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Ene
20

Entrevista con Gerardo Naranjo, director de MISS BALA

Texto y foto principal: Sergio Burstein

Gerardo

Como lo anunciamos en este informe, Miss Bala no se encuentra más en la carrera por el Oscar a la Mejor Película Extranjera, puesto que no resultó incluida en la lista preliminar de 9 títulos que acaba de ser anunciada por la Academia. Sin embargo, eso no le quita valor alguno a una cinta que se estrena hoy de manera limitada en Los Angeles y Nueva York y se extiende luego a otras ciudades [ir aquí para ver detalles de las salas], y cuyos méritos internacionales fueron ya reconocidos cuando se la designó como representante de México en la reñida competencia.

“Miss Bala” es un drama que se basa en una noticia real, la de una bella jovencita, participante en un concurso de belleza, que fue supuestamente secuestrada por un grupo de narcotraficantes y obligada a convertirse en cómplice de sus fechorías. Pero eso fue sólo el punto de partida de un proyecto fílmico que ha sido celebrado por los amantes del cine y cuestionado por quienes aseguran estar cansados de que se exhiba en la gran pantalla la evidente violencia que se produce día a día en el país vecino.

MANGANZON tuvo la oportunidad de sostener una extensa conversación con el director de la cinta, Gerardo Naranjo, quien puede ser considerado como uno de los nuevos cineastas mexicanos, aunque ha hecho ya cuatro largometrajes, incluyendo los celebrados “Drama/Mex” y “Voy a explotar”. Durante la charla, el realizador oriundo de Guanajuato nos habló sobre el origen de la película y la escritura de su guión, los retos de hacer un filme que requería de muchas escenas de acción, el trabajo con la actriz Stephanie Sigman (quien hace de Laura, la protagonista) y, por supuesto, la polémica relacionada a un tema del que algunos se quieren sencillamente olvidar.

Miss_BalaGerardo, se supone que esta película está inspirada en un caso auténtico, pero que se cambió mucho para el guión, que escribiste al lado de un tal Mauricio Katz, a quien no conocemos.

Mauricio es un amigo mío de toda la vida, un gran conocedor de cine que tiene la tienda [de videos] más importante de México, con todas las películas internacionales. Quise trabajar con él porque tiene una imaginación muy de película, muy excesiva, muy hollywoodense, que me ayudaba a tener ideas y a hacer las cosas más grandes, mientras que yo las volvía lógicas y reales. El punto de partida fue la preocupación y el miedo que existen en México; empezamos con la historia de un policía ‘gringo’ que iba para allá y teníamos ya dos ‘drafts’ preparados cuando salió la noticias de la Miss. Fue como un milagro para nosotros, en el sentido de que luchamos mucho cuando estábamos haciendo el guión previo para no darle voz a los criminales. No queríamos justiciar sus acciones, hacerlos hombres normales que se vuelven malos pero que en el fondo son buena gente. Lo que queríamos era ver este mundo desde el punto de vista de una persona ajena a él, para entender modo en que chupa la vida a donde va llegando.

Lo de la Miss me dio un punto de vista definitivo, una perspectiva muy clara de cómo tratar el tema: íbamos a tener a los villanos fuera de nosotros y los íbamos a ver casi como un accidente fenomenológico, prácticamente como un documental de National Geographic. No nos íbamos a meter en sus cabezas para nada. Los íbamos a ver actuar, los íbamos a ver hablar en su ignorancia, en su patetismo y en su falta de gloria. La idea era ofrecer una alternativa a esta visión de que el criminal es un ‘sabroso’ que está lleno de viejas, con camionetas y joyas. Es una gran tradición americana que viene desde el “Scarface” de Paul Muni, pero me parece que en México es peligrosísimo poner a los narcotraficantes como unos ‘dicharacheros’, unos charros machos que se la pasan bien.  

¿Y ese estereotipo al que te refieres no se da a veces en la realidad? ¿No andan algunos con las cadenas y todo eso?

Creo que ésa es una imagen que viene de los 80s, del narco de Miami, y que se mantiene en México dentro de los que hacen narcocorridos, de los que hablan del fenómeno desde el punto de vista artístico. Pero los trabajadores del narcotráfico son personas que viven en las sombras, de manera muy patética; sólo algunos jefes, como Beltrán Leyva, tienen cierto tipo de vida descontrolada, pero fue justamente por eso que lo agarraron. Los que sobreviven se mantienen muy abajo del radar, no se andan exhibiendo por allí. Los sicarios están en la calle y son los que vemos todo el tiempo, con los que comemos los tacos cuando salimos de la fiesta y con los que nos cruzamos a cada rato.

Como has mencionado, Katz tenía una mentalidad hollywoodense, mientras que tú has mostrado siempre un estilo más independiente, con referentes cinéfilos; y ésa es justamente una combinación que parece evidente en la película, porque encontramos tanto la falta de glamour ante los personajes como las grandes secuencias del cine de acción, ¿verdad?

Absolutamente. Teníamos la ambición de homenajear a los que han hecho secuencias de acción que nos emocionan; no a los que fabrican un cine de acción que está basado en el corte y en los efectos de sonido, sino a los grandes referentes, como “El Padrino” y “French Connection”, es decir, los que se hicieron empleando los mejores recursos del lenguaje cinematográfico. Pero queríamos también respetar los tiempos, los silencios, la falta de información que se vive en momentos así.

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Es interesante, porque algunos críticos dijeron que tu película anterior, “Voy a explotar”, tenía muchos ecos de Godard, un cineasta que no remite precisamente a esos títulos. ¿Cómo fue para ti hacer un tipo de escenas que no habías hecho antes?

Fue un gran reto; sabía que podía lograr las escenas íntimas, pero lo difícil estuvo en las de acción. De todos modos, siempre he sido un gran fan de esas [cintas], por lo que tenía cierta idea de cómo hacerlas; por ejemplo, quería que los sonidos de las balas fueran horribles e incómodos, no gloriosos; no quería hacer muchos cortes; y quería que mucha de la violencia estuviera en ‘off’, para que el espectador la imaginara y la hiciera más poderosa que si la hubiera enseñado completamente. Era necesario también ponerse en el lugar, usar la lógica más elemental, porque si se rompe una ventana, los vidrios caen abajo y no desaparecen. A veces, el cine de acción [moderno] no toma ni siquiera en cuenta la gravedad.

La verdad es que a mí me entristeció que “Voy a explotar” estuviera tan ligada al nombre de Godard, porque tuve muchas otras referencias cuando la hice. Fue por eso que decidí que “Miss Bala” no iba a tener ningún referente fílmico; no hay ni un solo ‘shot’ que aluda a una película específica. Claro, después nos han emparentado con una y otra cosa, pero eso es algo que siempre pasará en el cine. La discusión que tuvimos fue sobre la necesidad de tener una cámara fluida e interesante, pero manteniendo a la vez un ‘approach’ como el de la literatura, que le dejara mucho espacio a la imaginación.

Eso fue algo que venía ya de algún justificado por el punto de vista permanente del personaje de Laura que se adoptó en el guión, porque ella está presente en todas las escenas, ¿no?

La idea era traicionar la primera ley del ‘thriller’, que es la de las dos dimensiones del conocimiento, y que implica que sabes tanto lo que piensan los malos como lo que piensan los buenos. Nos comprometimos con la ignorancia de la protagonista, con el hecho que ella no sabe lo que se encuentra tras la pared, y tratamos de darle más valor a eso.

director-Gerardo-Naranj-2He leído que antes del rodaje real de la película grabaste toda la historia en video, quizás para averiguar cómo la ibas a filmar…

Lo hicimos así para que Stephanie supiera lo que iba a pasar, pero sin necesidad de que mostrara las emociones. Le decía simplemente ‘vas a entrar por aquí’, ‘en este lado va a haber unos balazos’, ‘tienes que salir por la ventana’, con el fin de que conociera su coreografía interna, porque su ritmo iba a definir la duración de la película. Si se hubiera demorado un poquito más en cada escena, hubiera extendido considerablemente el asunto. Después de eso, metimos al malo, a Lino, este hombre que a ella le daba pavor [interpretado por Noé Hernández], y en ese momento las emociones se hicieron reales, pero ella ya sabía cómo se tenía que mover.

¿Y el producto final se hizo en 35 mm?

Sí; 35 anamórfico, una camarota y un lente gigante. Algo muy pesado, pero como en ese momento lo teníamos tan claro, no resultó demasiado complicado, aunque mucha gente cree que lo hicimos con ‘steady cam’, cuando sólo el 7 por ciento se hizo así; el resto fue con ‘dolly’.

Quería dejar para el final un tema que estoy seguro se te ha mencionado miles de veces, y es el hecho de tratar en el cine una situación que muchos quisieran dejar de lado: el de la violencia generada por el narcotráfico. Hay incluso algunos que dicen que el problema no es tan grave y que esto sólo sirve para dar una mala imagen de México; pero los noticieros por acá nos hablan de varios muertos, casi todos los días y en cantidades cada vez mayores.

Ya llegamos a los  60 mil en seis años de guerra. Es muy difícil hablar del tema; hay incluso mexicanos que dicen que esto es un invento, que hemos traicionado a la patria, que estamos atacando al turismo, y a mí me parece que la gente que dice eso no se da cuenta de que todo es una cosa de suerte, porque algunos nacimos en una parte de México donde por suerte no está pasando, pero si hubiéramos nacido en el norte, estaríamos pidiendo a gritos que alguien hablara de esto. Hay que recordar también que algunas de las mejores películas que se han hecho vienen de las peores crisis; pensemos en el neo-realismo italiano, en el cine alemán de la post-guerra. Es un momento histórico del que hay que conversar, aunque recién estamos procesando lo que está ocurriendo. Creo que mucha de la gente que ha criticado la película está metida en la política y quiere justificar simplemente su existencia. Yo la hice por el miedo que tengo de que le pase algo así a las personas que quiero, y ése es un miedo real.GerardoNaranjoMissBalaPremiere64thAnnualFqenIRUP-HYl

Sin embargo, he leído por ahí que no te han gustado mucho las otras películas que se han hecho sobre el asunto y que lo han tratado a modo de comedia. Me imagino que te referías a “Salvando al soldado Pérez”, aunque se me viene también a la mente una cinta mucho más compleja, “El infierno”.

México es un país cuya educación real y sentimental viene de la telenovela; estamos acostumbrados a muñequitos, a gestos que vienen del melodrama. Creo que películas como “El infierno” son importantísimas, porque ése es el lenguaje que la gran mayoría conoce; obviamente, el cine fársico no es el que veo ni el que me nutre, pero lo respeto. Con respecto al “Soldado”… mmm… cuando se superan los problemas, uno se ríe de ellos; pero me parece muy raro que se haga ahora mismo. Creo que es una aproximación muy latina o, en todo caso, muy mexicana, esto de reírse de la desgracia.

¿Qué viene para ti?

Viene no hacer nada más que tenga que ver con el crimen ni con la justicia mexicana; viene trabajar mucho, pero en otros terrenos, porque ya dije todo lo que tenía que decir sobre el México violento. Los directores que admiro son los que pueden tocar cualquier tema y ponerles su propio toque. Estoy siempre escribiendo, por una cuestión de salud mental, pero no tengo la menor idea de cuál será mi siguiente proyecto.

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