un proceso de recopilación [del folklore casi perdido] a lo largo de todo Chile.

¿Cómo es la situación del cine en Chile en relación al compromiso social  o la falta de éste? Miguel Littín, que es ya un veterano, fue un abanderado de la primera escuela, pero recientemente se han visto por aquí películas como “La nana” y “La vida de los peces” que parecen ir por otro lado.

Antes los críticos decían que una película era buena cuando se limitaba a contar una historia y no aspiraba a más, pero hubo una controversia a ese nivel en Chile  debido al estreno de “The White Ribbon”, de [Michael] Haneke, donde él intentaba hacer una tesis sobre el nacimiento del nazismo; algunos cuestionaron que se atreviera a eso y otros lo celebraron. Yo soy de los últimos; creo que el formato requiere un punto de vista, requiere que se intente decir algo, aunque eso no implica que se diga de manera obvia ni partidista. Me interesan las películas que son un espejo de la sociedad; en ese sentido, aunque Sebastián Silva no lo quiera reconocer, “La nana” es una película política, al menos por un lado, porque habla de la situación de clases en Chile.

Fuera de la cuestión política, hay varias facetas interesantes en “Violeta”, como su fortaleza de mujer, el desarrollo de su visión creativa, sus problemas románticos y su temor a la vejez, entre otras. Son varios subtemas que evidentemente te interesaba explorar.

Lo que pasa es que ella era genial, a secas; y los grandes artistas intentan siempre traspasar la vida a su obra. Podía ser una mujer muy dura, pero era también muy frágil; no ocultaba nada, ni en sus letras ni en sus composiciones, y era a la vez una mujer que no pudo educarse, que no sabía leer ni escribir música, pero que hacía canciones tan complejas como “El gavilán”, que es muy importante dentro de la película. Para mí, esto es un fresco sobre una gran mujer, cuya simple existencia fue de lo más curiosa en un país tan machista como Chile.

¿Y era en realidad tan fuerte como se la muestra en el filme?Viol1

Bueno, se me ha criticado por suavizarla [risas]. También se me ha criticado por exagerarla, claro. Yo no la conocí; lo que sí tengo claro es que tenía una personalidad muy compleja, porque podía ser a la vez muy generosa y muy seductora cuando perseguía algo que para ella resultaba fundamental, o desmoronarse por completo en otros momentos. Como ella mismo lo dijo, era como un pájaro sin plan de vuelo.

Aunque no pareces haber tratado de desviar demasiado la atención de la historia con artimañas visuales, hay una escena que me llamó mucho la atención: es un plano secuencia (una sola toma sin cortes) en el que se ve al padre de Violeta borracho, mientras arrasa con un establecimiento, y que termina con él destrozando su guitarra y, de paso, una ventana y un espejo, mientras sus hijas observan todo desde un rincón.

La intención allí era representar el espacio onírico de ella, el modo en que vio a su padre en una especie de antesala al suicidio, porque era una persona muy talentosa y a la vez muy atormentada, que había perdido su empleo y se había convertido en el bufón de cierta clase social en el campo. Como estábamos en Latinoamérica, sólo pudimos hacer esa toma dos veces [risas]; la que quedó fue la primera. Se hizo todo con elementos de vidrio de azúcar, sin ninguna clase de retoques digitales; pero sí empleé algunos de ellos para borrar varias cosas que estaban en las escenas que se desarrollan en Santiago, porque la ciudad actual no tiene nada que ver con las de los 60 que mostramos allí.

En términos generales, ¿cuál fue tu aproximación estilística a la historia?

Descubrimos que el mundo interior tenía que ser retratado con una cámara muy suelta, que se moviera y se descoordinara incluso muchas veces con los movimientos del personaje, porque representaba a la cabeza, al corazón. Por otro lado, el mundo del amor tiene una energía muy distinta al de la niñez,  que es más formal, más rigurosa, más dura; y el de la carpa [de las secuencias posteriores] es un mundo muy pasional, muy cercano al final de la vida. Pero, por lo general, mi tendencia es más bien clásica; por ejemplo, me dieron ganas de intercortar la toma de la que hablaste arriba, aunque quedó muy bien como está. Creo que cuando lo visual adquiere tanto protagonismo, uno pierde de vista a los personajes, y yo soy básicamente un director de personajes.

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Hablando de eso, el personaje principal es interpretado por Francisca Gavilán, una actriz que, según lo que he leído, había hecho básicamente telenovelas antes de esto, aunque aquí está estupenda.

Era más bien una actriz de teatro. La conseguimos diez meses antes del rodaje y trabajó mucho en el personaje, hasta el punto de que ella misma terminó cantando las canciones, a pesar de que era algo que no se le había pedido. Hubiera sido terrible que no lo hubiera hecho tan bien como lo hizo, porque la película se encuentra muy basada en ella. El desafío más grande de este proyecto fue encontrar a la persona adecuada para interpretar a Violeta Parra, y lo logramos, por suerte.

Debe haber sido una labor muy intensa para ella…

Sí, porque además yo soy de los que cambian muchas cosas el día anterior [al rodaje], incluso la canción que le tocaba cantar. Fue muy exigente para ella, aunque la pasamos muy bien.

Más allá de las canciones de la misma Violeta, la película presenta también interpretaciones de folklore tradicional hechas por sujetos que parecen ser de las zonas rurales, y eso le da un tinte especialmente documentalista a esos segmentos.

Esa fue la parte más emocionante de la filmación, porque nos hizo trabajar directamente con los amores y con los materiales de Violeta. Me encantó la posibilidad de hacer algo con estos cantores de verdad; fue un gran regalo.

Luego de este trabajo tan ambicioso, ¿harás algo más sencillo?

No lo sé. Me interesa hacer películas que estén conectadas con la audiencia y con lo que quiero decir. “Violeta” era un paso inevitable pero muy complicado, y espero mantener esa libertad; sin embargo, con la edad, uno se vuelve más miedoso. Estoy viendo a qué salto; no tengo nada definido.

Para terminar, ¿cómo vives la situación actual de Chile? Desde afuera, muchos vieron la elección de Michelle Bachelet como una posibilidad de cambio real, pero ahora se ha regresado a la derecha y las protestas no parecen cesar en las calles.

Hay un sector de la sociedad que ha dicho: “¡Ya basta!”, y ese ‘basta’ es muy complejo, porque éste es un país que tiene una imagen de cierto desarrollo que no se puede negar. Mi película anterior, “La buena vida”, trataba justamente de un malestar interno que se encuentra en el aire, que muchas veces no se explica, pero que tiene que ver con la falta de bien común. Nos dicen que nos encarguemos de nuestra educación, de nuestra salud y de nuestra supervivencia; si nos va bien, fantástico, y si no, mala suerte. La protesta es contra eso, contra un sistema que resulta excesivamente individualista.

Comentarios   

 
Guest
0 # Guest 05-01-2016 01:53
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