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Ene
19

Entrevista con Antonio Banderas, de HAYWIRE

Texto: Sergio Burstein

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No ha tenido necesariamente la suerte y el desempeño que tuvieron sus colegas angloparlantes Michael Fassbender y Ryan Gosling durante el 2011, pero el año que pasó le resultó también positivo, ya que siguió encumbrándolo como el actor hispano más exitoso y más solicitado de Hollywood.

Nos referimos, por supuesto, a Antonio Banderas, quien llamó la atención con dos roles diametralmente opuestos: el del felino galante y arrojado de “Puss in Boots” (donde sólo hizo la voz, por supuesto) y el del cirujano psicópata pero también elegante de “La piel que habito”, su esperado retorno a la colaboración cinematográfica con el gran director Pedro Almodóvar.

Ahora, el mismo intérprete se encuentra a punto de regresar a la pantalla grande con "Haywire", un título que se estrena mañana, y que lo encuentra nuevamente en la piel de un personaje distinto: el misterioso Rodrigo, uno de los muchos hombres que giran alrededor de la bella y peligrosa Mallory Kane, una ex marine de pocas pulgas y de incontables recursos de pelea que se encuentra interpretada por Gina Carano, contundente campeona de artes marciales en la vida real. La cinta tiene también como protagonista a Ewan McGregor, con quien Banderas se reunió durante la premiere a la que asistimos (como se puede ver en la foto de abajo).

MANGANZON tuvo la oportunidad de encontrarse personalmente con el simpático actor en un hotel de Beverly Hills para mantener una conversación que versó no sólo sobre el nuevo ‘thriller’ de acción, sino también sobre el modo de trabajo de Almodóvar, sus propias ambiciones como director y los méritos de la fiera Carano. Para alivio del entrevistado, la charla se hizo bajo el humo de un cigarrillo que él mismo encendió tras pedirnos permiso y preguntar por nuestro origen, porque parece que los ‘anglos’ que nos habían antecedido no toleran el aroma de un buen tabaco.

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Antonio, no tienes un papel protagónico en “Haywire”, pero éste te dio la oportunidad de trabajar con Steven Soderbergh, uno de los directores estadounidenses más aclamados del cine actual.

Ese fue un gran incentivo, por supuesto. Ya nos conocíamos desde hace tiempo, y de hecho, él me invitó a participar en dos de sus producciones anteriores, “Traffic” y “Che”. Desafortunadamente, no pude hacerlo debido a otros compromisos de trabajo; y esta vez me dijo que, si lo rechazaba, no me iba a llamar más [risas]. En primer lugar, como dices, esto me dio la oportunidad de agregar a mi lista el haber colaborado con otro cineasta legendario, del mismo modo en que ocurrió recientemente con Woody Allen [para el que hizo “You Will Meet A Tall Dark Stranger”]; pero me gustó también mucho lo que pasaba en el guión con mi personaje, que es muy misterioso y tiene siempre al espectador preguntándose por su origen. Cuando se ve la película, uno se da cuenta de que es una figura trascendente, sobre todo al final de la historia, aunque al principio eso no resulta tan evidente.

Hay algunos que piensan que un buen director le da mucha libertad a sus actores; Soderbergh parece ser uno así, porque se le ve muy tranquilo, mientras se nota en cambio que Almodóvar es muy apasionado, muy participativo.

Estoy convencido de que eso no tiene nada que ver los resultados de una película. Pedro es increíblemente preciso en lo que quiere ver sobre la pantalla; trabaja muchísimo con los actores y los usa continuamente como traductores de su lenguaje. Con él, la dificultad está en tratar de externalizar todo lo que tiene en la cabeza, aunque su visión es realmente magnífica. Soderbergh, en cambio, te deja trabajar con mucha libertad; confía completamente en lo que es capaz de hacer su reparto y le deja también mucho espacio a la improvisación, casi como si se tratara de un músico de jazz. Y, por supuesto, filma de manera muy rápida e intenta siempre trabajar con la luz disponible, lo que le da un ‘look’ muy particular a sus películas.

Haywire5Tú también eres director; ¿te confunde un poco esa diferencia de aproximaciones al oficio?

No, porque como te he dicho, cada quien tiene su propio estilo y eso no afecta la calidad del producto. En mi caso, me interesa lograr una colaboración plena entre todos los departamentos que participan en la filmación, porque creo mucho en el cine como un trabajo colectivo. Me meto siempre en discusiones abiertas sobre la necesidad de rodar una escena de un modo determinado o emplear cierto tipo de lente, lo que hace por ejemplo que mantenga una conexión muy estrecha con mi director de fotografía.

De todos modos, no quiero ser un tipo inflexible ni pretendo tener las respuestas de nada; cada vez que estoy en un set como actor aprendo algo, y es probable que eso haga que mi propio desempeño como director se vea afectado o influenciado. En el caso de “Haywire”, descubrí que Soderbergh marca una diferencia a través de pequeños detalles, y no lo hice necesariamente durante el rodaje, sino al ver la película terminada, gracias a una escena en la que Gina se mira en un espejo mientras retoca su rostro herido. La cámara está en la parte de atrás de ella y el espejo se encuentra desenfocado, lo que no nos permite realmente ver lo que se está cubriendo.

Me encantó también el modo en que resolvió otra escena en la que Gina participa en una persecución automovilística; en vez de terminarla de manera tradicional, estrellándola contra un árbol o algo así, metió a un ciervo por la ventana [risas]. Se trata de un detalle excéntrico que no colabora para nada con la historia, pero que tiene algo muy especial, algo que sólo Soderbergh es capaz de hacer.

Y ese tipo de detalles hacen que se salga de la norma, que “Haywire” no resulte la típica película de acción.

Exactamente; le da ese aspecto diferenciador que lo vuelve diferente a un simple director de oficio que hace películas de manera correcta, pero cuyo nombre no logras nunca recordar. Pese a su aspecto tranquilo, es evidente que Soderbergh tiene una personalidad enorme.

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Hablemos de la barba que luces en casi toda la película, y que te muestra con un aspecto que no se te había visto antes, al menos en el cine…

Es casi como una máscara para ocultar a este personaje tan misterioso, tan elusivo. En la última escena, el personaje habla de “una nueva vida” y se despoja de esa apariencia, pensando que las cosas para él ya se encuentran resueltas; pero, por supuesto, no resulta así.

Lo interesante es que la barba fue en realidad un accidente, porque cuando me reuní con Steven en Nueva York para discutir los detalles de esta película, acaba de encontrarme en Broadway participando en un ‘workshop’ destinado a un montaje futuro de “Zorba El Griego”. Cuando me vio con ella, él se quedó muy sorprendido y me pidió que me la dejara. ‘No, no me jodas, ‘macho’, que justo me la iba a quitar mañana’, le respondí; pero él insistió, diciendo que era interesante porque la gente no me conocía así. Y creo que tenía razón, porque quedó muy bien.

No quiero decir nada sobre el final, pero en la película Gina se pelea con todos, menos contigo, lo que te quitó la oportunidad de aplicar nuevamente los trucos aprendidos en “El Zorro” y “Desperado”… ¡Nos dejaste con las ganas de verte golpeado por ella!

¡Gracias a Dios! [risas] No, a mí me gusta mucho ese final, porque la pelea te las puedes imaginar; la verdad es que me encanta ese ‘shit’ de cierre. ¿Te has dado cuenta de una cosa? La película empieza y termina con esa palabra, dicha en el primer caso por Gina y en el segundo por mí. ¡Otro detalle Soderbergh!

Eso nos lleva justamente a hablar de Gina y del riesgo que tomó Soderbergh al elegir a una persona sin experiencia histriónica alguna  para el papel estelar, y rodearla además de verdaderos profesionales del cine.

Ella hace exactamente lo que tiene que hacer. Muestra un gran realismo, un sentido de la alerta permanente que resultaba esencial para su personaje. Está siempre en ‘focus’. Además, se trata de una persona muy dulce, muy ‘grounded’, por lo que estar a su lado fue muy placentero.

¿Se dio algún intercambio de conocimientos durante las escenas que hiciste con ella? ¿Le enseñaste algo de actuación?

No, no; eso de dar consejos es muy delicado, porque cada quien se aproxima a la actuación a su manera. Ella se mostró siempre simpática y dispuesta a trabajar, y eso fue suficiente para mí.

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